martes, 1 de noviembre de 2016

09:34:00
Carlos Loret de Mola Álvarez / 1-XI-16

Como pocas veces en su casi centenaria historia, al PRI se le están conjugando todas las crisis posibles.

1.- La más notable es que de un tiempo para acá, el electorado mexicano (y el de todo el mundo, de hecho) ha hecho del antisistema, de la anticorrupción, el motor más importante a la hora de decidir por quién votar. En nuestro país, el sistema es representado diáfanamente por el PRI. Más allá: el PRI inventó el sistema. Y encima de todo, es el partido más asediado por escándalos de corrupción. Ningún otro partido tiene tantos expedientes como el tricolor.

El dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, ha anunciado una purga que ya alcanzó a Javier Duarte de Veracruz, y estaría por significar la expulsión de César Duarte de Chihuahua, Roberto Borge de Quintana Roo, Fausto Vallejo de Michoacán y Eugenio Hernández y Tomás Yarrington de Tamaulipas. Difícil encontrar una baraja de corruptos tan nutrida como la priista.


La estrategia de Ochoa es liberarse de los corruptos cuyos escándalos han sido más agraviantes para la ciudadanía y compararse favorablemente con otros partidos que mantienen en sus filas a los más cuestionados. No sé si sea demasiado tarde para el PRI. No sé si la percepción de corrupción hacia este partido esté alimentada desde los escándalos que han salpicado al presidente Peña Nieto y de poco vaya a servir esta purga de gobernadores. El correr de los meses y la manera en que el PRI empaquete el mensaje de las expulsiones podrán terminar de definir el asunto.

2.- Porque el PRI viene de ser vapuleado en las elecciones de 2016, teme una alianza PAN-PRD para el 2017 y luce débil para el 2018. Sin embargo, los presidenciables del PRI están dándose con todo. Las figuras que se consideran posicionadas para la sucesión del 2018 parecen desatadas en una lucha para obtener la candidatura de su partido, como si esta fuera la antesala de un triunfo casi automático que ellos ven, pero nadie más: ¿con qué argumentos va a ganar el PRI la elección del 2018?

Los “tapados” del PRI han recorrido distintas estrategias. Unos tratan de congraciarse con el presidente Peña Nieto, pues consideran que la definición del candidato la hará él, de forma unipersonal. Otros están buscando subir en las encuestas, como para inclinar la balanza a su favor. Hay quien anima una suerte de oposición priista al presidente, intentando construir una corriente que pueda servir de contrapeso al propio Peña Nieto.

3.- Y se fundamentan en una creciente irritación entre algunos gobernadores del PRI que cada vez con más soltura manifiestan su abierto rechazo a la manera en que la administración Peña Nieto ha manejado las cosas, y con ello impactado a su partido. Conforme avanzan los meses, esto puede poner en riesgo la unidad del PRI y sus bloques en el Congreso, donde muchos diputados y senadores le deben su cargo a los mandatarios estatales y/o buscarán acomodarse para lo que viene.

El reto me parece titánico, casi inconquistable. Veremos.