martes, 18 de septiembre de 2018

08:27:00
SHANGHAI, China, 18 de septiembre de 2018.- La imagen más icónica de esta tercera visita de un presidente de Corea del Sur a Pyongyang ha sido quizás la reverencia que ha realizado el surcoreano Moon Jae-in ante los miles de ciudadanos del país vecino congregados en el aeropuerto capitalino para recibirle agitando banderas con el mapa de la península unida y la enseña local.

Así, con toda la pompa requerida, el líder norcoreano Kim Jong-un acompañado de su esposa Ri Sol-ju ha recibido este martes a su homólogo surcoreano en una nueva cita histórica entre los dos dirigentes que se extenderá durante tres jornadas.

Moon, que ha acudido acompañado también de su consorte, Kim Jung-sook, se ha fundido en un caluroso abrazo con Kim Jong-un, mientras la muchedumbre gritaba y la guardia de honor le presentaba sus respetos.

Moon Jae-in llega a Pyongyang para participar en una cumbre de tres días con Kim Jong-un.

Detrás de ellos se leía una pancarta que decía: "¡Damos una bienvenida ardiente al presidente Moon jae-in en su visita a Pyongyang!". Otro afirmaba: "¡Abramos una nueva era de paz y prosperidad gracias a la solidaridad de un pueblo!". Muchos miles más -alineados en las aceras- le han saludado durante el trayecto desde el aeropuerto hasta la metrópoli.

El jefe de estado sureño se hospedará en la misma residencia privada en la que ya se alojaron sus antecesores en el cargo, cuando se reunieron con Kim Jong il en el año 2000 y 2007, durante la llamada era de la Política del Amanecer.

Moon, mediador

El principal objetivo de Moon es actuar una vez más como 'celestina' para reactivar el diálogo entre Washington y Pyongyang, estancado desde julio, cuando la visita del secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, a la principal villa norcoreana acabó en rifirrafe diplomático y con un nueva ronda de acusaciones y diatribas.

El dignatario surcoreano reconoció la semana pasada que el propio Trump le pidió en una reciente conversación telefónica que actuase como "mediador" con Kim y que uno de los objetivos de su nueva entrevista con su homólogo norcoreano será "promover el diálogo entre Corea del Norte y EEUU destinado a la desnuclearización de la Península".

"Si tras esta visita se reanuda el diálogo entre Corea del Norte y EEUU, tendrá mucho más significado", asumió Moon poco antes de viajar hacia Pyongyang.

Sin embargo, Kim parece decidido a no continuar ofreciendo gestos en las negociaciones con EEUU -ya voló su centro de ensayos nucleares y desmanteló parcialmente una base de pruebas de misiles- hasta que Washington haga lo propio.

El diario local 'Rodong Sinmun' lo expresaba en su editorial, en el que decía que "la responsabilidad (del marasmo) recae directamente en EEUU. Es debido a su irracional y obstinada terquedad que no se puedan discutir otras cuestiones hasta que nuestro país no haya desmantelado de forma irreversible nuestras capacidades nucleares, sin mostrar ninguna intención de construir una confianza mutua que incluya una declaración del final de la guerra".

La firma de un tratado de paz oficial que ponga fin a la contienda que se libró en la península entre 1950 y 1953 -detenida por un simple armisticio- se ha convertido en un 'leitmotiv' para Pyongyang, que cuenta con la aquiescencia en este sentido de muchos sectores oficiales de Corea del Sur.

Política del Amanecer

Para expertos como Christopher Green, del Grupo de Crisis Internacional, "cualquier acuerdo firmado en este momento sería principalmente simbólico; no tendría la fuerza de un tratado de paz formal. Sin embargo, los gestos simbólicos audaces pueden tener un impacto muy positivo en un proceso de paz más amplio. El coste de firmar un acuerdo de paz sería relativamente bajo y los beneficios potenciales altos. Quizá valga la pena arriesgarse".

El presidente surcoreano acude a Pyongyang aferrado a la misma lógica que aplicaron sus predecesores durante los años de la Política del Amanecer y que se basa en establecer una estrecha colaboración financiera con el país vecino que sustituya una relación basada durante décadas en la gesticulación militar y las amenazas, por una interdependencia económica.

"Aunque la unificación política está todavía muy lejos, el construir primero una sola comunidad económica para establecer la paz que permita viajar libremente entre las dos coreas será una verdadera liberación para todos", declaró el jefe de estado en el discurso que pronunció para conmemorar el día que concluyó la ocupación japonesa en agosto de 1945.

A tal efecto, Moon ha viajado a Pyongyang acompañado de representantes de los cuatro conglomerados financieros surcoreanos más conocidos: Samsung, Hyundai, LG y SK. (Javier Espinosa / El Mundo)

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