lunes, 10 de septiembre de 2018

18:35:00
Rafael López

Hoy 10 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Suicidio.


Hay muchos mitos y concepciones erróneas en torno a este tema, incluso entre la gente que dice trabajar para prevenirlo. Pareciera que sólo un suicida puede comprender realmente lo que siente otro suicida.

No puedo hablar de todos los casos, pero sí desde la perspectiva que me da el mío. Soy una persona que ha intentado acabar con su vida en varias ocasiones, la mayoría de ellas completamente secretas, desde la adolescencia, y en especial en el último año. Es algo con lo que vivo actualmente sin ningún tipo de apoyo.

Uno puede vivir todos los días con el impulso de cometer suicidio, planearlo por semanas o meses y llegando a intentarlo, con o sin éxito, una o varias veces, incluso enviando al mundo exterior, voluntaria e involuntariamente, señales que no son comprendidas, de plano son ignoradas o, peor, reciben una mala respuesta, llevando al suicida a cerrarse cada vez más en sí mismo.

El suicida no es un cobarde, no busca "llamar la atención" ni es egoísta, no elige sentirse como se siente. El suicidio no es una venganza contra sus seres queridos ni un capricho. No se trata de herir a los demás, sino de acabar con el permanente y muchas veces prolongado malestar con el que uno vive.

Sean cuales sean el o los motivos, el suicida sufre, y bastante. Sufre completamente solo o sola y ha perdido la esperanza de que el futuro sea mejor. Siente que su vida ya no tiene propósito y vive con un malestar tan intenso y debilitante que llega el punto en el que le afecta en todos los ámbitos y busca detenerlo a toda costa.

Aquí en Yucatán no hay ningún esfuerzo significativo o serio para prevenir el suicidio, por algo estamos en los primeros lugares a nivel nacional en este tema. No existen líneas de ayuda serias para quienes necesiten apoyo, ni lugares donde la gente pueda ir de manera segura y buscar ayuda sin sentirse juzgada o atrapada. Los tratamientos privados son costosos y, muchas veces, ineficaces. Los tratamientos con antidepresivos pueden tardar meses en hacer efecto, si es que lo hacen, tiempo durante el cual uno se sentirá igual que siempre. Las terapias psicológicas pueden dejar a la persona sintiéndose peor, si ésta se siente juzgada o incomprendida.

Lo peor es que como sociedad también hemos fallado en este tema, pues el suicida sabe que casi seguramente recibirá una respuesta negativa si intenta apoyarse en algún familiar, amigo o colega, que será tirado a loco y corre el riesgo de "manchar su reputación", por lo cual muchos proceden con un plan sin decirle nada a nadie.

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