jueves, 14 de julio de 2016

09:47:00
Carlos Loret de Mola Álvarez / Historias de reportero
Dicen que todos tienen una debilidad. El Chapo y La Tuta cayeron por sus esposas. El Chayo, por su novia. Quienes forman los cuerpos de inteligencia del gobierno que los han perseguido y detenido me cuentan que cuando detectan a su debilidad —una esposa, una hija, un pasatiempo— es cosa de días para que sean aprehendidos.
A uno de los capos más poderosos del país, Héctor Beltrán Leyva, alias El H, lo capturaron por antojadizo. Dicen que no hay sinaloense que no añore unos buenos mariscos y una cerveza para comer. Y así le pasó al de Badiraguato:

Héctor Beltrán Leyva, El H, al ingresar a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) de la PGR, en octubre de 2014. (Cuartoscuro)

La ventaja que tuvieron los oficiales de la Marina Armada de México es que El H vivía en San Miguel de Allende y, a diferencia de Mazatlán o Culiacán, en ese municipio de Guanajuato no hay muchas marisquerías. Así que cuando interceptaron los antojos del “patrón”, vigilaron la más cara. Y hasta ahí llegó. Acompañado de Germán Goyeneche, figura del Partido Verde Ecologista.

Según fuentes federales que hablaron conmigo a condición de mantenerlos en el anonimato, el trabajo coordinado entre la Marina y el Centro de Investigación en Seguridad Nacional (Cisen) permitió primero ubicar a Héctor Beltrán Leyva en un lujoso fraccionamiento de Juriquilla, Querétaro. Usando un nombre falso, se hacía pasar como un cotizado vendedor de arte. Las autoridades descubrieron que ni siquiera sus empleados de servicio doméstico sabían en realidad de quién se trataba…

Hasta que una noche todo se salió de control: en una fiesta, según consta en el expediente que sigue la PGR, mató a tiros al velador porque lo acusó de robar una preciada joya familiar que solía estar en un altar dedicado a su hermano, Arturo Beltrán Leyva, alias El Grande, ultimado por la Marina en un operativo en Cuernavaca en diciembre de 2009.

Así lo detectaron.

El operativo para capturarlo estaba listo. Pero El H se salvó.

De última hora, las fuerzas especiales de la Marina recibieron la orden de viajar a Cancún, Quintana Roo, porque, de acuerdo con los análisis de información e intercepción de comunicaciones que realizó el gobierno federal, Servando Gómez Martínez, alias La Tuta, estaría reuniéndose con su hermano en el centro comercial La Isla. Y en ese momento político, La Tuta era por mucho el objetivo prioritario de la administración Peña Nieto.

Resultó una pista falsa. La Tuta no estuvo ahí y El H se escabulló de Juriquilla.

Pero volvió a aparecerles en el radar en San Miguel de Allende, y ahí le cayeron. En una marisquería. De mesa a mesa. Cuatro de la Marina camuflados como comensales neutralizaron a Héctor Beltrán y Germán Goyeneche, sin necesidad de disparar. Fue el 1 de octubre de 2014.

Cuentan que desde el momento mismo en que se vio cercado y se rindió, El H dijo a sus captores que Goyeneche no tenía nada que ver en la organización. Con información del Cisen y testimonios de la Marina lo acusaron de ser el operador financiero del cártel, pero los jueces lo exoneraron y liberaron. El H sigue en el penal del Altiplano.