miércoles, 23 de mayo de 2018

16:00:00
KABUL, Afganistán, 23 de mayo de 2018.- Muchos padres y madres que compran polvos de talco para sus recién nacidos no saben que, involuntariamente, están financiando al Estado Islámico de Khorasan (ISK), el brazo del Califato en Afganistán, y a los talibán comandados por el mulá Hibatullah Akhundzada. Sendos grupos terroristas ganan, cada año, miles de millones gracias a la venta de este producto, cuyos beneficios utilizan para llevar a cabo sus campañas militares y los atentados que en menos de un mes han matado a más de 2.500 personas en el país, donde la escalada de la guerra sigue imparable.

Desde que en 2015 el ISK pusiera un pie en Afganistán, el grupo no ha parado de crecer y aumentar su territorio luchando tanto contra los talibán como contra el Gobierno afgano. Al este del país han conseguido establecerse en el distrito de Achin, en Nangarhar, donde llegaron a controlar brevemente el complejo de cuevas de Tora-Bora, donde en su día se escondió Osama Bin Laden, y que todavía hoy es uno de los puntos negros del conflicto. Sin embargo, esa no es la zona que realmente interesa a los fanáticos del califato.

El polvo de talco utilizado habitualmente por los consumidores occidentales a menudo proviene de minas en el este de Afganistán controladas por grupos extremistas en guerra. (Fotografía: Alamy / The Guardian)

En Achin están algunas de las minas de talco, mármol y cromita más grandes del mundo. Justo en el mismo lugar donde en abril de 2017 los Estados Unidos lanzaron 'la madre de todas las bombas' -la GBU-43, el mayor proyectil no-nuclear del arsenal de los Estados Unidos- "para acabar con un sistema de cuevas en las que se escondían miembros del Estado Islámico (IS)", según indicó el Pentágono, que aseguró haber matado a 93 de ellos, a pesar de que nunca se han obtenido pruebas al respecto.

El distrito donde se encuentran las minas es en una de las zonas más remotas del país. La mayor parte está deshabitado ya que es o desértico o montañoso pero, en ambos casos, árido y duro para la vida de los aproximadamente 95.000 habitantes que viven en Achin. Todos ellos sufriendo las consecuencias de la guerra abierta entre los talibán y el ISK para controlar los preciados recursos mineros. "Es un conflicto feroz y que está estrictamente ligado a la lucha por los minerales", según declaraciones de uno de los comandantes talibán de la zona recogidas por Global Witness.

"Estado Islámico no sólo tiene un gran interés en los recursos naturales que hay en Afganistán sino que controla varias de las explotaciones mineras", las cuales equivalen a miles de millones de dólares al año en exportaciones. "Teniendo en cuenta su historial en Irak y Siria, donde también vendieron recursos minerales, el Gobierno afgano y la Administración Trump deberían despertar de inmediato", según ha declarado Nick Donovan, el director de Global Witness, organización que se dedica a investigar y reportar sobre el vínculo entre minerales y conflictos.

La organización ha realizado un informe titulado 'Tomaremos las minas a cualquier precio: Estado Islámico, los Talibán y las montañas de talco en Afganistán', en el que, a través de imágenes satélite y entrevistas, prueban que los yihadistas están muy activos en las minas al este del país. Por otro lado, también apunta a que éste no es sólo un problema bélico, sino que también tiene su origen en "la corrupción dentro del sector de la minería". Es decir, el Gobierno de Kabul, el cual gana miles de millones gracias con sus minas pero que todavía necesita de la ayuda internacional. Un sinsentido que sólo se explica por la endémica corrupción que socava la democracia afgana.

Por su parte, el Gobierno del presidente afgano, Ashraf Ghani, sigue con su retórica habitual de prometer pero no tomar cartas en el asunto. De hecho, en 2015, Kabul impuso una prohibición de la exportación de talco para acabar de raíz con el problema, pero la oposición de los mineros evidenció que esa no era la mejor solución. Miles de personas viven de la minería, por lo que cerrarlas sólo crearía nuevos adeptos entre las filas de los yihadistas. Sin embargo, el distrito de Achin sigue en manos de los terroristas.

Venta en Europa y América

"Estimamos que los talibán producen entre 200 y 300 millones de dólares de talco cada año, por lo que es evidente que están realizando una operación minera a gran escala", indica el informe. Gran parte de las explotaciones en manos de los talibán y el ISK se venden en Europa y Estados Unidos. "Primero se exporta a Pakistán y desde ahí a los Estados Unidos, el principal recipiente del talco afgano, y a los países europeos", según se lee en el informe.

Según estimaciones de Global Witness, la industria mundial del talco producirá para 2021 unos 3.290 mil millones de dólares. El 35% de las importaciones mundiales vienen de Pakistán, el cual, a su vez, obtiene el 80% de este producto gracias a las importaciones de las minas en Afganistán. El 42% de las exportaciones pakistaníes van hacia Estados Unidos, y el 36% hacia la UE, especialmente a Italia y Noruega.

El talco se utiliza para producir productos que incluyen pintura, papel, cosméticos y los famosos polvos para recién nacidos que se pueden comprar en cualquier supermercado de España. Cada compra asociada al talco pakistaní es dinero en el bolsillo de los terroristas. "Los consumidores estadounidenses y europeos están ayudarlo sin saberlo a los terroristas", ha explicado Donovan.

Por ello ha exigido que los gobiernos de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos creen nuevos requerimientos para las compañías que venden talco pakistaní, con el objetivo de cortar cualquier ayuda monetaria a los terroristas. "Es su deber moral", ha indicado, "pero también estratégico porque es beneficioso para su seguridad nacional y la de Afganistán". (Amador Guallar / El Mundo)

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