miércoles, 23 de noviembre de 2016

18:36:00
WASHINGTON D.C., 23 de noviembre de 2016.- Barack Obama empezó con Courage, Valor, y ha acabado con Tot una de las tradiciones más amables de la Casa Blanca y de la que, también, más ha disfrutado el demócrata a lo largo de sus ocho años como presidente de Estados Unidos: el perdón presidencial de un pavo en la víspera del Día de Acción de Gracias.

Como ha venido haciendo desde la fiesta de Acción de Gracias de 2009, la primera que celebró como presidente, Barack Obama hizo un gesto con la mano similar a una bendición antes de pronunciar su ya también tradicional indulto, “Yo te perdono”, sobre el ave agraciada, que no se impacientó demasiado con la ceremonia y las cámaras que le apuntaban. “Recordemos a los valientes pavos que no han tenido tanta suerte”, bromeó el mandatario.

El día, con un reluciente sol, no podía ser más espléndido para estar a finales de noviembre y a las puertas de las primeras heladas del año. Pero en la Casa Blanca volvía a reinar un ambiente de tristeza y despedida de un equipo que, tras ocho años, ya está guardando sus cosas para dejarle sitio a la nueva administración, que llegará de la mano del próximo presidente, Donald Trump.

Como ha venido haciendo desde la fiesta de Acción de Gracias de 2009, la primera que celebró como presidente, Barack Obama hizo un gesto con la mano similar a una bendición antes de pronunciar su ya también tradicional indulto, “Yo te perdono”, sobre el ave agraciada. (Al Drago/The New York Times)

En medio de las tradicionales bromas, Obama también dedicó este miércoles unos momentos a defender el legado que ahora corre en parte peligro con la llegada de un nuevo presidente que ha prometido revertir algunos de sus principales logros, como su reforma sanitaria.

“Tenemos mucho por lo que estar agradecidos, como siete años seguidos de creación de empleo, bajo desempleo, una reducción de la desigualdad, el mercado de la vivienda se está curando, cifras mínimas de personas que carecen de seguro médico”, enumeró un Obama que también mencionó el hecho de que este Acción de Gracias, entre los que podrán celebrar esta festividad, habrá también “orgullosas” familias no tradicionales, gracias al matrimonio igualitario asentado durante su mandato.

En un país profundamente dividido tras una durísima campaña electoral, Obama también quiso recordar que en el núcleo de la fuerza nacional de EE UU está la “unidad” y que el sentido de pertenencia al país no viene dado por una raza o religión sino por una serie de valores compartidos.

“Aunque aceptar nuestras diferencias y crear una sociedad diversa nunca fue fácil, tampoco fue nunca más importante que ahora”, subrayó Obama, que pidió no dejar de lado a los pobres, los vulnerables, los inmigrantes, refugiados o “cualquiera que busque una segunda oportunidad” para demostrarle al mundo que “EE UU sigue siendo un país generoso”. El presidente instó a “vernos los unos en los otros” porque, dijo, “tenemos mucho más en común que lo que nos divide”.

Harry Truman (1945-53) fue el primer presidente en recibir, en 1947, un enorme pavo de regalo de la entonces denominada Junta Nacional de Aves de Corral, que con este gesto esperaba animar la venta de este producto en tiempos de economía magra de posguerra. Pero ese pavo, cuyo nombre ni se recuerda —quizás ni siquiera llegó a tener uno—, acabó en el plato del presidente. Los pavos de la Casa Blanca tuvieron que esperar hasta John F. Kennedy para dejar de temblar por su destino, aunque el indulto oficial no se instauró hasta mucho más tarde: fue George Bush padre el que inició esta tradición que ya se ha convertido en una de las más populares y divertidas de la Casa Blanca.

Oficialmente solo es perdonado uno de los dos pavos que cada año aporta la Asociación Nacional del Pavo, en esta ocasión Tot y Tater, dos aves de casi 20 kilos nacidos en julio. Pero desde que Obama llegó al poder, a instancia de sus hijas, Sasha y Malia, los dos pájaros que llegan a la Casa Blanca han sido indultados de facto, salvándose así ambos del destino que corren millones de compañeros alados en el país estos días: acabar como plato principal en la mesa de la fiesta más familiar de Estados Unidos.

Mas las instigadoras del perdón ampliado no estuvieron presentes en este último acto de indulto, celebrado en el jardín de las Rosas de la Casa Blanca. Las hijas adolescentes del presidente —Sasha tiene 15 años y Malia, 18— fueron desde el comienzo del mandato demócrata testigos más bien reticentes de las bromas y chistes que su padre y presidente gusta hacer en esta ocasión. Hasta ahora. Las jóvenes fueron las grandes ausentes en esta última celebración familiar, aunque Obama se buscó a dos de sus sobrinos más pequeños para compensar la falta de sus hijas.

“Durante los últimos siete años, establecí otra tradición: avergonzar a mis hijas con una abundancia de chistes sobre pavos. Este año tenían un problema de agenda. La verdad es que no aguantaban mis chistes ni un momento más. Estaban hartas. Por suerte, tengo a mi lado a dos de mis sobrinos, Austin y Erin, a los que, al contrario que Sasha y Malia, Washington todavía no ha convertido en unos cínicos”, bromeó Obama mientras se escuchaban los titados del afortunado Tot.

Dado que Obama ha perdonado durante todo su mandato a dos pavos cada año, cuenta en su haber con un nuevo récord: ser el presidente que más aves ha indultado a lo largo de su carrera. Gracias a Obama, Courage y Carolina acabaron sus días tranquilamente en Disneylandia de California, sitio tradicional para los pavos indultados hasta entonces. Un año más tarde, en 2010, Obama hizo otro pequeño retoque a la tradición y decidió enviar los pavos perdonados, Apple y Cider, a Mount Vernon, en Virginia, el que fuera el primer hogar del primer presidente del país, George Washington. Ahí acabaron también un año después Liberty y Peace, así como Cobbler y Gobbler en 2012, Caramel y Popcorn (2013), Mac y Cheese (2014) y Honest y Abe el año pasado. La Universidad Virginia Tech será el nuevo hogar de Tater y Tot, los últimos pavos de Obama. (Silvia Ayuso / El País)