miércoles, 22 de noviembre de 2017

18:01:00
Pedro Echeverría V.

1. La idea de las encuestas vienen, como muchas políticas, del extranjero. En México llegaron en los años cuarenta, pero fue en 1988 –en las elecciones Salinas, Cárdenas, Clouthier- cuando se pusieron en práctica. Aquellos comicios demostraron  la no confiabilidad en ellas, pero llevaron a muchas enseñanzas. De hecho fue seis años después (en 1994) cuando se hicieron “muy confiables”.  Hoy se publica que López Obrador y Morena encabezan preferencias en ocho encuestas que recibió el instituto electoral; pero ello, por experiencias pasadas de las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, se sabe que muy poco dicen porque AMLO, así como en el Estado de México, con todo que iban adelante, fueron defraudados.

2. En las campañas políticas de 2006, 2012 y 2018 el candidato López Obrador, sin duda, indiscutiblemente, apareció siempre muy arriba en las llamadas encuestas: uno, por el intenso trabajo en sus giras sin descanso y, dos, porque los partidos aún no nombran a sus candidatos. Sin embargo, luego, los porcentajes en las encuestas comienzan a emparejarse y cuando faltan 15 días se ve a quienes han pagado en mayor porcentaje a las empresas. Paralelo a estos se ve quien más ha comprado votos con los miles de millones de pesos que han recibido de los empresarios. En 2006 López Obrador –según las encuestas- se desplomó en los últimos 15 días porque la orden empresarial de que “por ningún motivo debe pasar” fue determinante.

3. Las empresas encuestadoras trabajan muy poco en seis años  y su única gran oportunidad de meterse muchos miles de millones de pesos a la bolsa, es con las elecciones presidenciales. Obvio, no cualquiera puede registrar un “casa encuestadora” porque antes tienen que arreglarse con los medios de información (particularmente con la TV) para que las publiquen y difundan. Se piensa y se reafirma que no todas las encuestas se realizan porque basta con acomodar cifras en un plano que se hace en equipo. Las encuestas de casa, por teléfono o computadora, en parte fueron la continuidad de las “encuestas de salida”; llevan apenas unas décadas, después de las elecciones de 1988. Si las encuestas son una formidable propaganda política, el Estado las apoya.

4. Pienso que si los medios de información están al servicio del poder, también las casas encuestadoras siguen por la misma ruta y no debe tenérseles ninguna confianza; al contrario deben ser combatidas demostrando que todo falsifican para beneficiar a quien les paga. Por ello en la TV repiten que para la izquierda cuando se gana hay democracia y cuando se pierde no hay democracia”. Este punto debe ser ampliamente aclarado diciendo que cuando el capitalismo siente fuerte presión de las masas en las calles suele respetar la democracia, pero cuando esta presión no existe, hacen lo que les da la gana. Si López Obrador realiza actos masivos y movilizaciones seguirá en primer lugar; si no, lo alternarán.

5. Además, la mayoría de las “casas encuestadoras” fueron creadas por las empresas televisivas, las  radiofónicas y las empresas de periódicos impresos para ganar más dinero; son solo uno de sus brazos políticos.  Peña Nieto –hechura exacta  de Televisa- siempre estuvo al frente de las encuestas. Jamás debe olvidarse que en el sistema capitalista la fuerza –obviamente- la tienen los que poseen el capital y controlan el gobierno, El día que los dueños del dinero o del capital no dominen es porque ya no es capitalista el sistema. En los regímenes del falso socialismo se echaron abajo a los explotadores privados pero el nuevo Estado, con presión externa, comenzó a degenerar hasta convertirse en un nuevo aparato de dominación.

6. El pueblo trabajador tiene que luchar mucho contra esa pesada loza que lo aplasta. Recuerdo al Pípila en Guanajuato en 1810 cuando tuvo que hacer enormes sacrificios para incendiar la Alhóndiga de Granaditas para contribuir con su heroísmo al crecimiento de la lucha de independencia. Algunas veces me he enojado y he pensado que el pueblo es cobarde porque se deja someter y explotar. Entonces me respondo: qué pendejo soy por no darme cuenta en la historia que la clase dominante tiene mil recursos y dispone de todos los dineros  para someter a cualquiera, sea muy político o muy intelectual. Por ello en México son contados con los dedos de una mano los que han permanecido más de 50 años luchando a diario desde la oposición radical; la mayoría se ha vendido por un plato de lentejas. (22/XI/17)

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