lunes, 4 de junio de 2018

09:21:00
Edith Gómez

La industria secreta de las criptomonedas es notoriamente difícil de rastrear, pero un modelo basado en la economía podría ayudar a los investigadores y legisladores a calcular cuánta electricidad se requiere para la obtención de ganancias a través de la minería.

Durante el año 2017, cuando el precio de Bitcoin subió por encima de los USD 17,000, los ecologistas comenzaron a alertar respecto a que el consumo de energía por parte del área de las criptomonedas se dispararía.

Esto se debe a que la minería de Bitcoin y otras criptodivisas, se basa en un proceso mediante el cual se crea dinero mediante el procesamiento de cadenas de bloques a través del trabajo ininterrumpido de maquinas especializadas de alto consumo eléctrico y que generan muchísimo calor.


El problema radica en que nadie sabe exactamente cuanta energía consume la industria que opera clandestinamente para la generación de riquezas, es por ello que para ayudar a llenar este vacío, un especialista de los Países Bajos, de nombre Alex De Vries, ha calculado una cifra alarmante.

A través de una metodología es posible calcular la cantidad de electricidad que utiliza la red Bitcoin en un año, arrojando una estimación inicial de cuando menos 2.55 gigavatios anuales, cifra que está a la par del consumo de energía de un país como Irlanda.

Este número proviene de la estimación de dispositivos conectados a la red Bitcoin, que se calcula en al menos 10.000 nodos, de los cuales algunos pueden ser dispositivos individuales o un grupo de máquinas en una misma instalación minera.

Sin embargo, a esto se le suma el consumo eléctrico adicional que se requiere para el funcionamiento de las maquinas de minado, debido a que las operaciones mineras a gran escala tienen que contrarrestar todo el exceso de calor que generan.

Esto solo es posible a través de la tecnología de enfriamiento, que amerita un consumo adicional, pero las compañías mineras de criptomonedas generalmente no son tan transparentes respecto a los gastos de energía para la refrigeración que sobre la minería, por lo que es difícil precisar el consumo real.

Más potencia computacional es sinónimo de más Bitcoins, pero también significa mayores requerimientos de energía, lo que genera mayores gastos a las operaciones mineras. Y naturalmente, si los costos llegan a igualar o a superar las ganancias, la extracción ya no tendría sentido.

De acuerdo al cálculo realizado por el investigador, respecto a la suma del costo y la vida útil de las máquinas mineras y el uso estimado de electricidad para las máquinas, se estima un gigantesco consuma de 7.67 gigawatts.

Estas estimaciones deberían llamar la atención de los gobiernos del mundo en torno a este modelo económico en crecimiento, debido a que afecta la meta establecida por los países de todo el mundo que intenten reducir el consumo de energía para cumplir los objetivos del Acuerdo de París.

Sin embargo, existe aun mucho hermetismo por parte de los fabricantes de máquinas de minería de Bitcoin como Bitmain, la cual es muy reservada con sus datos, lo que significa que las estimaciones de De Vries son tan solo las mejores conjeturas existentes.

Por otra parte, un modelo económico supone que los actores se comportarán racionalmente y saldrán del juego cuando los costos terminen por exceder las ganancias, pero no siempre es así como funcionan las cosas en el mundo real.

Hay muchas razones por las cuales una persona o una compañía querrían minar Bitcoin aun a expensas de obtener pérdidas, pues el anonimato que ofrecen las criptodivisas atrae a muchos que buscan aprovechar muchas de sus características mínimas.

El hecho de que este tipo de dinero de la era digital actúe de forma descentralizada, está a la altura del ideal libertario de no regirse en base a una autoridad central, además de su naturaleza de alto riesgo y alta recompensa a la vez, lo que atrae a los especuladores del mercado.

Pero claro, todo esto también depende del precio del Bitcoin, que como es bien sabido varia constantemente, por no decir que es inestable. En el primer semestre del 2018 su precio se sitúa en menos de la mitad de su valor máximo histórico alcanzado en diciembre del 2017.

La regulación en materia del consumo energético para la minería de criptomonedas es algo que se está haciendo necesario con miras a preservar la salud del planeta, sin embargo, es cuestión de buscar una salida inteligente que permita darle uso, por ejemplo, a la emisión de calor, a fin de no se vea afectado el creciente mercado del dinero no tradicional.

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