martes, 6 de septiembre de 2016

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Pedro Echeverría V.

1. En mi rumbo dicen que “es mejor pedir perdón que pedir permiso para hacer lo prohibido”. Un gobernante puede robar, desfalcar, reprimir, encarcelar, asesinar, hacer la guerra y no recibe castigo si pide perdón porque “Dios castiga sin piedra y sin palo”. Pero en México esto ya se convirtió en una burla desde que López Portillo siendo presidente (1976/82) pidió perdón a los campesinos y Peña Nieto hace unas semanas pidió perdón por su corrupción. Hoy se publica que el gobernador de Chihuahua cómodamente pidió perdón por los errores de su gobierno. ¡Qué buena salida! Con pedir perdón se lavan todas las culpas.


2. Eso de pedir perdón supongo que viene de la iglesia católica que busca castigar a quienes han violado los principios que estableció hace dos mil años. Según esto la idea es liberar a un “ofensor” de la culpa y restaurar la relación personal que existía ante de “la ofensa”; implica siempre una ofensa cometida contra la persona que extiende el perdón, y debería estar precedida por el “arrepentimiento” del ofensor. Y para rematar se explica que todos los hombres han pecado contra Dios y están “condenados a la muerte eterna” a menos que se arrepientan de sus pecados. ¿Pedir perdón es orden del PRI y el PAN para ganar votos?

3. Escuchaba decir a un comentarista del PRI: “Carmen Aristegui es una vengadora enemiga del presidente Peña porque no tiene en cuenta que Enrique ya pidió perdón de todo lo anterior y ahora lo acusa de hacer trampa con su título de abogado”. Sencillo: que Peña pida otro perdón advirtiendo o dejando claro que le servirá hasta el último día de su gobierno. Recuerdo muchas cartas que en el pasado concluían: “Ruego que perdones todas la faltas de ortografía porque las escribí de noche”. El perdón es un término tan manoseado que lo mismo sirve para gente honesta que para los malditos políticos, empresarios y demás que se pasan la vida jodiendo al prójimo.

4. Me parece extremadamente ridículo que los gobernantes pidan perdón por sus robos y cochinadas contra el pueblo. Mejor que se pongan a trabajar con honradez, con decencia, para que no se obliguen a ese trámite vergonzoso del perdón del que todos se burlan. Quizá quepan las “disculpas” cuando se hace algo sin darse cuenta, ignorando las cosas, pero cuando se está consciente, hay convicción y denuncias –como en los casos de políticos y empresarios- el perdón no soluciona absolutamente nada. ¿Pedir perdón por los 43 desaparecidos, por los asesinatos de Tlatlaya, Tanhuato o los 120 mil asesinados en el sexenio de Calderón? ¡No jodan!

5. Pienso que al pueblo le vale un carajo que el presidente, el empresario o cualquier personaje encumbrado pida perdón por los robos, represiones, asesinatos, ofensas de los Salinas, Zedillas, Fox, Calderón o Peña Nieto; también muchos nos carcajeamos por el cinismo y la ridiculez de esos dueños del poder; pero no debe olvidarse que los medios de información, como la tele y la radio, no se cansan de repetir la noticia del perdón hasta sensibilizar a las mentes débiles. ¿Para qué seguir repitiendo sobre los negocios en la compra de la “casa blanca”, de las represiones asesinas a estudiantes, profesores, campesinos, si ya el Presidente con toda humildad ha pedido perdón al pueblo?

6. No estoy enterado si en otros países de América Latina, si en Europa, si los yanquis, si otras religiones, usan ese término de perdón buscando lavar todos los errores, males o traiciones de los gobiernos. Yo no sé si el pueblo mexicano lo perdona todo o simplemente le importa un carajo. Obvio el perdón de los humildes por cosas insignificantes e diferentes al perdón demagógico que sólo busca limpiar el camino para seguir cometiendo fechorías sin freno. Ni modo el pueblo mexicano es muy creyente del castigo divino en el más allá para aquellos que en las tierra son los atracadores consagrados. ¿Puede frenarse el cinismo y la desfachatez? (5/IX/16)