viernes, 25 de agosto de 2017

12:49:00
Pedro Echeverría V.

1. Desde que en 1982 el presidente Miguel de la Madrid puso su mirada en el joven guapo e inteligente Emilio Gamboa, lo nombró su secretario privado; sería el joven que cubriría todas las necesidades particulares del nuevo mandatario de la República. Desde entonces, desde esas oficinas, se organizarían reuniones de todo tipo –esencialmente secretas- para acordar asuntos de la política nacional. Gamboa estudió en colegios y universidades privadas porque originalmente perteneció a la “casta divina” yucateca –como la bautizó Salvador Alvarado- integrada por las familias más adineradas de hacendados y empresarios, en alianza con el alto clero.

2. Gamboa –desde su bien ubicado cargo- le abrió los brazos a todos los altos políticos que necesitaban ver al presidente De la Madrid; se cuidó de no pelearse con nadie de esa élite y así jugó el papel más importante en la selección de los candidatos presidenciales. Fue entonces cuando observó que el presidente se inclinaba hacia Salinas de Gortari para ser el sucesor y se dedicó a impulsar la candidatura del PRI. Ese primer trabajo de acomodador o aconsejador de candidatos le produjo muchas experiencias y prestigio entre los del PRI; fue tan importante que en lo sucesivo le darían ese oficio de “colocador” los siguientes presidentes.

3. Me recuerda un poco al fallecido Manuel Camacho que, a nivel de arreglos y acuerdos políticos conciliatorios, había logrado mucha experiencia. Pero el caso de Emilio Gamboa es muy superior porque no se trata de posiciones políticas e ideológicas, sino de acomodamiento de personajes sin principios, sin moral, sin ética, que sólo buscan cambio de posiciones de poder. Por ello el oficio político de Gamboa lo ha mantenido en los más altos rangos de poder ocupando muchas secretarías, las coordinaciones de diputados, senadores y seguramente de otros rangos de la política. Pasados ya 35 años ejerciendo este oficio, no hay alto político que no reconozca su papel.

4. Hoy el senador Emilio Gamboa –con toda esa historia y fuerza del PRI que posee- ha dicho categóricamente que ‘‘no se dejará acorralar’’ por la oposición y va por la presidencia del Senado y de la Junta de Coordinación Política, ya que nada en el reglamento interior de esa cámara lo prohíbe. Aunque ambos cargos de dirección en los cinco años anteriores de la legislatura se intercambiaron entre el PRI y el PAN, el coordinador priísta recalcó que no hubo ningún acuerdo ni palabra empeñada en ese sentido y ‘‘hay la posibilidad’’ en este último año de la legislatura de que el PRI se quede con ambas presidencias; al PAN, le correspondería el Instituto Domínguez.

5. La realidad es que al político Emilio Gamboa lo han denunciado y acusado de todo, pero ha sido tan poderoso dentro de la estructura gubernamental y el PRI, que sólo se ha burlado de sus acusadores. Leí el libro “La sucesión presidencial en México (1928-1988) de varios autores, así como el trabajo de Jorge Castañeda, “La Herencia” que abarca los años 1970-1994; éstos, junto a “la Búsqueda” de Enrique Semo y el “Vamos a Ganar” de Aguilar Zinser, dan un panorama de esas sucesiones presidenciales que tanto preocupan a muchos mexicanos, que dilapidan muchos miles de millones de pesos del presupuesto público y que odian tanto los mexicanos por ser más de lo mismo.

6. Gamboa es muy poderoso y puede hacer y conseguir lo que se le antoje. Hoy los periódicos le dieron espacios principales para declarar sobre candidatos, dijo: “Será muy difícil, pero el PRI ‘‘tiene muy buenos gallos’’ y saldrá con quien pueda ganar. No los mencionó por su nombre, pero aceptó que los precandidatos son: José Antonio Meade, Miguel Ángel Osorio Chong, Aurelio Nuño y José Narro como posibles abanderados del tricolor para la contienda del próximo año. No dijo que su muy joven hijo compite por la gubernatura de Yucatán con el poderoso Jorge Carlos Ramírez que le lleva 1000 puntos de ventaja… pero con su fuerza se puede todo. (25/VIII/17)

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