domingo, 9 de septiembre de 2018

11:10:00
Pedro Echeverría V.

1. El gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-40) fue seleccionado por el expresidente Plutarco Elías Calles de la misma forma en que antes seleccionó a Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez para que se encargaran de la Presidencia (1928-34). Elías Calles, después del asesinato de Álvaro Obregón (1928) se convirtió en “el jefe máximo de la revolución” por ello desde ese año (1928) hasta que fue expulsado del país en abril de 1936 buscó actuar como un gran dictador.

2. La realidad es que Elías Calles era muy poderoso: ordenaba obediencia, pero sobre todo provocaba problemas para desestabilizar presidentes que se atrevieran a no obedecerle; era sin duda “el poder tras el trono”.  Se decía: “Aquí vive el presidente, pero el que manda es el de enfrente”, refiriéndose al “Maximato” de calles. La realidad es que jugó con ellos, provocando la renuncia de Ortiz Rubio a los dos años de su gobierno. ¿Se nota algún parecido con la actualidad?

3. Ni Elías Calles ni Cárdenas viven, pero siguen influyendo con sus herederos políticos. Los líderes callistas fueron expulsados y silenciados durante el sexenio cardenista, pero al final del gobierno todos regresaron habiéndose transformado en poderosos empresarios. Los cardenistas, silenciados en 1938 después de la expropiación petrolera, no abrieron la boca durante los siguientes gobiernos derechistas (Ávila Camacho, Alemán, Ruiz Cortines) hasta que revivieron en los sesenta con la revolución cubana.

4. El partido comunista stalinista se desempolvó  al iniciarse los sesenta con el deshielo;  los jóvenes despertaron con la revolución cubana, la guerra de Vietnam, las batallas de los negros, los Beatles y los Rolling Stones, sobre todo con las comunas y la yerba. En México la izquierda renació y se multiplicó al iniciarse los sesenta. ¡Qué goce, qué felicidad, para quienes cumplíamos los 20 años! A toda madre; pero para gozar la libertad tuvieron que madrearnos por el poder.

5. A toda madre que los chavos, los estudiantes, hayan llamado a una “marcha de silencio” para el jueves 13 para recordar aquella enorme marcha que hicimos hace 50; pero no se olviden que los “porros” se desquitaron destruyendo decenas de automóviles que muchos manifestantes habían dejado cerca del museo/escuela de antropología. Obviamente yo ni en sueños tenía automóvil en 1968. Esa manifestación dio trabajo aprobarla porque “una de silencio” parecía muy cobarde, pero fue de las más grandes.

6. Ese día, mi compañera y yo tomábamos clases de inglés en una escuela privada de la avenida Juárez y Bolívar, frente a la Casa de Iturbide; hicimos la invitación a la marcha y casi todos los alumnos y profesores marchamos juntos con la boca cubierta, pero con nuestras consignas en cartón. Obviamente, después de 50 años, no creo que la marcha sea muy silenciosa y pacífica, pero si acaso algo llegara a suceder los únicos culpables es el gobierno y las fuerzas represivas.

7. Obviamente, después de 50 años, no tengo el carácter y la fuerza para estar con los compañeros estudiantes que hoy luchan con otras formas. Lo único que les pediría a gritos es que no dejen de coordinarse para recuperar el respeto que la sociedad tuvo al movimiento estudiantil de 1968. Según la historia muchos dirigentes traicionarán, se acomodarán en el gobierno como clase dominante. Pero lo importante será la consolidación de una fuerza que sea determinante en la trasformación social del país en beneficio de los oprimidos. (9/IX/18)

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