miércoles, 24 de mayo de 2017

15:08:00
TAIPÉI, 24 de mayo de 2017.- Hace treinta años un hombre tímido pero valiente llamado Chi Chia-Wei daba una intempestiva rueda de prensa en un McDonald’s en Taipei para anunciarle a su país, Taiwán, aún bajo el yugo de la ley marcial y la dictadura, que era gay y aspiraba a casarse con su pareja. Hoy ese hombre no podía contener las lágrimas tras conocerse la decisión del Tribunal Constitucional de su país, que en una sentencia histórica en respuesta a treinta años de denuncias de Chi Chia-Wei, ha proclamado inconstitucional el código civil y ha dicho que tendrá que ser enmendado en un máximo de dos años para que se reconozca el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo. Si el Parlamento no responde en ese plazo, las parejas serán libres de acudir a los Ayuntamientos y casarse.

La decisión llegó por amplia mayoría. De los 14 jueces del Tribunal, solo dos se pronunciaron en contra. Hacían falta 10 opiniones a favor. El dictamen, que dice explícitamente que la actual definición de matrimonio como “la unión entre un hombre y una mujer [...] viola” las garantías constitucionales de libertad de matrimonio e igualdad, convierte Taiwán en el primer país de Asia que permitirá el matrimonio gay y supone un soplo de aire fresco en un momento particularmente duro para el colectivo LGBT de ese continente, donde su persecución en los países vecinos es cada vez más intensa.

Chi Chia-wei, activista de los derechos de los homosexuales en Taiwan. (Reuters)
“Estoy saltando de alegría como un pájaro. Ahora solo espero que el Parlamento le dé prioridad a este asunto y no lo arrastre durante dos años”. Estas fueron las primeras palabras pronunciadas por Chi Chia-Wei tras el fallo del tribunal, recogidas por la agencia AFP.

La sentencia, además de ser histórica, es progresista, reflejo quizás de un país muy diferente de los de su entorno, “sofisticado”, como quiso definirlo su presidenta Tsai Ing-wen hace unos meses, cuando comenzó a discutirse una propuesta de ley para aprobar el matrimonio gay por la vía parlamentaria, que lleva cinco meses en el limbo. “El matrimonio entre personas del mismo sexo no afectará a la aplicación del capítulo sobre matrimonio entre personas de sexo opuesto. Tampoco alterará el orden social”, afirma la resolución en lo que parece casi una respuesta directa a los argumentos de quienes se oponían a estas uniones. “Es más, la libertad de matrimonio entre dos personas del mismo sexo, una vez reconocida su legalidad, constituirá la base colectiva, junto con el matrimonio entre personas del sexo opuesto, para la estabilidad de la sociedad” dice un texto calificado por los activistas LGBT como “formidable”.
Taiwán es un paraíso de tolerancia para el colectivo LGBT frente a la rigidez con que se vive la homosexualidad en los países vecinos.

“La sentencia no podía ser mejor. Estamos realmente muy contentos y ahora lo único que nos queda es seguir trabajando para conseguir que antes de final de año el matrimonio gay sea una realidad. Esto no ha sido fruto de un día sino de muchos años peleando y no nos vamos a parar ahora” afirmaba a EL PAÍS Wayne Lin, presidente de la Asociación Taiwán Tongzhi (LGBT) Hotline, que celebraba a las puertas del Yuan Legislativo (el Parlamento) la histórica decisión junto a un millar de personas ajenas a la lluvia que caía sobre Taipéi.

El colectivo LGBT de Taiwán había rozado el cielo varias veces durante la última década, pero todos los proyectos de ley que han llegado a discutirse en el parlamento habían muerto por el camino. El último lo impulsó en octubre la diputada Yu Mei Nu, del Partido Progresista Democrático (PPD). Llegó a discutirse en diciembre, pero llevaba parado desde entonces. Su proyecto de ley también buscaba enmendar el Código Civil para conseguir precisamente lo que ahora ha sentenciado la corte constitucional taiwanesa: cambiar la definición de matrimonio. Casualmente esta congresista, defensora de los derechos de la mujer y de los derechos gais, fue una de las primeras abogadas que defendió a Chi Chia-Wei en su larga lucha en los tribunales. Ahora será la encargada de acelerar el proceso hacia la realización del sueño del que fuera uno de sus primeros defendidos cuando practicaba la abogacía.

La sentencia del Tribunal Constitucional no solo respondía a la denuncia de Chi Chia-Wei. A la suya se había unido la del Ayuntamiento de Taipéi, que lleva años teniendo que denegar las peticiones que recibía de parejas gais para casarse. Pero, sin duda, las palabras del Tribunal han sido particularmente emocionantes para el activista que a sus 58 años se ha visto resarcido al escuchar la reprimenda que el Tribunal le ha dado al Parlamento de su país: “Durante tres décadas, Chi Chia-Wei ha apelado al poder legislativo, ejecutivo y judicial por su derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo. Después de más de una década, el Yuan Legislativo ha sido incapaz de completar el proceso legislativo de las propuestas de ley sobre matrimonio del mismo sexo. […] Las actuales disposiciones del capítulo del matrimonio no permiten que dos personas del mismo sexo creen una unión permanente de carácter íntimo y exclusivo para el propósito comprometido de administrar una vida juntos. Esto es obviamente un gran defecto legislativo”.

Para activistas como Jay Lin, quién además ha creado los premios Queermosa para reconocer al colectivo LGBT (este año galardonaron precisamente a Chi) y dirige el primer festival de cine queer de la isla, la sentencia también es importante para el resto de Asia. “Envía un mensaje positivo y fuerte, un mensaje de esperanza. Chi Chia-Wei lleva treinta años luchando, otros le hemos seguido. Esto ha sido un trabajo de constancia e igual que ha ocurrido en Taiwán, ocurrirá en otros lugares antes o después” declaró a EL PAÍS.

Taiwán es un paraíso de tolerancia para el colectivo LGBT frente a la rigidez con que se vive la homosexualidad en los países vecinos. En Indonesia dos hombres veinteañeros acusados de mantener relaciones sexuales han recibido esta semana casi 100 bastonazos en una ceremonia pública donde una multitud enfebrecida les insultaba y escupía ofreciendo una imagen más cercana a la Edad Media que al siglo XXI. Era la primera vez que se azotaba en público a una pareja gay en un país que oficialmente no condena la homosexualidad y donde sí es práctica común el azote periódico a mujeres acusadas de adulterio. Además, 141 hombres fueron arrestados el lunes en una sauna gay en Yakarta, en lo que los activistas de derechos humanos consideran un recrudecimiento de la homofobia en el país musulmán más poblado del mundo.

Recientemente, en Corea del Sur, los militares han sido acusados de organizar una caza de brujas contra soldados gais y en Bangladés la sospecha de homosexualidad ha llevado hace una semana a 27 hombres a la cárcel en un país en el que ser gay está considerado un delito. En Brunéi o Myanmar es aún peor: en el primer país la homosexualidad está penada con la muerte por lapidación, en el segundo con cadena perpetua. Así que Taiwán, que siempre ha sido un oasis para el colectivo LGBT de la región, puede presumir desde hoy de serlo oficialmente. (El País)