sábado, 27 de mayo de 2017

09:41:00
TAORMINA, Italia, 27 de mayo de 2017.- Estados Unidos y sus socios del G-7 están ultimando la negociación en los asuntos en que mantienen divergencias -como la actitud ante Rusia y el comercio internacional- para alcanzar un consenso que desemboque en un comunicado final equilibrado. Las siete democracias más industrializadas quieren ofrecer al mundo, en lo posible, una imagen de unidad.

Los ‘sherpas’ -los principales asesores de los mandatarios- han estado reunidos hasta las 2 de la madrugada limando asperezas y buscando las formulaciones apropiadas y los matices que todos puedan aceptar. “Es demasiado pronto para hablar de desunión -indicó una fuente conocedora del pulso diplomático de última hora-. De hecho estamos de acuerdo en muchos temas importantes. Hay problemas, pero la posición estadounidense está evolucionando”. Juncker recordó que pedirán al mandatario estadounidense que implemente por completo el acuerdo de París sobre el cambio climático, algo que exigirá a Trump retractarse de su retórica en campaña. Trump tuiteó que decidirá la semana que viene.

El G-7. (EFE)

En el terreno comercial, se está tratando de encontrar una fórmula, aceptable para Washington, que critique el proteccionismo pero no suponga una censura directa al empeño de Trump de corregir lo que él considera que son injustos desequilibrios, sobre todo en relación con países como Alemania. Grupos de trabajo entre los dos países trabajaran durante las próximas semanas para estudiar en detalle este complejo problema.

Hay margen hasta el G-20 de Hamburgo, el 7 y 8 de julio próximos. Los alemanes creen que las posiciones de Trump son demasiado simplistas y no tienen en cuenta la realidad de productos cuyos componentes están fabricados en varios países. También deben entrar en la ecuación, según Berlín, las ingentes inversiones de Alemania en EE.UU., de las que dependen muchos puestos de trabajo, y la actividad de empresas tecnológicas norteamericanas en Europa que escapan a su fiscalidad.

En la cuestión rusa, hay acuerdo para exigir la implementación de los acuerdos de Minsk en Ucrania y de mantener las sanciones a Moscú mientras su actual actitud no cambie. Existen divergencias, sin embargo, sobre si hay que amenazar con más castigo si la situación se deteriora.

Es demasiado pronto para hablar de desunión, pues estamos de acuerdo en muchos temas importantes. Hay problemas, pero la posición estadounidense está evolucionando”

El G-7 tiene una postura común sobre Corea del Norte, Libia, Siria y la lucha antiterrorista. Respecto a la inmigración, la declaración tratará de satisfacer a quienes pretenden que este desafío sea asumido a nivel global y quienes son más celosos de la defensa de sus fronteras nacionales. Salvo sorpresas, el texto está cerrado. Es una solución salomónica.

Sobre el cambio climático, se ha acordado dar tiempo a la Administración Trump para que fije su postura sobre el acuerdo de París. Esto puede ocurrir dentro de unas semanas. No obstante, ha quedado muy clara la presión. Los otros seis socios están decididos a seguir adelante con el cumplimiento de los compromisos porque piensan que son vitales para sus países y para la humanidad, tanto por las consecuencias nefastas de no hacerlo como por las oportunidades que se perderían a nivel de innovación tecnológica.

La atmósfera de la reunión ha sido quizás mejor de lo esperado, teniendo en cuenta el difícil punto de partida. “El diálogo no ha sido hostil”, afirmó una fuente. “Debemos tener paciencia con Trump”, aseguró otro interlocutor, quien insistió en que este tipo de reuniones son muy útiles, psicológicamente, para líderes como Trump. Les permiten darse cuenta de la complejidad mundial y de enfrentarse a opiniones muy diversas.

Ayer el G-7 se reunió con los líderes de Túnez, Nigeria, Níger, Kenia y Etiopía para hablar de las grandes migraciones y del desarrollo del norte de África. También asistieron el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde. Fue un encuentro querido por los anfitriones italianos, obsesionados en que la comunidad internacional sea consciente de la importancia de la estabilidad de África para seguridad y la paz, y en que adopte planes a largo plazo en esa dirección. (Eusebio Val / La Vanguardia)