viernes, 30 de junio de 2017

10:14:00
PARÍS, Francia, 30 de junio de 2017.- La intensa vida de Simone Veil (Simone Weil), superviviente del Holocausto, figura clave de la política francesa, referente del feminismo y europeísta convencida, se apagó este viernes, a los 89 años.

“Mi madre ha muerto esta mañana en su domicilio” en París, confirmó su hijo, Jean Veil, a la agencia France Presse. Simone Veil habría cumplido el 13 de julio 90 años.

El mundo político francés reaccionó con consternación a la pérdida de una figura que marcó buena parte de la política del siglo XX en Francia y Europa y que continuó siendo un referente en el XXI. “Que su ejemplo inspire a nuestros compatriotas, que encontrarán en ella lo mejor de Francia”, dijo el presidente, Emmanuel Macron, tras conocer el deceso de la que, como ministra de Salud, impulsó la despenalización del aborto, la “Loi Veil”, cuya defensa ante una Asamblea Nacional casi exclusivamente masculina se ha convertido en una de las imágenes icónicas de la política francesa.

Gran figura de la política francesa y el feminismo, Simone era una judía sobreviviente de los campos de exterminio nazi -con el número de prisionera 78651 tatuado en su brazo-.

Pero esa no fue ni la primera ni la última batalla de una mujer que desde muy joven se vio arrastrada, no arrollada, por la historia. Simone Jacob, su nombre de soltera, nació el 13 de julio de 1927 en Niza, en el seno de una familia judía laica. Todos sus miembros —sus padres, su hermano y sus otras dos hermanas— fueron deportados en 1944. Ella acabó, junto a su madre y su hermana Milou en Auschwitz. Solo las tres hermanas sobrevivieron al Holocausto. “Creo que soy una optimista pero, desde 1945, no albergo ilusiones. De esa terrible experiencia guardé la convicción de que algunos seres humanos son capaces de lo mejor y de lo peor”, dijo en una entrevista hace diez años.

Reconoció que sobrevivir al Holocausto le hizo “querer vivir” y, asimismo, contar lo vivido para que no fuera nunca olvidado, hecho por el cual decidió no borrarse jamás el número de prisionera, el 78651, que los nazis le tatuaron en el brazo a su llegada al campo de concentración. Simone Veil cumplió ampliamente esa promesa, como presidenta de la Fundación para la Memoria del Holocausto y con su labor al frente del Fondo para las Víctimas, dependiente del Tribunal Penal Internacional (TPI).

Conocida por su carácter fuerte, la que fuera una de las personalidades favoritas de los franceses se fue debilitado hace varios años. El verano pasado, fue hospitalizada brevemente por problemas respiratorios.

También vivió intensamente una vida marcada siempre por un fuerte y diverso compromiso político. Magistrada, su vida da un giro definitivo en 1974, cuando el entonces primer ministro, Jacques Chirac, le propone ser ministra de Salud y, poco después, se enfrenta a parte incluso de sus amigos y aliados políticos con su propuesta de ley para despenalizar el aborto. “No podemos seguir cerrando los ojos ante los 300.000 abortos que, cada año, mutilan a las mujeres de este país, que pisotean nuestras leyes y que humillan o traumatizan a aquellas que tienen que recurrir a ellos”, dijo en defensa de una normativa que le valió incluso comparaciones con Hitler, según lamentaría años más tarde.

“El combate que lideró por el derecho al aborto sin abandonar jamás su objetivo ni ceder un milímetro de terreno a los reaccionarios seguirá siendo una inspiración para generaciones enteras”, afirmó este viernes Marlène Schiappa, secretaria de Estado para la igualdad de hombres y mujeres del Gobierno de Macron.

En 1979, apoyada por Valéry Giscard d’Estaing, quien tras conocer la muerte de esta “mujer excepcional” deseó que “su vida ejemplar seguirá siendo una referencia para los jóvenes”, Veil se convirtió en la primera presidenta del Parlamento Europeo, puesto que conservó hasta 1982. “El hecho de haber construido Europa me reconcilió con el Siglo XX”, afirmó la europeísta convencida, que, en 2005 salió de su cada vez mayor retiro de la vida pública —aunque siguió políticamente activa— para pedir el sí en el referéndum de la Constitución Europea. Un europeísmo que, ese mismo año, le valió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en reconocimiento a "los ideales y realizaciones de una Europa unida y la proyección de los valores europeos al resto del mundo" de Veil, así como por "su coherencia, fuerza y constancia en la defensa de valores y objetivos en un momento histórico, en el que están apareciendo ciertas dudas y vacilaciones con respecto al futuro de Europa y a su propia identidad”.

El actual presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, consideró la vida de Veil “un ejemplo a seguir” y lamentó que, tras la muerte del excanciller alemán Helmut Kohl, “perdemos a otra gran europea”, dijo a la agencia France Presse.

Infatigable, Veil regresó a comienzos de los años 90 al Gobierno como ministra de Estado encargada de Asuntos Sociales y Sanidad del Gobierno de Édouard Balladur. En 1997 pasó a presidir el Alto Consejo de Integración y, un año más tarde, ingresó en el Consejo Constitucional de Francia, donde permaneció hasta 2007. Desde 2008 era miembro de la Academia francesa.

Para el expresidente François Hollande, Veil “encarnó la dignidad, el valor y la rectitud”. Con su muerte, agregó, “Francia pierde una de sus grandes conciencias”. (El País / La Vanguardia)

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