domingo, 27 de enero de 2019

09:43:00
BRUMANDINHO / SAO PAULO, 27 de enero de 2019.- Eran las cinco de la madrugada del domingo cuando han sonado las alarmas en Brumadinho, el pueblo de Brasil golpeado por una catástrofe humana y medioambiental dos días antes. Bomberos y miembros de protección civil han ido avisando casa por casa porque el nivel de una segunda presa -que contiene agua— había subido y corría el riesgo de romperse. Unas 24.000 personas -más de la mitad de esta pequeña ciudad minera- han sido evacuadas en una operación que ha obligado a suspender temporalmente la búsqueda de las víctimas de la rotura de una primera balsa de residuos que ha causado al menos 37 muertos. Los desaparecidos suman aún 256 personas. En paralelo a las tareas de rescate, arrecia el debate, dentro y fuera de las instituciones, sobre los procesos para dar licencia y fiscalizar las operaciones mineras.

Los bomberos han drenado la presa que ha hecho saltar las alertas —contiene como un millón de metros cúbicos de agua— para aminorar el riesgo de que cause una segunda catástrofe en la mina de hierro Córrego de Feijão y han iniciado las evacuaciones como medida de prevención. La población de Brumadinho, en el estado minero de Minas Gerais, fue avisada también por altavoces: “Atención, evacuación general del área. Busque el lugar más alto de la ciudad. Evacuación de emergencia. Busque el lugar más alto de la ciudad”.

El alud ocurrió en la represa Córrego do Feijão, que pertenece a la compañía minera Vale. (Getty)

Decenas de helicópteros peinan este domingo desde el aire la extensa zona cubierta por el lodo rojizo de residuos férricos convertido en un letal torrente al romperse el viernes el dique de una represa. Buscan cualquier indicio de vida. O cadáveres. El mar de barro se tragó instalaciones de la mina y casas de los alrededores.

El dolor e impotencia son dos sentimientos que afloran en Brumadinho (40.000 habitantes), que se desespera con las matemáticas mórbidas de contar las víctimas de la rotura de la represa de la empresa Vale, la mayor firma minera de Brasil y vinculada también a la propiedad de la mina Mariana. Allí en esa mina, ubicada a 100 kilómetros de esta, se produjo en 2015 una rotura similar que causó el mayor desastre ambiental conocido en el país.

Los fallecidos confirmados suman 37 y algunos han sido identificados, pero existen la certeza de que la cifra aumentará. Las noticias de la localización de supervivientes, el sábado, dieron algo de esperanza a los allegados de los desaparecidos. La compañía minera Vale tiene un listados que va actualizando cuando logra contactar con alguno de sus empleados. Pablo Aniceto Gomes es uno de los que espera encontrar a su hijo, Everton Guilherme, que trabajaba en el área de ingeniería en una subcontrata de Vale. El último contacto que tuvo con Everton Guilherme fue a través del whatsapp a las 12.18 del viernes. Pablo Aniceto no sabe cuántas veces ha mirado el último mensaje que intercambiaron.

“Todavía tengo esperanzas de encontrar a mi hijo. Hay que tener fe”, dice emocionado. Hemos dado a los bomberos la geolocalización del celular de él, tenemos que tener fe”, repite. Gomes hijo comenzó a trabajar para Vale hace menos de un mes. La mayoría de ese tiempo estuvo en una ciudad cercana, Itabirito. “Era la primera vez que venía a la mina (Córrego) de Feijão”, recuerda angustiado Pablo Aniceto.

Al dispositivo de rastreo se unirán este lunes 136 militares israelíes, enviados por el primer ministro Benjamín Netanyahu, uno de los principales aliados del nuevo presidente de Brasil, el nacionalpopulista Jair Bolsonaro. (Heloísa Mendonça y Naiara Galarraga Gortázar / El País)

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