domingo, 2 de octubre de 2016

09:46:00
CIUDAD DE MÉXICO, 2 de octubre.- El jueves publicó Jan Martínez Ahrens en El País: El Vaticano mueve ficha en México. El nuncio papal, el arzobispo italiano Franco Coppola, ha llegado al país para imponer los designios de Roma ante un episcopado enzarzado en un virulento conflicto contra el presidente Enrique Peña Nieto por su propuesta de avalar constitucionalmente los matrimonios homosexuales. Coppola, de 59 años, tendrá que vérselas con el ultraconservador primado de México, el cardenal Norberto Rivera, el más poderoso vestigio de la era de Juan Pablo II y bajo cuyo liderazgo la jerarquía local ha mantenido su estrecha vinculación con el poder. Precisamente aquello a lo que Francisco pide poner fin.

Coppola es un producto clásico de la escuela diplomática vaticana, donde ha prestado sus servicios desde 1993. Es considerado un enviado eficaz y no se le conocen afinidades ideológicas. Pero sus últimos destinos dejan entrever el giro que el Papa quiere dar a la Iglesia mexicana. Como nuncio ha pasado por Burundi, Chad y la República Centroafricana. Sedes pobres y azotadas por la violencia extrema de los islamistas. Lugares donde la religión católica vive en resistencia y volcada a sus fieles, sin apenas verticalidad. Y desde luego, sin zonas de confort con el poder. “El Papa conoció a Coppola en una visita a África y congeniaron, es un nombramiento directo del Pontífice”, señala el sociólogo Bernardo Barranco.

El nuevo Nuncio Apostólico, Mons. Franco Coppola, como primera actividad en nuestro país, acudió a la Basílica de Guadalupe para encomendar su labor diplomática a la Morenita del Tepeyac. Antes, el miércoles, el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, expresó su “más cordial bienvenida al nuncio apostólico" y pidió a “todos los fieles sus oraciones a nuestro Señor Jesucristo y a santa María de Guadalupe, para que guíe sus pasos de pastor en esta importante tarea que le ha asignado el Santo Padre Francisco”.

Con estas credenciales, el nuncio tendrá que imponer la agenda papal y hacer que la jerarquía, como pidió el propio Francisco en su visita de febrero a México, salga de sus palacios y se vuelque en los problemas sociales. Uno de los mayores obstáculos para este objetivo radica en el cardenal Rivera. Influyente y carismático, el primado de México ha encabezado una dura ofensiva contra el presidente, que se agudizó con el vacío de poder dejado por la salida del anterior nuncio Christophe Pierre (enviado a Estados Unidos). Sus soflamas, difundidas por la revista de su arquidiócesis Desde la fe, han ido mucha más allá del matrimonio homosexual y se han extendido venenosamente al conjunto de la política de Peña Nieto.

Para hacer frente a este escollo, Coppola tiene una carta de oro. El cardenal Rivera ha de presentar su jubilación el año próximo. Es un trámite que en algunos casos puede tardar años en cumplirse y donde el nuncio juega un papel decisivo. La rapidez con que se le acepté y, ante todo, el talante de su sustituto marcarán la pauta de su mandato.

Su antecesor, enviado a Estados Unidos tras siete años de estancia en México, mantuvo un perfil diluido, que sólo ganó fuerza en los últimos años con la llegada al pontificado de Francisco. Aunque llegó a reprender a los prelados por su escasa capacidad pastoral, no logró marcar los límites a Rivera. Una debilidad que, de algún modo, muestra el poder que aún guardan los acólitos del legendario y denostado Girolamo Prigione (1921-2016).

