domingo, 29 de enero de 2017

15:59:00
DULLES, Virginia, 29 de enero de 2017.- Hamza tiene que hacer algunos equilibrios para mantener el cartel en alto sin que se le escurran los dos pasaportes que también agita en la sala de llegadas del aeropuerto internacional de Dulles, Virginia.

“Soy un refugiado”, reza su escueta pancarta.

En una mano, el pasaporte de su país de origen, Irak. En la otra, el estadounidense que obtuvo tras llegar como refugiado hace 15 años por la misma puerta ante la que ahora se ha unido a varias decenas de manifestantes, abogados y activistas para protestar por el veto temporal a refugiados e inmigrantes de países musulmanes emitido por el presidente Donald Trump.

“Esta no es la América con la que soñamos todos, esta no es la superpotencia que se supone tiene que ayudar a otros, no prohibirles la entrada”, lamentaba, frustrado, Hamza.

Hamza, refugiado iraquí, muestra sus dos pasaportes. (S. AYUSO)

No es el único. Las pancartas preparadas con premura de muchos de los manifestantes que por segundo día consecutivo se congregaron en el aeropuerto internacional más próximo a Washington, al igual que en muchos otros aeropuertos del país, son una muestra de la indignación que sienten muchos ciudadanos desde que se conoció la orden ejecutiva de Trump, la noche del viernes.

Las protestas, que empezaron el sábado en aeropuertos donde llegaban personas afectadas por el decreto de Trump, se extendieron el domingo al centro de varias ciudades, entre ellas Washington, Boston y Nueva York.

“Prohibir la entrada a inmigrantes es antiamericano”, proclama una de las pancartas en el aeropuerto de Dulles. “Donald Trump es un insulto a nuestra historia". "Los refugiados son bienvenidos aquí. Los musulmanes son todos bienvenidos”, rezan otros carteles.

Una afirmación que también proclaman a gritos los manifestantes, que saludan y celebran la llegada de los pasajeros procedentes de diversos vuelos internacionales. Algunos se muestran sorprendidos y cohibidos, pero muchos más aprecian el gesto y agradecen la calurosa bienvenida a un país que, desde el viernes, ha cerrado sus puertas a muchos.

“Eso está mal”, lamenta Hamza. “Todos los musulmanes no son terroristas y prohibirles la entrada a todos es como decir que todos lo son”, advierte. “Aquí somos todos inmigrantes, este país es una nación de inmigrantes. El abuelo del presidente Trump era inmigrante. Las cosas no se hacen así, no se puede prohibir la entrada a todos. Espero que [Trump] cambie de idea, que deje de hacernos parecer mal a todos. Presidente, por favor, tiene que parar esto”.

Pero por ahora, salvo la precisión —no hecha en un principio— de que el veto no afectará a los que tienen una green card o tarjeta verde, el permiso de residencia legal, no hay señales de que la nueva Casa Blanca vaya a echar marcha atrás, más bien al contrario. Aunque un juez federal emitió una orden la noche del sábado ordenando a los agentes del aeropuerto que permitan que las personas retenidas por la orden ejecutiva puedan hablar con un abogado, hasta este domingo los abogados voluntarios congregados en Dulles no habían podido hacerlo.

“No nos han dado acceso. Ni sabemos cuántos hay porque no nos dan ninguna información”, critica Mirriam Seddiq, una abogada especializada en migración que se ha presentado voluntaria, como decenas más, para ayudar a los atrapados en el limbo legal tras la orden de Trump. Son decenas, al igual que traductores de árabe voluntarios.

En el aeropuerto, algunos portan carteles en inglés y árabe ofreciendo ayuda a quienes conozcan algún caso de personas retenidas.

Seddiq, que es de origen afgano, dice que está muy preocupada por la situación. Las autoridades aeroportuarias “no deberían rechazar una orden judicial emitida por un juez federal”. Pese a que no hay señales de que la Casa Blanca vaya a dar marcha atrás, Seddiq se aferra a una esperanza, la vía de un poder judicial que ya ha frenado en el pasado otras órdenes ejecutivas. “Esta administración no cuenta con la independencia del poder judicial. Pero aquí, a los jueces no les gusta que les digan lo que tienen que hacer”, recuerda.(Silvia Ayuso / El País)