sábado, 18 de noviembre de 2017

16:09:00
Pedro Echeverría V.

1. El presidente del INE, el acomodaticio Lorenzo Córdova, ha anunciado que en lugar de dos se realizarán tres debates entre candidatos presidenciales; habló de realizarlos en tres lugares: en el Centro, el Norte y el Sur, dando el argumento de que así se conocerán más a los presidenciables. Podrían hacerse seis o 10, pero ni así los conocerán porque son políticos que dicen un discurso para ganar votos y luego hacen lo que los poderosos del empresariado quieren. Así ha sido con los políticos desde hace más de un siglo: el pueblo ha vivido engañado, saqueado, reprimido y aún no despierta.

2. Ignoro cuándo se iniciaron los debates presidenciales en el mundo, pero de lo que estoy seguro es que fueron los yanquis quienes los impusieron como moda “democrática” en los EEUU; los demás países dependientes lo copiaron sin el menor pudor o verguenza. Desde entonces esos debates y otros, en la televisión mexicana se convirtieron en una farsa mediática, comercial, engañosa, que sólo han servido para lucimiento de quienes tienen el control económico y político. Para eso han sido usados esos actos que nunca, positivamente, han tenido en cuenta el pueblo.

3. En México siempre “han ganado los debates” los candidatos que pagan más o los más cercanos a los medios de información. Quienes siempre han dicho “la última palabra” o quienes imponen “la verdad”, son los comentaristas de las llamadas “mesas de análisis” que la TV selecciona a propósito. Dado que esos “debates” nunca los ha mirado el pueblo sino sólo las clases medias que crecen cada día, entonces son espectáculos que le permiten obtener como un negocio más –de políticos y empresarios- miles de millones de pesos a las empresas televisivas.

4. Los debates benefician a los candidatos que más gritan como Fernández de Cevallos, a quienes payasean más y usan mentiras para ganarse al auditorio, como Fox o a quienes conocen muchos trucos mediáticos. En México se recuerda mucho aquel primer “debate” de 1994 entre los candidatos Ernesto Zedillo del PRI, Fernández de Ceballos del PAN y Cuauhtémoc Cárdenas del PRD. Estos dos últimos se habían puesto de acuerdo –según luego se publicó- en vapulear sólo al PRI, pero Cevallos, en un revire, sorprendió a Cárdenas, golpeando también al PRD.

5. En ningún debate se aprende algo interesante; o de plano se registran discursos memorizados que de nada sirven; o se convierten en chismes, en dimes y diretes de mercado para gente necia, que hacen reír y que muchos les mentemos la madre a los enemigos o a todo el acto. En alguna ocasión, en 2006, aplaudí que López Obrador no le entrara a la farsa de los debates; no entró ni tuvo necesidad de él porque de todas maneras la consigna empresarial había sido dada: “¡AMLO no puede llegar!”; pero también los comentaristas tras debate habían sido escogidos para desprestigiar a AMLO.

6. ¿Quién ganó el debate pasado entre Trump y la Clinton? Obvio, para los Republicanos ganó el primero y para los del partido Demócrata ganó Hillary. Igual sucede en México y en todo el mundo: es un problema de seguidismo, de propaganda, de disciplina de partido obligada. Este es parte del planteamiento de Nietzsche acerca de “la verdad” que construye e impone el poder político, económico y de los medios de información. Por más argumentos válidos, fuertes, que posea el contrario, jamás tendrá “la verdad” oficial que se difunde por todos lados.

7. En el sistema capitalista, sistema dominado por los políticos y empresarios del más alto nivel, lo más importantes es que los políticos sean disciplinados y sometidos para garantizar sus intereses de dominación. Si un candidato no acude a los muchos llamados e invitaciones de los empresarios para exponer sus objetivos y programa de gobierno y, al mismo tiempo es rebelde ante señalamientos de las autoridades electorales, las instituciones y los llamados debates, es catalogado como un personaje peligroso que debe combatirse o desconfiarse de él. Así ha sido. (18/XI/17)

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