domingo, 18 de junio de 2017

20:08:00
Pedro Echeverría V.

1. Los yanquis llevan por lo menos cien años sometiéndonos con su sistema político y económico; desde los tiempos del liberalismo económico, comercial, i mperial. Desde que EEUU se hizo el amo del mundo, compró millares de grandes empresas en México y obligó al país a endeudarse mediante préstamos, con la imposición de sus políticas en el país ha sido determinante. No sólo impuso el neoliberalismo en 1982 obligando a firmar al gobierno De la Madrid con el FMI la llamada “Carta de intención” en la que se compromete México a obedecer lo que allí se estatuye, sino que 35 años después se anuncia que ese Neoliberalismo “será con Trump doble, recargado”.

2. En entrevista al historiador y economistas Aurelio García por La Jornada, éste declara que en América Latina se expande, en paralelo a la era Trump, un modelo político capitalista extremo, más radical que los regímenes neoliberales que experimentó la región en los años noventa, con jefes de Estado como Carlos Salinas, Saúl Menem, Carlos Andrés Pérez y Fernando Collor de Melo. “Es algo mucho más radical de lo que ya conocemos; un modelo que ejerce violencia económica contra las mayorías: reduce al mínimo el rol del Estado, abarata al máximo la fuerza del trabajo, reduce o anula programas sociales en todos los planos –educación, vivienda, salud, pensiones, economía popular o campesina–, desmantela las industrias estratégicas paraestatales”.

3. Lo anterior me hace pensar que en lugar de ir para adelante, como en la primera década del siglo -cuando los presidentes Hugo Chávez, Lula, los Kirchner, Correa y Morales fortalecían las luchas de los trabajadores de Suramérica- vamos hacia atrás porque la dominación capitalista se hace más grande y brutal en tanto que la lucha de los trabajadores se divide más y se debilita. Por más emoción o entusiasmo que se le quiera poner, la realidad indica que las cosas empeoran para los trabajadores desde 2013. Parece que los años de coyuntura, de momentos altos de lucha de los trabajadores son más cortos que las décadas de dominación total de la burguesía. Cuando muy joven pensé que las coyunturas sólo tenían que ver con la voluntad de los trabajadores.

4. En caso contrario, ¿puede el poderoso empresario transnacional, el presidente de EEUU, Trump, imponer su pensamiento e intereses en el mundo? Obviamente que no porque un individuo, por más grande, poderoso y hasta inteligente que sea, es producto de sus circunstancias, del momento que vive. ¿Por qué no ganó la Clinton la Presidencia de EEUU y sí Trump? Porque mil un intereses coincidentes se unieron para aplicar el programa que EEUU ya estaba maduro para imponer. Me hace recordar cómo en 1982 en México los empresarios estaban ya preparados políticamente para disputarle el poder a la clase política que durante décadas los ayudó a desarrollarse pero luego les bloqueaba el poder. 1982 fue el grito de “México en Libertad” que dio a los empresarios y al panismo el poder.

5. Desde entonces los cambios en México fueron radicales: se vendieron casi todas las empresa paraestatales (1,500) a la iniciativa privada, las inversiones en salud, educación, vivienda, servicio social se redujeron, las grandes empresas obligaron a cerrar a las pequeñas, los empresarios y el gobierno de Salinas obligaron a firmar el TLC con los EEUU y Canadá y el desempleo se multiplicó, se desarrolló la migración y la delincuencia de arriba y abajo. Ese fue el gran significado del Neoliberalismo uno que fue desastroso para México y el mundo. Hoy el especialista brasileño nos llama la atención ante una radicalización del capitalismo más depredador para la era Trump y sucesores.

6. O ese Neoliberalismo 2, “recargado”, es sólo la presión del gobierno deTrump, de los republicanos, de los bancos de la reserva mundial, de los fabricantes de armas, para presionar al mundo a adoptar ese camino para hacer un frente contra China, Rusia, India y algunos países árabes o, por otro lado, es una radicalización del neoliberalismo imperial ante el debilitamiento de las luchas de los trabajadores. Lo que sea causa alarma y el mismo Lula, inteligente líder y expresidente de Brasil, llama la atención al decir que: “lamentaba muchísimo que no se hubiera producido una renovación mayor de cuadros políticos en el país. Esa es una política a la que se ha prestado muy poca atención en México. (18/VI/17)

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