lunes, 22 de enero de 2018

11:54:00
ROMA, 22 de enero de 2018.- El domigo, miles de mujeres indias de la alta casta guerrera Rajiput blandieron espadas rituales durante una marcha "alerta" en la ciudad de Chittorgarh, en Rajasthán.

Su amenaza es para tomarse en cuenta porque 1098 de ellas firmaron un documento en el que prometen  prenderse fuego en un antiguo ritual llamado "Jauhar" si no se revoca la orden el 24 de enero de proyectar en el estado y en toda la India, la controvertida película Padmaavat, cuyo estrenosería al día siguiente.

(ansa)

El gesto dramático extremo y probablemente sólo propagandístico surge de las sospechas sobre el pliegue sentimental propuesto por el director en la historia de un personaje venerado desde hace ocho siglos.

Y de hecho acusado de haber inventado una liaison de miradas y gestos entre la princesa Rajiput llamada Padmaavati y el sultán musulmán de Delhi, Alaudín Khilji, que asedió el Fuerte dee Chittorgarh para  conquistar el reino y el corazón de la hermosa castellana.

De acuerdo con la versión ortodoxa de la historia, ella se arrojó a las llamas en el frente de la fortaleza junto con 16 mil compañeras Rajiput con el fin de no caer en las manos del usurpador y su Jauhar musulmana se convirtió en un símbolo del valor y la determinación de las mujeres de su casta.

Por esta razón, con la intención de "restaurar el honor", las firmantes están dispuestas a lanzarsese a la pira colectiva.

En los últimos meses ha habido protestas y críticas contra la actriz Deepika Padukone, la mejor pagada del cine indio, y del director Sanjay Leela Bhansali, apoyado por la hollywoodian Paramount.

La actriz Deepika Padukone.

Los carteles y fotografías de Deepika se han incendiado públicamente con incidentes en cuatro de los estados donde viven grandes comunidades de Rajiput y donde los gobiernos locales habían intentado emitir un decreto de censura por temor a disturbios. Pero el Tribunal Supremo ha obligado, a toda costa, a las autoridades a proteger por la fuerza a los cines que decidan arriesgarse, junto con el público, la ira de los fundamentalistas.

Es una tarea difícil si no se produce otro giro sensacionalista, como la retirada de la película por razones de orden público, que podría leerse como una declaración de derrota del orgulloso primer ministro Narendra Modi.

Mientras tanto, las mujeres de Chittorgarh se están preparando para la eventualidad de que su petición de desterrar la película no sea aceptada y alistan la gran pira del "jauhar" en el mismo lugar donde su heroína se inmoló. Poco importa si esto sucedió en el lejano 1300.(Raimondo Bultrini / La Repubblica)

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