viernes, 9 de septiembre de 2016

20:47:00
Armando "Catón" Fuentes Aguirre

La renuncia. Al mudito del pueblo le preguntaron su nombre. El muchacho encendió un cerillo y se lo acercó a la parte posterior de su cuerpo. Su mamá tradujo: “Dice que se llama Luciano”… Doña Macalota supo sin lugar a dudas que su calamocano esposo, don Chinguetas, andaba de picos pardos con una mujerzuela. Le reprochó su infame proceder que –sollozó– “hacía traición a la fe que él le había jurado al pie del ara cuando le dio el dulcísimo título de esposa”. Don Chinguetas le pidió comprensión. Dijo: “Son efectos de la juventud”. “¡Tienes 70 años, maldecido! –clamó doña Macalota pasando sin transición del gemiqueo al rebudio–. ¿Cuál juventud?”. “La de ella” –completó el tarambana… La linda chica le dijo a su pareja: “Bailas muy bien, Astero”. “Gracias –respondió él–. Es que tomé un curso de baile”. Continuó ella: “Y pones en tu manera de bailar un sello distintivo”. Explicó Astero: “Es que el curso era por correspondencia”… Rosilita, la pequeña vecina de Pepito, le contó: “A mí me trajo la cigüeña; a mi hermanito lo encontró mi mami entre las hojas de una col, y a mi hermanita la encargó a París”. Pepito le preguntó, intrigado: “¿Qué tus papás no saben follar?”… Mis cuatro lectores saben que me he asignado a mí mismo la modesta misión de orientar a la República. Difícil tarea es ésa, he de decirlo, pues la República se muestra casi siempre reluctante a mis orientaciones y se niega a atenderlas, tozuda y obstinada como mula manchega. No desespero, sin embargo, por aquello de que no hay peor sordo que el que no quiere ver. Prosigo entonces mi labor, que sería callada de no ser porque al hacerla acostumbro canturrear obras diversas, ya del repertorio clásico, como el lied Wie bist du, Frühling, gut und treu (¡Oh, primavera, cuán buena y verdadera eres!”), de Bruckner, ya del cancionero popular, como el precioso chotis “Monterrey”, de Aliber Medrano, cuyo estribillo dice: En la Plaza Zaragoza / los domingos se pasean / las muchachas más hermosas / de mi lindo Monterrey. Rara, rarísima vez mis orientaciones son oídas. La República me hace el caso del perro. Soy, yo también, vox clamantis in deserto. De vez en cuando, empero, mis admoniciones reciben atención, y eso me da alientos para perseverar. Tal fue el caso de lo sucedido ayer. Apareció mi columna, en la cual le sugerí a Peña Nieto la conveniencia de pedirle la renuncia a Luis Videgaray por haberlo metido en esa pejiguera que fue la invitación a Trump y su visita. No habían transcurrido muchas horas desde que ese texto mío vio la luz cuando se produjo la renuncia del Secretario de Hacienda. Su salida era lo menos que se podía hacer para atenuar un poco los efectos en la opinión pública de esa malhadada acción que en todos los tonos la ciudadanía le ha reprochado al Presidente. La medida será positiva, creo yo. En adelante ningún miembro del Gabinete se atreverá a andar de nalgapronta –perdón por el culteranismo– invadiendo funciones que no le corresponden y arrogándose papeles de artífice del bien de la Patria. En este México de ineptitud y corrupción en el que nunca pasa nada, ahora por fin sucedió algo… Los cazadores discutían cuál es el animal de peor carácter en la naturaleza. Uno dijo que era el monstruo de Gila. Otro opinó que el dragón de Komodo. Un tercero mencionó al búfalo africano. Don Huberto declaró que el animal más hosco del planeta es el Enka Bronado. Describió: “Tiene la cabeza 10 veces más grande que el resto de su cuerpo, tanto que su peso le impide subir sobre la hembra”. Inquirió uno: “¿Cómo celebra entonces el acto natural?”. “No lo puede celebrar –replicó don Huberto–. ¿Por qué creen que se llama como se llama?”… FIN.

