miércoles, 21 de diciembre de 2016

15:26:00
PEKÍN, 21 de diciembre de 2016.- Yang Deming y su hijo de siete años pasean por la zona común de un bloque residencial de Pekín. Sería una actividad rutinaria si no fuera porque es la primera vez que el pequeño sale a la calle en cuatro días. Durante este periodo de alerta roja, la contaminación del aire en la capital china es unas 20 veces superior a lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ambos van equipados con mascarilla para protegerse, pero a pesar de ello las palabras del padre transmiten cierta sensación de culpabilidad: "sé que no es bueno para él estar fuera, pero ya no podía tenerlo más tiempo en casa".

Mujeres ataviadas con mascarillas caminan en Pekín. (AP)

Yang y su familia tienen dos purificadores de aire en su piso. A pesar de que llevan encendidos continuamente desde hace cuatro días, la aplicación de su teléfono móvil (que conecta con el aparato) marca que dentro de casa la concentración de partículas PM 2,5, las más perjudiciales para la salud, es de unos 90 microgramos por metro cúbico, casi cuatro veces más de los 25 recomendados por la OMS. No está mal teniendo en cuenta que fuera los registros alcanzan casi los 400 microgramos. "Siempre entra algo de aire por las juntas de las ventanas o por debajo de la puerta, y con tanta suciedad fuera es imposible que (el aire) dentro esté totalmente limpio", admite el padre.

Su hijo no ha ido a la escuela desde el lunes, porque con la alerta roja activada las clases han quedado suspendidas. "Ya hemos visto casi todas sus películas favoritas", bromea. Su empresa le ha concedido una reducción de jornada durante estos tres días de forma excepcional para cuidar del niño; su esposa no ha tenido la misma suerte y ha ido a trabajar cada día.

En la capital se nota una cierta sensación de parálisis. Con las restricciones al vehículo privado en marcha, que sacan de las calles casi la mitad de los coches cada día de forma alterna, el tráfico en Pekín es mucho más liviano que de costumbre. No circulan camiones y las obras se han interrumpido, así como la actividad de más de un millar de fábricas. Sin embargo, a pesar de las medidas preventivas que empezaron el viernes, la calidad del aire de la ciudad ha empeorado de forma sustancial.

El Ministerio de Medio Ambiente ha alertado de que varias empresas han violado las restricciones impuestas por la alerta roja, activada en más de 20 urbes, especialmente algunas centrales eléctricas y plantas químicas de la provincia de Hebei. En algunas ciudades de esta región industrial los niveles de contaminación doblan los de Pekín. En su capital, Shijiazhuang, se alcanzó el lunes un pico de 1.000 microgramos por metro cúbico.

La poca visibilidad por la densa capa de niebla ha obligado a cerrar el tráfico de varias autopistas y a cancelar centenares de vuelos. "No podríamos salir de la contaminación aunque quisiéramos. Eres bienvenido a Pekín, pero si quieres marcharte ni siquiera puedes encontrar la salida", comentaba un usuario en Weibo, el Twitter chino.

A partir del jueves todo volverá a la normalidad, cuando el deseado frente de viento frío se llevará esta inmensa nube tóxica a otra parte. Entonces Yang y su hijo podrán pasear tranquilos, sin parapetarse tras las incómodas máscaras. Al menos hasta los próximos días de smog. (El País)