martes, 18 de octubre de 2016

11:50:00
MANCHESTER, Gran Bretaña, 18 de octubre.- El nuevo Manchester City, millonario proyecto cosido por Pep Guardiola, se pondrá este miércoles a prueba en el Camp Nou en un duelo con morbo porque el entrenador que dirigió una de las etapas más brillantes del Barça vuelve a casa. En mayo de 2015 ya se sentó en el banquillo visitante para dirigir al Bayern Múnich en las semifinales de la Champions, noche en la que sufrió un doblete de Messi (3-0). Ahora se examinará al frente de un club que le ha otorgado plenos poderes y en el que ha impuesto su ley desde el día de la presentación. Algunas costumbres y decisiones del español chocan con un fútbol tan tradicional como es el inglés.

Al aterrizar en el vestuario del Etihad Stadium, Guardiola repitió el mismo movimiento que tuvo cuando se hizo cargo del Barça. Si entonces sentenció a tres vacas sagradas como eran Deco, Ronaldinho y Eto’o (este último se quedó), en Manchester también tensó la cuerda. El señalado fue Joe Hart. Después de diez temporadas como guardián de la portería, 350 partidos con el primer equipo y pese a las reticencias de parte de la hinchada por la pérdida de un mito, el guardameta fue cedido al Torino. Amparándose en su mejor juego de pies para dar salida al balón, consiguió el fichaje de Claudio Bravo, otro ex que regresa este miércoles al Camp Nou.

Guardiola, en el último partido de la Premier frente al Everton. (AFP)

Los resultados han acompañado a Guardiola en el inicio de temporada y su estancia en Manchester ha resultado feliz, aunque el técnico llega a Barcelona tras un empate en la Premier League que ha llevado a su equipo a tener que compartir el liderato con el Arsenal. En la Champions también tropezó en casa del Celtic (3-3) y mañana afrontará una prueba de fuego. Metódico hasta el extremo, el técnico, como ya hizo en Múnich, ha incorporado un dietista a su cuadro de ayudantes. Que sus jugadores se alimenten bien es casi una obsesión y las pizzas tras los partidos han sido prohibidas en el vestuario del Etihad.

Los jugadores han desvelado públicamente algunas de las reglas instauradas por Guardiola en el vestuario. El español ha impuesto una férrea disciplina en un fútbol en el que seguir las normas no es precisamente la mejor de sus costumbres. El argentino Pablo Zabaleta descubría que el técnico obliga a los futbolistas «a desayunar juntos y almorzar en el club después de cada entrenamiento». Algo que en la Liga es habitual, ha modificado el ritmo de vida de una plantilla que no dispone de wifi en su vestuario porque su técnico tampoco quiere distracciones tecnológicas. No le gustó que uno de sus pupilos utilizará el móvil en la caseta y cortó el problema de raíz ordenando la desconexión.

Guardiola revolucionó el Barcelona al suprimir las concentraciones previas al partido y viajar el mismo día del encuentro, una costumbre que también ha instaurado en el Manchester City. Esta decisión sorprendió a una afición que poco a poco va descubriendo el particular libro de estilo de un técnico que en muchas ocasiones llega a la obsesión. Le gusta tener todo controlado y para ello cuenta con un grupo de dieciséis ayudantes, una cifra que también sorprende en las Islas. (ABC)