lunes, 13 de junio de 2016

16:12:00
YAXCABÁ, Yucatán, 13 de junio.-En este apartado rincón de la zona centro-sur de Yucatán, que se cree que fue erigida por el único Cocom que sobrevivió a la destrucción de Mayapán en 1441, y cuyo nombre significa “Lugar de Tierra Verde”, vive Fernely de Jesús Pacab Alcocer, un campesino de 52 años de edad, que por primera vez sembró semillas de maíz mejoradas que el Gobierno del Estado le entregó recientemente.

Sobreviviente tal vez de esa legendaria estirpe, arropado por el fresco de la mañana, Fernely deja caer con fuerza una lanza de madera con punta de acero -sembrador- en la tierra recién mojada por el rocío y la lluvia del día anterior, y toma un par de semillas de maíz de un bote de plástico atado en su cintura y lo arroja al surco con la firme confianza de que en pocos días verá emerger una pequeña planta, como lo hacían sus ancestros mayas.

“Con estas semillas mejoradas tendré abundante cosecha. Y agradezco nuevamente al gobernador Rolando por crear este programa que ayuda a muchos milperos de esta zona”, expresó.

“Estoy muy contento porque el Gobierno del Estado me dio estas semillas para sembrar maíz para alimentar a mi familia. Es la primera vez que me dan la semilla mejorada, sé que rendirá buen fruto, abundante. Y si sobra, pues lo venderé”, dijo mientras continuaba su tarea matutina.

Fernely se levantó antes de las cuadro de la madrugada y para desayunar  su mujer, María Martha Cox, preparó café y recalentó el frijol del día anterior. Poco antes que sus hijos Eyder, Clarisa y Melina, de 20, 15 y 10 años, respectivamente, se levanten para ir a la escuela, él se despidió de su esposa, subió a su bicicleta y se fue a su milpa.

El agricultor tiene dos hectáreas ejidales ubicadas a tres kilómetros de la cabecera municipal rumbo a Sotuta. Cuando llegó a la milpa, lo primero que hizo fue colocar varas delgadas separadas 80 centímetros unas de otras con el propósito de marcar las distancias de los mecates de su parcela.

“Yo no amarro un hilo como lo hacen muchos para trazar la línea de siembra, sino que me guío por las varas y a cada 20 centímetros pongo las semillas. Hay que tener cuidado porque las filas siempre hay que orientarlas hacia donde nace el sol. Esa es la costumbre que heredé de mis padres y abuelos”.

Mientras siembra, Fernely explica que al caminar hay que tener cuidado de no caer en los agujeros que hacen las tuzas en la tierra.  Aunque el sol aún no pega con rigor, él bebe agua de una botella de plástico que trajo consigo. “Hoy no traje pozol porque la siembra será rápida”. Y efectivamente, antes de las 10 de la mañana —antes que caliente el sol—sembró una importante extensión.

“Con estas semillas mejoradas tendré abundante cosecha. Y agradezco nuevamente al gobernador Rolando por crear este programa que ayuda a muchos milperos de esta zona”, expresó.

Una vez cumplido con su deber, el milpero se sube nuevamente a su bicicleta y regresa a su casa, con la certeza que las lluvias, que ya empezaron a caer, hagan germinar las semillas mejoradas.