domingo, 23 de julio de 2017

23:04:00
Pedro Echeverría V.

1. Trataba de demostrar en una plática que Felipe Carrillo –quien fue gobernador de Yucatán (1922-24) y organizador de tres congresos campesinos “socialistas” no fue socialista sino obregonista y callista. Una compañera del auditorio me dijo: “Aunque se diga que no fue socialista, para mi sigue siendo el más grande socialista de Yucatán”. Luego –al otro día- asistí a una plática en la que se hicieron múltiples halagos a Marx, a Lenin, a Fidel Castro, a la revolución rusa, sin ningún asomo de crítica. Luego mi hija me dijo: “Papá, ya estás viejo en estos asuntos y no te das cuenta que la gente se acomoda, repite las ideas como si nada pasara porque así ha sido desde hace 100 años el sistema educativo nacional”.

2. Mi profesión es la historia y el periodismo, pero durante décadas vi el mundo “color de rosa” aunque estuviera batallando emocionado contra la burguesía y el imperialismo; sólo en los últimos 10 años comencé a reflexionar seriamente colocándome en el “pesimismo esperanzado” viendo las cosas con una enorme posición crítica. A partir de entonces veo en todos los luchadores sociales, en los personajes que hicieron y siguen haciendo mucho por los trabajadores, a seres humanos de carne y hueso, que hacen más o menos lo que hago desde hace décadas. No sólo he sido un fuerte críticos de los personajes héroes del sistema capitalista como Morelos, Juárez, Zapata o Villa, sino también de Marx, Lenin, Mao o el Che.

3. Hace 50 años fuimos críticos, muy enemigos de las corrientes conservadoras, reaccionarias, terratenientes, clericales y defensoras del ejército encabezados por los Iturbide, Miramón, Díaz, Vasconcelos; pero contrario a ello defendimos a los liberales y revolucionarios como Hidalgo, Guerrero, Juárez, Madero, Carranza, Cárdenas; jamás nos salimos de eso que llaman “historia de bronce” en que los personajes definen los cambios de la historia. Pero en la izquierda hicimos a un lado a los personajes del sistema capitalista pero seguimos haciendo “historia de bronce” pensando en que los personajes que han batallado en la izquierda a favor de los trabajadores son seres de bronce que no cometen errores y no son de carne y hueso.

4. A Marx no se le ve como un europeo, como un continuador de un modelo de pensamiento que se impuso en otros continentes (ver la corriente de Dussel); a Lenin no se le ve como “no marxista” o rusificador del marxismo; tampoco a la “revolución Rusa” como una toma a la fuerza. A la III internacional y la fundación de partidos comunistas como una necesidad; a la confrontación Stalin/Trotsky no se ve el destino de la revolución. Más que repetir que los dirigentes revolucionarios son una especie de dioses, hay que hacer análisis rigurosos para encontrar las causas del fracaso de la construcción del socialismo. No tengo duda sobre lo importante que fueron esos personajes, pero más que cubrirlos de bronce hay que ver sus errores y virtudes.

5. Las transformaciones sociales e históricas –hace mucho que lo sabemos- no se dan por la grandeza de sus líderes. Ellos ayudan sin duda mucho al proceso, pero no lo determinan. Lo más importante siempre son las condiciones materiales, sociales, subjetivas del desarrollo de las sociedades y partir de ellas surgen los seres humanos que se encargarán de destruir y construir otras nuevas. No es un asunto de personalidades que poseen las grandes ideas que líderes sociales llevan luego a la práctica. Reconstruyamos con investigaciones honradas y profundas las historias contadas a partir de las interpretaciones más cercanas a eso que llaman realidad.

6. Poseo la convicción de que esa historia dura, de personalidades, ha sido superada y no ayuda a la crítica histórica que sirve para la liberación. En la medida que sigamos haciendo grande homenajes públicos a esas personalidades en ese mismo ritmo bloqueamos las posibilidades de que superemos nuestra adoración a personajes. Necesitamos que la población recupere su fuerza en la confianza en la participación unitaria de las masas. Recuerdo que hace 50 años los trabajadores zapateros del FAT repetían en sus consignas: “Solo el pueblo salva al pueblo” siguiendo la famosa frase del Manifiesto Comunista de 1847: “La liberación de los trabajadores sólo puede ser obra de los trabajadores mismos”. (23/VII/17)

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