viernes, 23 de febrero de 2018

17:06:00
WASHINGTON, 23 de febrero de 2018.- Otra vuelta de tuerca contra Corea de Norte. En un momento en que el régimen de Pyongyang vivía una inesperada luna de miel con Seúl, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó “el mayor paquete de sanciones de la historia”. Las medidas, que se suman a una larga cadena de castigos, se dirigen contra 28 embarcaciones y 27 compañías navieras que supuestamente “están ayudando a Corea del Norte a evadir” los embargos.

La baza sancionadora busca frenar la carrera armamentística emprendida por el tiránico Kim Jong-un. Con la diana puesta en Estados Unidos, el paupérrimo país asiático no ha dejado de probar bombas atómicas y misiles de largo alcance hasta declararse a principios de año “Estado nuclear” y proclamar que dispone de armamento suficiente para devastar Washington.

El presidente estadounidense, Donald Trump, en la Conferencia anual de Acción Política Conservadora. (EFE)

Frente a este pulso, Trump ha combinado la asfixia económica con una retórica prebélica. Ante el asombro de sus aliados, ha amenazado a Pyongyang con una ola de “fuego y furia como nunca ha visto el mundo” y ante la Asamblea General de la ONU ha hecho pública su disposición a “destruir totalmente” a su enemigo. Al mismo tiempo, ha ido cerrando un poderoso cerco comercial contra Corea del Norte. En este esfuerzo, ha contado con la colaboración de China, destino del 90% de las exportaciones norcoreanas.

Los resultados de esta tenaza han sido dispares. Corea del Norte ha mantenido su pulso armamentístico, pero ha buscado una válvula de oxígeno en su vecino del sur. Los Juegos Olímpicos de Invierno, celebrados en Corea del Sur, han sido el escenario de este movimiento. Bajo la bandera de la paz olímpica, ambos Gobiernos han iniciado una aproximación cuyo final aún se vislumbra incierto.

El acercamiento ha reducido la tensión en la península y ha dejado con el paso cambiado a Estados Unidos. Partidario de la mano dura, la Casa Blanca ha rebajado en las últimas semanas el tono de sus amenazas, aunque no ha dejado de alertar de lo que considera una cortina de humo. “No permitiremos que el régimen de Pyongyang se oculté bajo la bandera olímpica y traté de hacernos olvidar que tiene esclavizado a su pueblo y que amenaza a toda la región”, ha dicho el vicepresidente, Mike Pence.

Ahora, cuando ya faltan apenas 48 horas para que finalicen los Juegos Olímpicos, Estados Unidos ha vuelto al ataque. Aprovechando que su hija mayor, Ivanka, ha acudido como cabeza de la delegación estadounidense a la ceremonia de clausura, el presidente ha lanzado su nueva tanda de sanciones y ha dejado claro que no baja el pulso. La paz olímpica ha llegado a su fin. (Jan Martínez Ahrens / El País)

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