lunes, 12 de noviembre de 2018

18:46:00
MADRID, 12 de noviembre de 2018.- Stan Lee, guionista de cómics y creador de personajes como Spiderman, Thor y Los 4 Fantásticos, ha fallecido este lunes en Los Ángeles a los 95 años debido a complicaciones de una neumonía, según ha confirmado su hija al portal 'TMZ'.

Lee es el hombre detrás de personajes como Hulk, Daredevil, los Vengadores, el universo de mutantes en torno a los X-Men y muchos otros que conforman la iconografía más amplia del universo de superhéroes.Lee fue también el motor detrás de la denominada Edad de Plata de las historietas, que eclosionó en torno a los años 60 del siglo XX y que se caracterizó por héroes que, lejos de aparecer como dioses invencibles, mostraban sus vulnerabilidades y dudas existenciales.

Foto tomada en 2004, Stan Lee posa en la premier de “Spider-Man 2”. (AP)

En ese sentido, acuñó una de las frases definitorias de la posmodernidad: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Apareció en el primer número de las aventuras de Spider-Man y resumió el espíritu de la generación de los 'baby-boomers', los nacidos tras el final de la segunda Guerra Mundial."

Los charlatanes son los hombres más discretos: hablan y hablan y no dicen nada". La cita de Alfred d'Houdetot describe perfectamente la figura de Stan Lee, ese joven neoyorquino que tras llevar unos meses en Timely Comic, la editorial de su primo político Martin Goodman, ascendió a guionista (dos páginas del personaje estrella de la compañía, el Capitán América) y decidió firmar con pseudónimo. Su verdadero nombre, Stanley Martin Lieber, lo dejaría para cuando creara esa gran novela que lo elevaría a la altura de sus admirados Arthur Conan Doyle o Robert Louis Stevenson.

Nunca la escribió, pero aún así su nombre quedará asociado para siempre al entretenimiento. Su imaginación, junto a la titánica labor de dibujantes como Jack Kirby y Steve Ditko, dio vida a personajes como Spiderman, Los Cuatro Fantásticos, los X-Men o Los Vengadores, los mismos personajes que se han convertido en fenómenos globales con el salto del Universo Marvel al cine. Y junto a Thor, Hulk o Iron Man ha brillado él mimo, gracias a los cameos que hacía en cada superproducción, los mismos que lo convirtieron en un personaje sumamente atractivo para la prensa sensacionalista, que ha desmigajado hasta la extenuación los últimos años de su extensa vida.Pero por mucho que han profundizado en él, todo lo que ha trascendido de su figura ha sido estrictamente lo que él dejó ver. Y así ha sido desde sus inicios, cuando al finalizar la II Guerra Mundial, la Era de Oro del comic-book tocó a su fin.

El nacimiento del Comic Code -una especie de autorregulación de la industria ante la Caza de Brujas desatada contra el medio por el psicólogo Fredric Wertham- hizo que el cómic norteamericano se convirtiese en "cosas de niños". Durante 20 años, Lee hizo de todo en la maltrecha división de cómics de Magazine Managment Company, la misma que iba cambiando de nombres hasta quedarse con el de Marvel Cómics: guionista, editor de revistas y obras pulps...

Todo cambió cuando en 1961, después de despedir nuevamente a casi todos sus dibujantes y colaboradores, Lee recibió el encargo de crear un grupo de superhéroes. Goodman había visto en una partida de golf cómo el editor imbatible editorial rival, Jack Liebowitz, se pavoneaba del dinero que estaban ganando reuniendo a sus superhéroes. "Róbales la idea, hagamos lo mismo nosotros", le transmitió.

Según Stan, cuando recibió la orden de crear un supergrupo su ánimo tocaba fondo. Llevaba más de dos décadas en el negocio y sólo había pasado penurias. Fue entonces cuando su mujer, Joannie, le abrió los ojos "hazlos como a ti te gustaría. Mete tus ideas en el cómic. ¿Qué es lo peor que podría pasarte? ¿Qué te despidieran?". Y de su prosa y del dibujo de Jack Kirby surgió Mr. Fantástico, La Cosa, La Antorcha Humana y La Mujer Invisible: la Primera Familia de Marvel. Así nacieron los Los 4 Fantásticos primero y los cimientos del Universo Marvel después.