Este nuncio, que guió con mano de hierro al episcopado mexicano desde 1978 a 1997, formó parte de la diplomacia más conservadora de Juan Pablo II. Fiel escudero del tenebroso secretario de Estado, Angelo Sodano, alentó los nombramientos de Rivera y del antiguo arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval, los líderes del ala más conservadora del episcopado. Aunque el dúo Prigione-Sodano logró éxitos indudables, como el reconocimiento jurídico de la Iglesia mexicana en 1991 y la reanudación de relaciones diplomáticas al año siguiente, su mandato es recordado por muchos como una pesadilla por el fervoroso apoyo que le brindaron al fundador de los Legionarios de Cristo, el pederasta Marcial Maciel. “Prigione fue un nuncio que se sintió dueño absoluto de la Iglesia mexicana y le impuso un sesgo muy conservador. Fue nefasto”, indica Barranco.

El nuevo nuncio difícilmente podrá alcanzar un dominio similar. Pero con el apoyo del Vaticano puede lograr un cambio en una Iglesia a la que el propio Papa ha reprochado su proximidad a “los faraones” y su pasión por las disputas palaciegas. “¡Si tienen que pelearse, peléense como hombres, a la cara!”, les llegó a decir en la catedral de la Ciudad de México, sede del primado Rivera. “No se necesitan príncipes”, zanjó. Ahora es el turno del nuncio Coppola de hacer realidad estas palabras.

El P. Valdemar responde a la "intimidación" del COPRED (ante denuncia de Pérez Vitela)

El 13 de septiembre pasado, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) dirigió un oficio al presidente del Consejo editorial del semanario Desde la fe, padre Hugo Valdemar Romero, a raíz del artículo publicado en el número 1020 titulado “No se nace homosexual” sobre investigaciones del estadunidense Richard Cohen quien, a lo largo de 26 años de su vida, se ha dedicado a trabajar con personas atraídas por otras del mismo sexo y que desearían llevar un estilo de vida heterosexual.

Al amparo de la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México, el director de Cultura por la No Discriminación, Lic Ricardo Iván Pérez Vitela, recordó en su libelo a Desde la fe sobre la obligación de las autoridades para garantizar a todas las personas el goce de derechos fundamentales sin discriminación alguna. Asimismo entregó el análisis fechado en marzo de 2015 sobre los estudios de Richard Cohen los cuales, a juicio de la autoridad, serían poco científicos y lesivos de los derechos de la comunidad LGBT  advirtiendo al presidente del Consejo Editorial del semanario, bajo un tono poco conciliador, el propósito del COPRED para censurar y sancionar cualquier opinión que pudiera generar climas de intolerancia, difamación y homofobia contra la dignidad de la comunidad lésbico, gay, bisexual, tras, de la capital.

A las aseveraciones del COPRED, Desde la fe respondió a través de un documento fundamentado sólidamente con argumentos de derecho y motivado en las libertades de todos los mexicanos consagrados en la Constitución de la República. En sus consideraciones, criticó la lectura parcial del COPRED a las opiniones de Richard Cohen y usar, como infundado instrumento legal, presuntos principios internacionales carentes de validez jurídica en el sistema jurídico de nuestro país

Abundando en sus razones, Desde la fe observó las tendencias del COPRED que insisten en calificativos contra la comunidad LGBT, advirtiéndole de “elementos poco jurídicos”, subjetivos y fantasiosos en lugar de la interpretación adecuada de la ley. Para el semanario de la Arquidiócesis de México es preocupante que la institución dedicada a velar por los derechos humanos y prevenir la discriminación, bajo la bondadosa idea del “diálogo social”, sostenga supuestos estudios subjetivos y prejuiciosos contra la sociedad heteronormativa.

Desde la fe señala la insistencia del COPRED en actitudes ministeriales y fiscalizadoras y de alinearse a minorías tendenciosas perturbando el orden del Estado laico al contaminarlo con ideologías alienantes del ser humano; abogó por el respeto la libertad de expresión como el primero de los derechos que afianzan la autonomía de la persona impidiendo así el control del pensamiento.

Al concluir, el director del Consejo editorial del semanario Desde la fe  afirmó su compromiso por el respeto de todos los derechos humanos sin distinción y pugnar por autoridades auténticas e imparciales  capaces de tender puentes en lugar de derribarlos bajo criterios falaces y subjetivos que en nada abonan a la construcción de la sociedad libre y virtuosa. (Seguir leyendo para ver el documento)