miércoles, 7 de marzo de 2018

12:24:00
VATICANO, 7 de marzo de 2018.- «El sacrificio de Cristo es gratuito», y esto implica que también cuando se pretende recordar a alguien, por ejemplo a un difunto, «la misa es gratuita». El Papa Francisco subrayó durante la audiencia general que «nadie ni nada es olvidado en la Oración Eucarística». Jorge Mario Bergoglio explicó también la decisión conciliar de utilizar «la lengua que la gente comprende» para permitir que la asamblea se una al sacerdote en la oración que recuerda el sacrificio de Cristo; la eucaristía, recordó, contiene el cuerpo y la sangre de Jesús y no tiene sentido tener «pensamientos raros» al respecto. Después de la catequesis, el Papa recordó que el viernes celebrará la liturgia penitencial por las tradicionales «24 horas para el Señor». También saludó los juegos paralímpicos de Corea del Sur, nuevamente en PyeongChang y que comienzan dentro de dos días, animando a recordar que los juegos olímpicos que acaban de concluir demostraron una cosa: «el deporte puede tender puentes entre países en conflicto y dar un válido aporte a perspectivas de paz entre los pueblos». 

La Audiencia general en el Aula Pablo VI. (ANSA)

«La Oración Eucarística pide a Dios que reúna a todos sus hijos en la perfección del amor, en unión con el Papa y el Obispo, llamados por nombre, signo que celebramos en comunión con la Iglesia universal y con la Iglesia particular», dijo el Papa. «La súplica, como la ofrenda, es presentada a Dios por todos los miembros de la Iglesia, vivos y difuntos, a la espera de la beata esperanza de compartir la herencia eterna del cielo, con la Virgen María. Nadie ni nada ha sido olvidado en la Oración Eucarística, sino que cada cosa es re-conducida a Dios, como recuerda la doxología que la concluye. Nadie ha sido olvidado y si tengo a alguna persona, parientes, amigos que estén en necesidades o hayan pasado de un mundo a otro, puedo nombrarlos en ese momento, en silencio… “Ah, padre, ¿cuánto debo pagar para que pongan mi nombre ahí”. ¡Nada! La misa no se paga, la misa es el sacrificio de Cristo que es gratuito; si quieres dejar una limosna, déjala, pero no se paga, es importante entender esto».

En la Oración eucarística «la Iglesia expresa lo que ella cumple cuando celebra la Eucaristía y el motivo por el que la celebra, es decir hacer comunión con Cristo realmente presente en el pan y en el vino consagrados», prosiguió el Papa, continuando con su ciclo de catequesis sobre el significado de los diferentes momentos de la misa. Después se refirió al orden del Misal romano: «el significado de esta Oración es que toda la asamblea de los fieles se reúna con Cristo para magnificar las grandes obras de Dios y ofreciendo el sacrificio. Para unirse –anotó Francisco­– debe entender, y por ello la Iglesia ha querido hacer esta celebración en la lengua que la gente comprende, para unirse a esta alabanza, a esta gran oración con el sacerdote».

Refiriéndose a la invocación del Espíritu Santo, para que con su potencia consagre el pan y el vino, «acción del Espíritu Santo y la eficacia de las palabras mismas de Cristo, proferidas por el sacerdote –recordó el Papa argentino–, haciendo verdaderamente presente, bajo la especie del pan y del vino, Su Cuerpo y Su Sangre, Su sacrificio, ofrecido en la cruz de una vez por todas. Jesús en esto fue clarísimo: hemos escuchado que san Pablo al principio cuenta las palabras de Jesús, “este es mi cuerpo, esta mi sangre”, es Jesús mismo que dijo esto y no debemos tener pensamientos raros». Se trata, insistió Francisco del «cuerpo de Jesús, y se acaba ahí, es el cuerpo de Jesús, es un acto de fe, pero es el cuerpo y la sangre de Jesús, y el misterio de la fe, como decimos después de la consagración». La Iglesia se une al sacrificio de Cristo y a su intercesión: «hay un pasaje en los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro estaba en la cárcel y la comunidad cristiana oraba incesantemente: la Iglesia orante, y cuando nosotros vayamos a misa, hagamos esto».

La fórmula codificada de la oración, «acaso podemos sentirla como lejana», concluyó el Papa, «pero, si comprendemos bien el significado, entonces seguramente participaremos mejor. Expresa, efectivamente, todo lo que cumplimos en la celebración eucarística; y también nos enseña a cultivar tres actitudes que no deberían faltar nunca a los discípulos de Jesús: primero, aprender a “dar gracias, siempre y en cada lugar”, y no solo en ciertas ocasiones, cuanto todo sale bien; segundo: hacer de nuestra vida un don de amor, libre y gratuito; tercero: construir la concreta comunión, en la Iglesia y con todos. Entonces, esta Oración central de la Misa nos educa, poco a poco, a convertir toda nuestra vida en una “eucaristía” y, por tanto, en una acción de gracia». (Vatican Insider)

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