Ni Stan ni el resto de de los dibujantes que lo acompañaron (Steve Ditko, John Romita Sr, John Buscema, Gene Colan...) eran conscientes de lo que estaban haciendo. Daban palos de ciego, reciclaban ideas y conceptos. Pero supieron mostrárselo a los lectores como algo nuevo, diferente, especial. Con los "superhéroes con superproblemas" nacía la Edad de Plata, también conocida como la Era Marvel de los Cómics.

Lee utilizaba un lenguaje rimbombante, que a veces recordaba a Shakespeare, otras a la Biblia y otras a cualquier latiguillo que estuviese de moda en ese momento. El editor y guionista decidió convertirse en la cara de Marvel: un particularísimo relaciones públicas de la empresa y de sí mismo. Se puso un peluquín e hizo suyo un lenguaje desenfadado y juvenil que saltó de las páginas de los correos de los cómics a sus apariciones públicas. Con palabras de cosecha propia como 'nuff said' o 'excelsior' y sonados pulsos con la censura, buscó atraer a un público universitario que no dudó en acudir a la llamada.

Con la fama y la escasez de tiempo, sus guiones fueron mutando. A mediados de los 60 prácticamente todo el Bullpen (así se autodenominaba el equipo de autores de la editorial) trabajaba utilizando el Método Marvel: Lee dictaba una directrices, el dibujante las plasmaba con su arte y posteriormente las páginas volvían a él para que dialogara las escenas. Pero conforme el universo se expandía, el autodenominado The Man cedía cada vez más parte del argumento a sus dibujantes. Alguno de ellos sintió que cargaban sobre sus espaldas el peso de las historias. Sobre todo uno: el propio Jack 'The King' Kirby, el mismo que después reclamaría más autoría de la que la editorial le daba. Estas reclamaciones de Kirby (fallecido en 1994) y continuadas con su familia (que llegó a un acuerdo extrajudicial con Marvel hace unos saños) sembró la duda de si Lee se atribuyó más mérito del que debía con sus creaciones le persiguió hasta sus últimos días.

Pero lo que nadie podrá negar es que Lee tenía un ojo único para captar el talento y el zeitgeist de la época. Ya en los 70, cuando Martin Goodman había malvendido Marvel a Cadence Industries, convenció a los dueños para que lo enviaran a Hollywood para trasladar los superhéroes de Marvel a la gran pantalla. Acumuló fracaso tras fracaso con adaptaciones horrendas a la televisión... Hasta que a mediados de los 90, cuando la editorial estaba en bancarrota, sus deudores decidieron que la mejor salida era vender los derechos cinematográficos al mejor postor. Y poco después, cuando las películas de Spiderman triunfaban bajo el manto de Sony y las de X-Men en Fox, la propia Marvel se animó a producir películas con los personajes que nadie había querido: Iron Man, Thor, el Capitán América... Crearon Los Vengadores y los superhéroes se convirtieron en el género preferido de los espectadores.

Y en cada película de la factoría, ahí estaba Lee: haciendo de cartero, de viejo cascarrabias, de ligón intergaláctico, de DJ... Muchas veces, su aparición era lo más esperada, no sólo de las películas Marvel, sino también de series como The Big Bang Theory o incluso de producciones de las de la competencia. Tan sólo sumando la recaudación de la veintena de películas producidas por Marvel Studios (lo que deja fuera las de Spiderman y X-Men) se alcanzan los 17.000 millones de dólares, lo que convierte al Universo Cinematográfico Marvel en la franquicia que más dinero ha recaudado en toda la historia del cine.

Con su imagen de abuelo sonriente, millonario y despreocupado cayó tan bien que acabó adquiriendo mala fama en algunos sectores, pero para muchos siempre será el padre de la nueva mitología del siglo XX y XXI.

En una entrevista con EL MUNDO en 2014, bromeaba con su rol de demiurgo del moderno universo de superhéroes: "Todo eso está muy bien... ¿pero dónde está mi regalo del día del padre?".

También con la frase que definió aquel mundo: "Lo escribí y en realidad era una casualidad, como todo lo que haces cuando eres un escritor. Parecía lo correcto en ese momento y eso es todo. Nunca pensé que esa frase fuese a pegar tanto, que se convirtiera en algo tan conocido", reconocía: "Si lo hubiese sabido, le habría dicho al rotulista que pusiese la letra más grande y mi nombre debajo, pero no pensé en ello". (Darío Prieto / Luigi Benedicto Borges / El Mundo)

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