lunes, 3 de julio de 2017

12:56:00
SAN SALVADOR, El Salvador, 3 de julio de 2017.- Claudia trata de contener sus lágrimas cuando habla de la corta vida de su hija. Cuando la ve correr y reír, reflexiona y concluye que Naomi es un milagro, porque nació con una enfermedad genética que afecta su corazón. Con dos años y medio de edad, el 25 de mayo, Naomi fue sometida a una cirugía que le ha permitido seguir con vida.

Lo que más atrae de Naomi son sus ojos de color azul y su cabello rubio. Su belleza es motivo de admiración y muchos la comparan con una muñeca, igual a una con la que le encanta jugar, a la que llama Roxana.

La niña tiene una vida normal. Juega con sus muñecas o con cualquier cosa que tenga a la mano. Colorea y traza garabatos en pedazos de papel. Canta, ríe, trata de hablar e intenta contar historias, el fruto de su imaginación. Pasa largas horas dentro de una carreta de lata que luego convierte en su espacio favorito para jugar. Su madre la usa como corral para bebé.

El cuerpo de Naomi está marcado de por vida. Dos cicatrices atraviesan su pecho y sobresalen de su piel blanca.

Aparte de eso, Naomi es una niña como cualquier otra. En medio de la pobreza, su familia hace todo lo posible por mantenerla feliz.

Naomi fue beneficiada con una operación de corazón durante una jornada organizada por las fundaciones Sana Mi Corazón y Heart Care International.

Naomi junto a su bisabuela Cristina Ángel, su mamá Claudia Miranda y su abuela Vanesa Ángel.
A las 7:00 de la mañana inició el esperanzador proceso que duró más de siete horas. Su madre cuenta que jamás se había separado tanto de los brazos de su hija.

Naomi es trasladada al área de observación después de pasar casi 8 horas en el quirófano del hospital Bloom. (Enlace a  galería completa)

En medio de su enfermedad su familia hace todo lo posible por mantenerla feliz. La niña cumplirá 3 años el próximo 14 de agosto.

La madrugada de aquel 25 de mayo, su madre salió de casa convencida de que su hija sería operada. Era la cuarta vez que Claudia pedía a gritos una operación para Naomi.

La primera vez que la iban a operar, la niña tenía una intensa tos; la segunda, faltaba un anestesiólogo. En el tercer intento, una bacteria contaminaba la sala de operaciones asignada en el Hospital Bloom.

“Nosotras perdíamos la fe cuando la niña estaba pequeña”, afirma Cristina Ángel, bisabuela de Naomi, tras recordar los intentos fallidos por que la operaran.

Ese día, Naomi estuvo en manos de experimentados médicos nacionales y extranjeros, parte de las fundaciones Sana Mi Corazón y Heart Care International, que organizaron una jornada de operaciones en el Hospital Benjamín Bloom.

A las 7:00 de la mañana inició el esperanzador proceso. Los médicos durmieron a la niña a las 9:00 de la mañana. La operación duró más de siete horas. Su madre cuenta que jamás se había separado tanto de los brazos de su hija.

“Fue muy difícil”, expresa la joven entre lágrimas. “Me sentía mal, porque tenía miedo; pero también estaba contenta porque ya la estaban operando”, afirma.

A las 3:00 de la tarde, la voz de una enfermera rompió el silencio de la sala de espera y preguntó: “¡La mamá de Naomi, la mamá de Naomi!”. En seguida, Claudia levantó la mano y fue guiada hasta donde estaba la niña. El corazón de Naomi soportó la cirugía. “Gracias a Dios y a los médicos, la niña va a salir de su dificultad”, expresa su madre.

Tras la cirugía, necesitará someterse a otro procedimiento cuando cumpla seis años.

“Yo espero verla convertida en una señorita”, dice la bisabuela de Naomi con la voz entrecortada.
“¡Mamita, vamos al pueblo, comprame chocolates!”, recuerda Cristina que le dice Naomi cuando se siente bien de salud. “Ella quiere ser enfermera, espero verla crecer”, dijo la progenitora.

La niña es tímida, pero gentil. Le encantan las fotografías y pasearse por su casa en los brazos de su madre, su abuela o su bisabuela: las tres mujeres que velan todos los días por su salud.

Su madre explica que su hija nació con un problema en el corazón que le incrementaba su volumen. Después de nacer quedó en observación dentro de una incubadora por dos semanas. Desde entonces, la niña ha luchado por su vida.

Los médicos determinaron que Naomi tenía una comunicación interventricular muscular y eso le generaba cansancio y una respiración inadecuada. Los doctores le cauterizaron dos agujeros en el corazón para que el crecimiento del órgano no sea acelerado. Tras la operación Naomi no necesita tomar medicamentos.

Naomi es hija única y vive en un alejado pueblo en el municipio de San Isidro, en el departamento de Cabañas. Claudia siempre ha tenido que madrugar para llegar a tiempo a las citas en el Bloom.

La madre se dedica a trabajar en casa y su esposo se encuentra fuera del país y les ayuda con lo que puede. Ambos cuentan con el apoyo de la familia cercana. Naomi, con su inocencia y su mirada tierna, es la alegría de esta humilde familia. (Jessica Orellana y Óscar Iraheta / elsalvador.com)

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