¿Buenas costumbres? El príncipe de Gales visitó Fidji a principios del pasado siglo. Las bellas isleñas recibieron el encargo de formar valla para recibirlo, pero como acostumbraban llevar el busto al aire –quiero decir que andaban topless– el Gobernador les pidió que se lo cubrieran a fin de no faltar al decoro del ilustre visitante. Así lo hicieron las hermosas jóvenes: al tiempo que el príncipe iba pasando se alzaban las faldas para taparse el pecho, aunque al hacerlo destapaban otra parte de mayor reserva. Con eso quiero decir que la moral es cosa relativa. Para algunas iglesias el asesinato es un pecado menos grave que la fornicación o el adulterio. Doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, le impone a su empleada doméstica trabajos excesivos; le raciona la comida y le paga un salario miserable, pero se considera abanderada de las buenas costumbres y tacha de inmorales los cuentecillos que aquí salen; dice que están contribuyendo al resquebrajamiento de la sociedad. Su esposo don Trisagio tiene hijos con otra mujer; recientemente embarazó a su secretaria y, sin embargo, dice que el matrimonio igualitario es una inmoralidad, e irá vestido de blanco a la manifestación en defensa de la familia. No es de extrañar, entonces, que doña Tebaida, aconsejada por su marido, haya negado su Nihil Obstat al chiste que viene hoy al final de esta columna. No negaré que quizás esa historieta atenta contra el buen gusto, pero en ella hay más de absurdo que de inmoral. Dejo a mis cuatro lectores la sentencia definitiva sobre el caso. Lean ese chiste más abajo… Coleccionar timbres postales. Armar rompecabezas. Leer las Obras Completas de Vicente Lombardo Toledano. Escribir un ensayo acerca de la influencia de Keats, Browning y Burns en la formación del rap. Hornear galletitas para la merienda. Ver en la tele los partidos de la Liga Nacional de Cricket en Paquistán y Kenia. Encender cabezas de cerillos concentrando en ellas un rayo de sol proyectado a través de la lente de una lupa. Memorizar “La Jerusalén libertada”, de Torquato Tasso. Jugar Candy Crush. Todo eso podrá hacer en su tiempo libre don Luis Videgaray. También podrá asesorar con discreción al presidente Peña Nieto en asuntos económicos y de bienes raíces (no de política internacional). Quizá su amigo pueda dejarle el mismo sueldo que percibía como secretario de Hacienda: amistad que no se refleja en la nómina es pura demagogia. Una cosa no deberá hacer don Luis: postularse para un puesto de elección. Después de la debacle originada por el affaire Trump eso pondría en apuros a su jefe y a su partido. No piense por ahora en un gobierno de Estado, una diputación, una senaduría, una alcaldía, y ni siquiera en un cargo de regidor o síndico. Ya vendrán tiempos mejores. Los de ahora no son propicios para saques de cabeza…  Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, le preguntó al gerente de la tienda: “¿Hoy es la venta de empleados?”. “Así es” –contestó el funcionario. Pidió la señorita Sipitier: “Quiero aquel alto, moreno, de bigotito”. (De milagro no le preguntó el gerente: “¿Se lo envuelvo o se lo lleva puesto?”)… Tras de la pérdida del paraíso Adán vio venir a Eva con una manzana en la mano. “¿Otra manzana? –se espantó–. ¿No escarmentaste con la primera?”. Respondió Eva: “Ésta no es para ti. Es para el gorila”... Viene ahora el cuento que doña Tebaida Tridua reprobó… Afrodisio Pitongo le contó a su amigo Libidiano: “Conocí a una muchacha extraordinaria. Tiene tanto pelo que se hace cola de caballo”. Dijo Libidiano: “Muchas mujeres se hacen cola de caballo”. Replicó Afrodisio: “No te dije dónde se la hace”… FIN.