jueves, 16 de junio de 2016

15:18:00
CHOCHOLÁ, Yucatán, 16 de junio.- Con su calabazo al hombro, el “sembrador” en la mano y mucha determinación de trabajo, Arsenio Mena Canul es un milpero de este municipio que, a sus 53 años de edad,  recibe los beneficios del programa de maíz mejorado y confía en la generosidad de Dios.


Uno de los más de 20 mil beneficiarios de la entrega de semillas de maíz, el milpero de Chocholá expresa que “el campo es mi vida, ahí crecí y sigo adelante con la confianza de que las lluvias harán germinar la siembra”.

Hombre de trabajo y pocas palabras, Arsenio recuerda que desde los 12 años, siendo muy “chavo”, su papá, Celso Mena Aragón, lo llevó a la milpa y de ahí nació el cariño por la tierra, y aunque no tuvo oportunidad de estudiar, la agricultura es su pasión.

“Yo siembro calabaza, espelón, frijol, Ibes y hago carbón. Y con mi familia atiendo un apiario. Esta es mi vida”, subrayó, mientras camina en el suelo pedregoso sembrando la semilla mejorada de maíz que el Gobierno de Estado, a través de la Secretaría de Desarrollo Rural, le entregó recientemente.

“Lo que ruego es que la lluvia no falte”, añadió.  Arsenio siente que tiene un compromiso es con la tierra. Todos los días se levanta muy temprano y camina, aproximadamente tres kilómetros, hacia su parcela, ubicada en las afueras de Chocholá. 

Para la siembra de semillas de maíz, el requirió del apoyo de su amigo Virgilio Quintal, con quien labra la tierra todos los días. “Mi papá viene de vez en cuando. Ya es grande, tiene 80 años”.

Hace poco aplicó el ancestral sistema de roza, tumba y quema. Por eso su parcela está limpia, aunque llena de troncos y muchas piedras.

Los resultados que obtiene de la generosa tierra le sirve para vivir y los excedentes para vender. (Boletín)