jueves, 25 de enero de 2018

02:33:00
LONDRES, 25 de enero de 2018.- La llamada Cena de los Presidentes es uno de los eventos más relevantes de la alta sociedad británica. Desde hace 33 años, figuras destacadas del mundo de los negocios y política se dan cita para recaudar fondos para organizaciones benéficas. A la velada, organizada en el exclusivo hotel Dorchester de Londres, sólo pueden acudir hombres y nadie sabía a ciencia cierta lo que encerraba el secretismo de estas reuniones anuales. A lo largo de ese tiempo, el evento ha recolectado más de 20 millones de libras para los niños más desfavorecidos. Y mientras fuera llegando el dinero no se hacían preguntas. Pero «Financial Times» soltaba ayer una bomba de relojería al revelar que, entre puja y puja, los hombres más ricos de la capital británica acosan sin tapujos sexualmente a las azafatas contratadas para la ocasión.

El ambiente en la gala benéfica del Presidents Club.(Madison Marriage / The Guardian)
«Estás demasiado sobria, quiero que te acabes la copa, que te quites las bragas y que bailes encima de esta mesa». Éste es sólo alguno de los comentarios que tuvo que escuchar Madison Marriage, la reportera del prestigioso diario que se infiltró como azafata (anfitriona, hostess) para poder elaborar el reportaje. La noticia causó estupor en la City. Y ya no sólo por su contenido, sino por el hecho de que precisamente era su medio de referencia quien la publicaba en portada. El diario salmón lleva meses apostando por los temas que tratan la brecha salarial y la necesidad de tener más diversidad en las empresas y, según los expertos, piezas como ésta son la mejor de forma conseguir lectoras.

A la cena celebrada el pasado jueves asistieron 360 invitados que podían pujar por, entre otros, asistir a un «almuerzo» con el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, o por «tomar el té» con el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney. Este año se recaudaron dos millones de libras (2,3 millones de euros) para el Great Ormond Street Hospital, un centro sanitario infantil que ayer devolvía todo el dinero tras destaparse el escándalo.

Uno de los organizadores, David Meller, miembro no ejecutivo del consejo de dirección del departamento de Educación desde 2013, presentó su dimisión. Por su parte, el Club de presidentes anunciaba su cierre.

Durante las seis horas que duró la velada, incluida la fiesta posterior a la cena, las 130 azafatas recibieron todo tipo de «comentarios lascivos y peticiones para acompañar a los asistentes a alguna habitación», según describe la periodista infiltrada. «Había manos que subían por las faldas y manos en los traseros, pero también manos en las caderas, en el estómago y brazos que te rodeaban la cintura de improviso», relató. Una de las trabajadoras ha revelado que un hombre le enseñó su pene.

"Era manos por debajo de la falda, manos en el trasero, pero también manos en caderas, en la barriga; brazos rodeándote la cintura de manera inesperada", describió la situación la periodista del Financial Times Madison Marriage, quien  decidió acudir al evento para comprobar que las historias de acoso que les habían llegado eran reales.

Caroline Dandrige, responsable de Artista, la agencia de azafatas, aseguraba no tener constancia de este tipo de comportamientos. Sin embargo, cuando se contrataba a las chicas –el anuncio era para «altas, delgadas y guapas»–, ya les advertía de que los hombres de la fiesta tratarían de molestarlas, que no podrían llevar el teléfono móvil o que sería mejor que evitaran decirles a sus parejas que era un evento exclusivo para hombres. Respecto al uniforme, las reglas eran llevar «zapatos negros sexys», ropa interior negra y maquillarse como si fueran a «un sitio elegante y sexy». El vestido se lo proporcionarían en el lugar, pero, según las imágenes publicadas, el largo de la falda es más que cuestionable. Según «Financial Times», a ninguna se le permitió leer el contrato de cinco páginas que firmaron al llegar al hotel, y allí su misión era clara: mantener a los políticos, productores o empresarios contentos.

David Meller, uno de los organizadores de la cena y miembro del Departamento de Educación de Reino Unido, renunció también después de los informes. (BBC)

Un portavoz de Downing Street afirmó que la «premier» Theresa May se sentía «incómoda» ante las noticias. Por su parte, la secretaria de Estado de Educación, Anne Milton, cuestionada sobre el asunto en los Comunes, afirmó que le parecía «bastante extraordinario que en el siglo XXI todavía emerjan casos de este tipo». «Las mujeres tienen derecho a sentirse seguras en cualquier lugar en el que trabajen», afirmó.

La noticia sale a la luz cuando Westmister también atraviesa un momento delicado, después de que todos los partidos salieran salpicados por un escándalo de abusos que a finales de 2017 terminó con la carrera del ministro de Defensa, Michael Fallon, y el viceprimer ministro, Damian Green. (La Razón)

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