martes, 21 de agosto de 2018

18:13:00
Eduardo Ibarra Aguirre / 22-VIII-18

El 20 de agosto se cumplió medio siglo de que 4 600 tanques y 165 000 soldados de Bulgaria, Hungría, Polonia, República Democrática Alemana y Unión Soviética, país que los comandó, invadieron a las 23 horas Checoslovaquia a través de 20 puntos fronterizos desde la RDA, Polonia y Hungría, su capital Budapest padeció acción semejante el 4 de noviembre de 1956.

La operación de las tropas del Pacto de Varsovia –del que formaba parte Rumanía pero se negó a sumarse y Albania aprovechó la ocasión para separarse– tenía como propósito central destruir el proceso democratizador del sistema político checoslovaco, encabezado por el Partido Comunista y su primer secretario Alexander Dubcek, electo apenas el 5 de enero por sus compañeros del Comité Central para dirigirlos, en sustitución de Antonin Novotny, quien además presidía el país y sus directrices estaban demasiado subordinadas al Kremlin y el clima político era irrespirable para los ciudadanos, comunistas o no.

En abril del 68, el Comité Central del PCCh aprobó el Programa de Acción que sintetizó los principios del socialismo con rostro humano que planteaban Dubcek y su equipo. Contemplaba una relativa liberalización económica y un amplio programa en el terreno político: creación de partidos siempre que acepten el modelo socialista, igualdad nacional entre checos y eslovacos, liberación de los presos políticos, derecho de huelga, sindicatos independientes y libertad religiosa.

El proceso democratizador dirigido esencialmente por los comunistas, aunque no eran los únicos actores pero sí los decisivos, desató energías sociales, particularmente juveniles a tono con la oleada mundial de rebeldía, y artísticas que modificaron por ocho meses el panorama del país hasta el punto que alarmó a la dirigencia soviética de Leonid Brézhnev, quien a partir de entonces enarboló el concepto de la “soberanía limitada” y más tarde el de “socialismo realmente existente”, para subrayar que no existía otro modelo viable, lo cual era falso, pues el chino y el yugoslavo lo desmentían, con todo y que como el soviético fueran demasiado excluyentes en lo político.

La última semana de diciembre de 1967, un grupo de estudiantes latinoamericanos viajó de Berlín oriental a Jöhstadt para vacacionar, ciudad fundada en 1655 y localizada a 35 kilómetros al noreste de la checa Karlovy Vary. Los profesores advirtieron que bajo ningún motivo se acercaran a la línea fronteriza. Y que ante el de por sí imperativo “¡Halt!”, obedecieran enseguida. Lo cierto es que Walter Ulbricht, el presidente de la RDA y líder del PSUA, fue promotor tenaz del fracaso de la primavera de Praga.

El liderazgo de Dubcek sobre el partido y el pueblo quedó de manifiesto cuando llamó a no enfrentarse a los invasores y resistir pacíficamente, pese al abusivo trato de que fue objeto por agentes soviéticos que lo secuestraron para situarlo frente a sus jefes para imponerle condiciones.

Diversos historiadores estiman que con el fracaso de la renovación checoslovaca se canceló la última posibilidad de reformar al socialismo del siglo XX desde dentro, desde afuera se encargó Richard Nixon y Henry Kissinger al organizar el golpe militar contra Salvador Allende.

Otros sostienen que el autor del socialismo con rostro humano nunca se dejó intimidar ni comprar  por el socialismo ni por el capitalismo, no jugó a la Guerra fría, tampoco rompió un tratado ni traicionó un acuerdo ni antes ni durante los 220 días que permaneció en el poder.

Como el mismo Dubcek lo explicó el 26 de noviembre de 1989, mientras era aclamado por miles de checos y eslovacos en la Plaza de Letna de la bella Praga –la que no visité durante 1977-79 y ahora sé por qué–, para designarlo presidente del Parlamento: el “socialismo humano” de Mijaíl Gorbachov (la perestroika y la glasnost) estaba relacionado con el que él propuso en 1968.

Acuse de recibo

Un tercer comentario a Los matices en la política (17-VIII), éste de Jesús Bautista Pérez: “Muy buen análisis estimado Eduardo. Lo suscribo en todos sus términos. En efecto, los futuros gobernantes del país parece que siguen en campaña. Hasta en eso se parecen a Donald Trump. Que conste, fueron ellos quienes hicieron esta pésima comparación, a menos que también coincidan con las posiciones políticas y acciones ultraconservadoras, intolerantes y xenófobas del orate ‘pelos de elote’”… “Eres un valiente. Y sabio. Tú siempre amiga: (María Elena) Güera Bouchez”, a propósito de Explicaciones de Osorio Chong (15-VIII)… Y desde Houston, Texas, me dicen que el texto es “muy claridoso”… Informa Democracy Now! que “Una nueva encuesta realizada por Gallup revela que los estadunidenses que se consideran cercanos al Partido Demócrata tienen una visión más positiva del socialismo que del capitalismo. El 57% de los demócratas encuestados afirmó tener una actitud más positiva hacia el socialismo, mientras que sólo el 47% dijo lo mismo sobre el capitalismo (14-VIII-18).

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