martes, 30 de agosto de 2016

23:34:00
Pedro Echeverría V.

1. Con tanto desempleo, salarios miserables y hambre, no entiendo por qué el pueblo mexicano ha resistido tantos años sin una gran rebelión en las calles. No solo es de números estadísticos decir que el 75 por ciento de la población mexicana vive en la pobreza, la miseria y el hambre; que el 22 por ciento vive como clase media alta y que el tres por ciento goza de la opulencia. No sólo está concentrada la pobreza y la miseria en el sur de México entre los indígenas y campesinos, también en el centro y norte del país las grandes ciudades están llenas de zonas miserables marginadas por el capitalismo. Allí están los pobres y oprimidos, no la delincuencia; ésta es la que se ha enriquecido con gran velocidad dentro el gobierno y el empresariado.

2. Comprendo que para evitar esas rebeliones del pueblo por miseria y descontento, los contenidos de la televisión, la iglesia, el futbol, el culto a la “belleza” y el trago, han sido maravillosos instrumentos de mediatización y control. Esos aparatos ideológicos de Estado que dominan propagando la modernidad desde los años cincuenta han sido usados con eficacia por la clase dominante para esconder la explotación y disfrazar la desigualdad. Pero a pesar de la dominación ideológica, de la televisión y la iglesia, no se puede esconder el terrible mundo de la miseria. Allí está ampliamente repartida en los 31 estados de la República y en la CDMX extendiéndose más y más sin que nadie la pueda ocultar.

3. Yo, como pinche clasemediero jubilado después de 42 años como profesor de primaria y de universidades, jamás tuve necesidad de robar o asaltar para vivir. Nunca voté ni pertenecí a algún partido electoral, por lo tanto jamás ocupé un cargo, cobré un salario de político, realicé algún negocio, recibí alguna “mochada” o desfalqué presupuesto público. Pero si no hubiese tenido un trabajo para mantener a mi familia sería el rey de las grandes tranzas al interior o exterior del gobierno. Y si no, hubiese sido un honorable, ladrón, secuestrador y hasta asesino. No lo hubiera hecho por malo o mal nacido, sino por ser un padre digno que tiene la obligación de ver por su familia. O sea, para el capitalismo y su clase dominante, sería un delincuente.

4. Por ello la palabra “delincuente” no me gusta, me siento ofendido cuando se trata de los desempleados, de los jodidos, de los proletarios, de los oprimidos. Me ofende más cuando sé, cuando conozco la historia de la acumulación de riquezas en el mundo y en México, que los verdaderos delincuentes están en los cargos más altos del gobierno, del empresariado, del imperio. ¿O alguien retrasado mental podría creer que los Rothschild, Rockefeller, Morgan, Slim, Azcárraga, Salinas Pliego, Larrea, se transformaron en los más grandes multimillonarios del mundo por que trabajaron mucho, les cayó del cielo la riqueza, heredaron o tuvieron suerte? Nadie les llama delincuentes, pero su dinero lo obtuvieron por la explotación, el saqueo y el robo.

5. Por ello me irritan los llamados a los gobiernos estatales para asumir “su obligación y compromiso” de encabezar las tareas de atención a la seguridad pública; que el presidente Peña Nieto insista en que “las fuerzas federales estarán ahí donde se necesite para respaldar a las policías locales de una manera subsidiaria y temporal y no para suplirlas o remplazarlas”. Formalizó Peña la decisión de focalizar la estrategia de combate a los homicidios dolosos, en los 50 municipios del país que concentran el 42 por ciento de los delitos y que representan, indicó, el dos por ciento de los ayuntamientos de México. Le preocupa el repunte de delitos de alto impacto en los primeros siete meses del año, con relación al mismo periodo de 2015.

6. Si para crear empleos se requieren grandes inversiones y para que lleguen éstas se necesita que haya paz y seguridad en el país, se olvida que en México hay más de tres mil multimillonarios que tiene colocados su dinero en bancos extranjeros, que tienen grandes inversiones en una veintena de otros países y que –a pesar de sus enormes ganancias, no los obligan a pagar el porcentaje de impuestos en México para que no se enojen. Entonces, como ellos no son catalogados como delincuentes, pueden hacer con sus dineros y sus enormes riquezas lo que les venga en gana. Por ello los discursos de Peña y Osorio hablando de seguridad y preparando más asesinatos a los sectores miserables, me irritan.

7. Siguen tratando los políticos el problema como de “policías y ladrones” como si no hubiesen estudios profundos que demuestran que el problema es la desigualdad económica, política, social. Aunque el maldito gobierno siga preparando al ejército, a sus marinos, a su policía, en las escuelas militares de los EEUU, Colombia e Israel, jamás podrá acabar con el problema social que significa grandes diferencias de clase. Lo único que provoca el gobierno con la represión, el encarcelamiento y los asesinatos, es que la gente aprenda más rápido a organizarse y a salir a las calles a una rebelión tan necesaria. Por ello hay que gritarles: “Cínicos y farsantes, los delincuentes no están abajo sino montados en el gobierno y el empresariado”. (30/VIII/16)