domingo, 22 de julio de 2018

07:50:00
José Repetto

Como informamos puntualmente, el Instituto Nacional Electoral (INE) impuso una multa al partido de Andrés Manuel López Obrador, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) por la cantidad de 197 mdp.


La sanción contra la caja chica el partido del tabasqueño se debe a que éste operó de manera irregular un fideicomiso destinado, supuestamente, a apoyar a los damnificados del sismo del 19 de septiembre de 2017. 

La sanción se aprobó con 10 votos a favor y uno en contra. Los consejeros llegaron a la conclusión de que Morena cometió un delito al crear un esquema de financiamiento paralelo al de las partidas asignadas a los partidos.

Sin embargo, el consejero presidente, Lorenzó Córdova, opinó que "a diferencia de lo que se planteaba por parte del partido denunciante (PRI), no hay ninguna evidencia de que los recursos involucrados hayan tenido un fin electoral o para beneficiar a las campañas. No hay ninguna constancia en ese sentido".

Olvidando que ya no es sólo un loquillo en campaña permanente sino el presidente electo (lo siento, no puedo escribir esas dos palabras con mayúsculas) y por tanto debe mostrar cierta mesura en sus declaraciones, el Peje mandó al diablo al INE y describió esta multa como "una vil venganza", azuzando más a sus seguidores.

El macuspano aseguró que "no existe ningún acto inmoral con el fideicomiso a damnificados por el sismo", sin tomar en cuenta que las multas que impone el INE se hacen con base en la ley y no en su personalísima idea de lo que es moral e inmoral. ¿Qué tan moral será usar la tragedia ajena para ganar votos y, peor aún, llenarse los bolsillos?

Como auténticos fascistas, varios seguidores de Morena han llegado al extremo de pedir al cacique que el INE -el mismo que permitió desarrollar una elección donde él ganó con más de 50%- desaparezca, incluso alcanzando la repugnante sumisión de proponer que se haga una colecta para pagar la multa.

Esta situación no sólo deja dudas sobre el manejo que Morena dio al dinero, pues todo apunta a que fue a parar a sus campañas e incluso a sus bolsillos, sino que demuestra que López Obrador recurrirá a victimizarse cada vez que alguna institución quiera ponerle un alto.

Falta ver el autoritarismo con el que actuará al partir del 1 de diciembre, que toma la silla. Y falta ver cuánto durará su venganza contra quienes percibe como enemigos.

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