jueves, 2 de febrero de 2017

09:57:00
KABUL, Afganistán, 2 de febrero de 2017.- "No he cometido ningún pecado, no entiendo por qué mi marido me ha hecho esto". Éstas son las primeras palabras que Zarina, la última víctima de la barbarie contra las mujeres en Afganistán, ha dicho desde el hospital donde la están atendiendo después de que su marido le amputase las dos orejas tras acusarla de "mirar a otros hombres", según ha declarado a la BBC.

El calvario de Zarina, de 23 años, empezó a los 13 años cuando la obligaron a casarse con un hombre mucho mayor en su natal distrito de Kashinda, en la provincia de Balkh, al norte del país, y desde entonces su vida estuvo supeditada a los deseos de un abusador y sádico que la martirizó y apartó de su familia.

Zarina en el hospital. (BBC)

"Estaba durmiendo cuando mi marido me despertó, empezó a pegarme y me ató a una silla... Entonces me cortó las orejas", ha explicado a ToloNews desde la cama del hospital donde sigue traumatizada recuperándose de las heridas.

"Mi marido es un hombre muy celoso y en esta ocasión me acusó de hablar con hombres extraños cada vez que iba a visitar a mis padres", a los que su cónyuge le había prohibido ver bajo ninguna circunstancia.

Fuentes de la policía afgana en Balkh han asegurado que están llevado a cabo las pesquisas necesarias para capturar al marido de Zarina, que, desde el ataque, está en paradero desconocido y del que la joven quiere divorciase lo antes posible.

La víctima ha exigido "que sea arrestado y juzgado por sus crímenes". Pero esto todavía está por ver, ya que la ley aprobada en 2014 por el Parlamento afgano sobre la Prohibición de Cuestionar a Testigos Individuales está en contra de Zarina y todas las mujeres víctima de la violencia de género en Afganistán. La ley, que además requirió un cambio en el Código Penal afgano, está diseñada para dejar que los hombres puedan llevar a cabo todo tipo de abusos sin temor a ser enjuiciados y, además, contribuye a perpetuar la lacra de los asesinatos por honor, los matrimonios forzosos con menores y la violencia doméstica.

"El cambio en el Código Penal ha convertido toda la legislación afgana diseñada para proteger a las mujeres en una farsa", ha explicado Manizha Naderi, el director de la ONG pro derechos de la mujer Women for Afghan Women. "Esta ley va hacer que sea prácticamente imposible procesar la mayoría de casos de violencia contra las mujeres. A partir de ahora, el sector más vulnerable de nuestra sociedad no podrá obtener la justicia que merece".

Las promesas de Karzai y Ghani
El ex presidente afgano Hamid Karzai y el actual líder del país, Ashraf Ghani, han prometido en numerosas ocasiones que iban a presionar a los legisladores afganos para que establezcan nuevas leyes y penas más duras para los abusadores. Unas promesas que siempre se han expresado de cara a la galería y que nunca han sido ratificadas por ninguno de los mandatarios.

Por ejemplo, en 2009, un grupo de activistas afganos y diversos grupos de la sociedad civil, abogados y legisladores redactó un proyecto de ley con el objetivo de defender a las mujeres de la violencia de género y los matrimonios forzosos, la conocida como Propuesta de Ley Para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Karzai, a pesar de que nunca la apoyó, la mandó al Parlamento afgano para que fuera aprobada.

Pero el centro legislativo de Kabul demoró su aprobación una y otra vez hasta que, en 2010, llegaron las nuevas elecciones parlamentarias, que acabaron en un punto muerto y dejaron al país sin un líder durante más de un año tras la batalla política entre los dos candidatos mayoritarios, el actual presidente Ghani y el jefe del Ejecutivo Abdullah Abdullah. El primero salió victorioso, respaldado por un Parlamento mucho más conservador que decidió olvidar la iniciativa parlamentaria.

Desde entonces, Ghani ha prometido en numerosas ocasiones que respaldará el proyecto de ley, especialmente cuando los casos más cruentos como el de Zarina salen a la luz y la prensa internacional se hace eco de los mismos, pero en la práctica el líder afgano no ha movido un dedo para que leyes como ésta sean aprobadas e implementadas.

De haber sido aprobado el proyecto de ley, podría haber ayudado a muchas mujeres a recibir la justicia que merecen. Es el caso de Reza Gul, a quien su marido cortó la nariz en enero de 2016 tras acusarla de adulterio. O Farkhunda, linchada y asesinada el 19 de Marzo de 2015 en Kabul por un grupo de hombres, entre los que había varios policías, que la acusaron falsamente de quemar el Corán.

A la espera de justicia también están Sahar Gul, una niña novia de 13 años que en 2013 fue torturada, quemada y obligada a ejercer la prostitución por sus suegros, o Sitara, a quien el mismo año el marido le cortó los labios y las orejas acusándola de adulterio. Son la punta del iceberg de la larga lista de mujeres afganas que siguen indefensas ante las atrocidades y violencia indiscriminada a manos de sus maridos y conciudadanos. (Amador Aguilar / El Mundo)