martes, 2 de mayo de 2017

12:50:00
MADRID, España, 2 de mayo de 2017.- Los cenotes son un campo de exploración casi virgen y con enormes posibilidades para aportar información geológica, biológica o medioambiental. Pero también para revelar datos clave sobre la historia de los primeros habitantes de América o sobre los misterios de la cultura maya. Los cenotes se formaron durante las épocas de bajada del nivel del mar causada por los pulsos glaciares del Pleistoceno (desde hace 2,59 millones de años hasta 10.000 años a.C). Se producen en terrenos llamados kársticos, compuestos principalmente por minerales solubles en agua como la caliza o el yeso, entre otros. Lo cual en un clima de lluvias torrenciales produce que las corrientes subterráneas del agua terminen horadando el subsuelo formando cavernas subterráneas. 

Guillermo de Anda. (@cenotexplorer)

Cuando algún punto de estas cuevas se colapsa y se hunde, se forma el cenote y aparece el agujero característico que lo conecta con la superficie. La mayoría de ellos están constituidos por intrincadas redes fluviales subterráneas y en una extensión relativamente pequeña, en unos 100 kilómetros cuadrados, puede haber miles de kilómetros de túneles. Por eso, la exploración y el estudio de este hábitat es sumamente complicado y arriesgado.

En 2014, en uno de estos cenotes se descubrió a Naia, los restos humanos completos más antiguos de América. Estas cuevas sumergidas son una de las últimas fronteras de la exploración en la Tierra, pero no es sencillo acceder a las joyas arqueológicas y paleontológicas que esconden. Por ese motivo, el conocido arqueólogo de National Geographic y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Guillermo de Anda, ha desarrollado junto con su compañero Corey Jaskolski un nuevo software que promete revolucionar la investigación arqueológica submarina.

El programa informático se conecta a una cámara sumergible para amplificar las imágenes y permite recrearlas en 3D. Esta tecnología facilitará la investigación manteniendo además una de las máximas de la arqueología moderna: conservar los hallazgos lo más inalterados posible y dentro de su contexto. "El sistema permitirá mapear y adquirir información fidedigna que nos pueda dar muchos datos de manera no intrusiva. Pensamos que gracias a estos programas, tenemos la arqueología del futuro en nuestras manos", asegura a EL MUNDO el profesor De Anda. 

Cenote que contiene los restos de más de 30 individuos. (PAUL NICKLE)

Dos buceadores junto a la mandíbula de un gonfoteiro, un pariente de los elefantes. (KADU PINHEIRO)

"Estamos teniendo resultados increíbles obteniendo modelos en 3D. Podemos reproducir físicamente, de una forma absolutamente detallada, artefactos, huesos y cráneos, lo que nos permite hacer estudios muy fiables. Además, podemos compartirlos con cualquier colega en cualquier parte del mundo".

Un proyecto a gran escala

Este avance forma parte del macroproyecto llamado Gran Acuífero Maya, puesto en marcha por el Instituto Nacional de Antropología e historia de México, la UNAM y National Geographic Society. Este trabajo multidisciplinar tiene en marcha estudios sobre la fauna endémica, la calidad del agua, los cambios climáticos, el inframundo maya o las características etnográficas y los efectos de la contaminación.

Para el doctor De Anda, que dirige el proyecto, parte de la importancia del trabajo es que por primera vez se reúne un grupo multidisciplinar de expertos para estudiar, investigar y proteger el gran Acuífero Maya y todo lo que supone. El objetivo, señala, es obtener un "conocimiento amplio de los más de 30.000 km de túneles submarinos que recorren el subsuelo de las zonas quintanarroenses de Muyil, Tulum y Chumpón en la península del Yucatán".

El proyecto del Gran Acuífero Maya está previsto para un periodo de cinco años de duración y sólo en el primero de ellos está dejando descubrimientos asombrosos, según cuenta De Anda. "Se han hecho muchos hallazgos relevantes. Hasta ahora, los hallazgos más relevantes han sido un altar maya en un estado de conservación excelente e increíblemente elaborado; un cráneo humano de más de 10.000 años (la edad de hielo), que probablemente presente interacción con algún carnívoro y una mandíbula de gonfoterio -una especie de la megafauna emparentada con los actuales elefantes con un mínimo de 9.100 años, época en la que se supone se extinguieron-.

Además, tenemos restos y cráneos de varios osos de la edad de hielo, así como una buena cantidad de restos cerámicos y otros objetos", asegura De Anda a este diario.Todo esto también proporciona mucha información sobre los cambios climáticos sufridos por nuestro planeta en el pasado, y quizás se puedan aprender de ellos lecciones sobre el actual. Y, en lo referente a los restos humanos antiguos aún sin estudiar en profundidad, es posible que entre ellos aparezca algún abuelo de Naia. Aunque bien es cierto que hay cenotes en los que aún no se han encontrado restos humanos, en otros se han hallado más de 30 cuerpos diferentes con muchas posibilidades de aportar nuevos datos.

Pero de momento, como cuenta el profesor De Anda, los descubrimientos están enriqueciendo con nuevos datos el conocimiento prehistórico e histórico de la zona y de la cultura maya, a la espera de más estudios de laboratorio y nuevos hallazgos."Estos descubrimientos están aportando definitivamente muchos grandes datos. En el caso del cráneo humano, sobre los primeros pobladores de América y también acerca de los cambios climáticos que ha sufrido esta zona. Al igual que la mandíbula de gonfoterio, que también puede dar información sobre esto último, lo que probablemente también esté relacionado con la caída de la cultura maya", afirma De Anda.

"Asimismo, nos estamos enterando ahora de por qué los mayas tenían una enorme relación ritual con cuevas y cenotes. Que sucedía así ya lo sabíamos, pero no entendíamos la gran dimensión real que adquiere después de tantos hallazgos de muchos lugares con material arqueológico ritual muy abundante y en gran estado de conservación", asegura el experto.

Aunque el proyecto Gran Acuífero Maya está en su primera etapa, está arrojando numerosos hallazgos de gran interés. A ello se añade que el software para obtener imágenes 3D, que es una aportación que beneficiará a toda la comunidad arqueológica por las nuevas perspectivas que se permite obtener. Especialmente para el estudio de lugares que habían podido ser estudiados por la imposibilidad de obtener piezas físicas sin que se deterioraran o por las dificultades de accesibilidad.

De Anda no oculta que el apoyo de National Geographic Society ha sido fundamental para el desarrollo de esta batería interdisciplicar de investigaciones. "El reconocimiento a nuestro trabajo ha sido mayor, la prensa se acercó mucho más y la misma National Geographic nos ha ayudado de manera increíble para llevar a cabo nuestros procesos de investigación", reconoce.

Además, el proyecto ha aportado nuevos datos sobre aspectos que no tienen que ver con la arqueología, como es la catalogación ambiental del estado de los cenotes. "Hemos encontrado que hay condiciones de agua muy variables dependiendo de la zona en la que estemos trabajando", explica el arqueólogo. "Por ejemplo, hemos visto lo que nosotros hemos dado en llamar nuestro 'cenote prístino', en el que hay unas condiciones ideales. Pero también hemos encontrado el extremo contrario, con aguas en no muy buen estado", asegura eufemísticamente. Lo que es interesante es que dentro de todos estos lugares, sea con agua en buen estado o agua no tan bien preservada, existe una riqueza cultural importantísima. (Juan José Sánchez / El Mundo)