viernes, 24 de junio de 2016

23:43:00
EREVÁN, Armenia, 24 de junio.- En su discurso dirigido al Presidente, las autoridades civiles y el cuerpo diplomático de Armenia, el Papa Francisco afirmó que la humanidad debe aprender de las trágicas experiencias del pasado para “evitar el peligro de volver a caer en tales horrores” como el genocidio armenio.

El genocidio armenio fue la masacre perpetrada por el Imperio Otomano, la actual Turquía, en la que 1,5 millones de armenios murieron asesinados entre 1915 y 1923; una masacre que los turcos no admiten como genocidio.

“Teniendo ante los ojos los terribles efectos que en el siglo pasado causaron el odio, los prejuicios y el deseo desenfrenado de poder, espero sinceramente que la humanidad sea capaz de aprender de esas trágicas experiencias a actuar con responsabilidad y sabiduría para evitar el peligro de volver a caer en tales horrores”, dijo el Papa.


Acompañado de su séquito, el Santo Padre sostuvo en Ereván (Armenia), un encuentro con el Presidente Serzh Sargsián, a quien le obsequió una medalla de la visita apostólica con la imagen de San Gregorio el Iluminador, fundador y patrón de la Iglesia apostólica armenia. El regalo fue elaborado por la artista Danila Longo.

Antes de la alocución del Pontífice, el mandatario armenio pronunció un discurso en el palacio presidencial en el que hizo un breve repaso a la historia cristiana de Armenia y la gran importancia de la fe en esta nación.

Sargsián resaltó que “el cristianismo es más que una religión para nosotros. Es un estilo de vida que ha insertado en el pueblo armenio el deseo de vivir en paz y la filosofía de superar las dificultades con moderación y dignidad”.

Dirigiéndose al Santo Padre, el mandatario dijo que “mientras más cristianos somos, más respetamos y apreciamos la fe de otros, más tolerantes y amantes de la paz nos hacemos, capaces de coexistir pacíficamente con otros pueblos y cuidamos incluso mejor el legado cultural y espiritual de otros en nuestra tierra”.

Por su parte, el Papa Francisco resaltó la importancia de la tarea de la Iglesia por el respeto de los derechos humanos y los valores en el mundo.

Por ello subrayó que “es vital que todos los que confiesan su fe en Dios unan sus fuerzas para aislar a quien se sirva de la religión para llevar a cabo proyectos de guerra, de opresión y de persecución violenta, instrumentalizando y manipulando el santo nombre Dios”.

“En la actualidad, igual e incluso tal vez más que en la época de los primeros mártires, los cristianos son discriminados y perseguidos en algunos lugares por el mero hecho de profesar su fe, mientras que en diversas zonas del mundo no se encuentra solución satisfactoria a muchos conflictos, causando dolor, destrucción y el desplazamiento forzado de poblaciones enteras”, denunció.

Luego de resaltar la importancia de que los responsables de las naciones trabajen por la paz, Francisco se refirió al genocidio armenio, que en el país es conocido como “El Gran Mal” y afirmó que “aquella tragedia, por desgracia, aquel genocidio, inauguró la triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado, causadas por aberrantes motivos raciales, ideológicos o religiosos, que cegaron la mente de los verdugos hasta el punto de proponerse como objetivo la aniquilación de poblaciones enteras”.

En palabras improvisadas, el Papa dijo al Presidente armenio que “es tan triste como en esto (…) las grandes potencias internacionales miraban a otra parte”.

“Rindo homenaje al pueblo armenio, que, iluminado por la luz del Evangelio incluso en los momentos más trágicos de su historia, siempre ha encontrado en la cruz y en la resurrección de Cristo la fuerza para levantarse de nuevo y reemprender el camino con dignidad”, prosiguió.

El Papa dijo luego a los presentes en el palacio presidencial que la historia de Armenia “está unida a su identidad cristiana, custodiada durante siglos. Esta identidad, en vez de ser un obstáculo para una sana laicidad del Estado, más bien la reclama y la alimenta, favoreciendo participación ciudadana de todos los miembros de la sociedad, la libertad religiosa y el respeto a las minorías”.

Para concluir, el Santo Padre hizo votos para que “Dios bendiga y proteja a Armenia, tierra iluminada por la fe, por el valor de los mártires, por la esperanza, que es más fuerte que cualquier sufrimiento”.(aciprensa)