miércoles, 14 de octubre de 2015

02:16:00
WASHINGTON D.C., 14 de octubre.- Hillary Clinton y su más serio rival en la interna, el senador “socialista” Bernie Sanders, se trenzaron esta noche en el primer debate entre los precandidatos demócratas a la Casa Blanca: uno de los momentos en los que los dos favoritos se sacaron chispas fue cuando discutieron sobre socialismo y capitalismo. La ex secretaria de Estado se movió con solidez y comodidad durante la contienda, incluso cuando la cuestionaron por el escándalo de sus emails, y Sanders confirmó porqué se ha convertido en una de las sorpresas de la campaña.

El senador por Vermont, que viene en ascenso en las encuestas, estuvo en el centro de la escena estos últimos días al decir que era un "demócrata socialista”, una palabra que causa escozor en la mayoría de los estadounidenses, según los sondeos. Cuando le preguntaron si un socialista podía ganar las elecciones en Estados unidos, él señaló que no era “capitalista de casino” y que quería una mejor distribución de la riqueza, un modelo como Dinamarca o Noruega, donde los trabajadores son protagonistas.

Los dos principales candidatos demócratas a la Presidencia de EU se enfrascaron en su primer debate con miras al 2016. Entre los temas que se debatieron durante el evento, había uno que tanto el senador Bernie Sanders como Hillary Rodham Clinton querían dejar de lado: ellos ya no quieren hablar más del manejo del correo privado de Hillary Clinton, cuando era secretaria de Estado.

Rápida de reflejos, Hillary disparó: “A todos nos gusta Dinamarca, pero no somos Dinamarca, somos Estados Unidos”. “Cuando pienso en capitalismo pienso en todos los negocios para la clase media que hemos generado”. Sanders replicó: “Todos sabemos que somos un gran país de emprendedores pero no significa que todos los ingresos deban ir al 1% de los más ricos”. Cuando se le preguntó a la ex primera dama que definiera si era “progresista o moderada”, ella dijo “progresista”, pero a la vez pragmática.

“Soy el único candidato que no es millonario”, resaltó con cierta malicia más tarde Sanders cuando se habló de postulantes del establishment. Ella dijo: “No estoy compitiendo porque mi apellido sea Clinton. Quiero mejorar el país”.

Con incisivas preguntas del moderador Anderson Cooper, de CNN, la desigualdad y la clase media empobrecida fueron los temas que dominaron el debate, en el que también se habló de los excesos de Wall Street, de armas, de los problemas raciales, de medio ambiente, de los inmigrantes, de Siria y Rusia, entre otros.

Uno de las cuestiones más ríspidas para la primera dama era cómo iba a encarar el escandalo que se desató porque utilizó su mail privado en lugar del oficial cuando era secretaria de Estado y por eso está siendo investigada por el FBI y un comité del Congreso. Preguntada sobre el tema, Hillary acusó al comité de ser partidista y querer perjudicarla. “No quiero hablar sobre mis mails, quiero hablar sobre lo que interesa a los estadounidenses”, dijo.

Pero de pronto le surgió un aliado inesperado y Sanders dijo con gran énfasis: “¡A los estadounidenses no les interesan los malditos mails! ¡Hablemos de temas reales!”. Ese fue el momento más aplaudido de la noche. La gente que estaba en el auditorio de Las Vegas incluso se puso de pie. Contenta, Hillary le agradeció el gesto y le estrechó la mano a su rival.

Hubo un atril vacío reservado hasta último momento para el vicepresidente Joe Biden, que viene amagando con presentarse a la competencia pero aún no lo ha decidido. Si finalmente decidiera competir, sería un gran problema para Hillary porque restaría buena cantidad de votos a la ex primera dama. Por ahora, se mantuvo el suspenso.

Ubicada en el centro del escenario por ir primera en las encuestas, a Hillary se la vio sólida, preparada y tranquila, aunque no tuvo ocasión de mostrarse más humana, uno de los mayores problemas que tiene en su campaña. Sanders, con un estilo de profesor vehemente, habló de forma sencilla y directa, algo enojado por el sistema, siempre con los trabajadores y la clase media en el centro de su discurso. Se llevó buena cantidad de aplausos y mostró porqué tiene miles de seguidores, sobre todo entre los jóvenes.

El debate demócratas tuvo chispazos pero transcurrió sin agresiones ni golpes bajos como en los anteriores cara a cara del partido republicano, donde el polémico Donald Trump dominó el espectáculo. Anoche, las ideas se debatieron con mayor claridad y fue más sencillo ver las posiciones de cada candidato.

Los demás aspirantes -el ex gobernador de Maryland Martin O'Malley, el ex senador Jim Webb y el ex gobernador de Rhode Island Lincoln Chafee-, que exhiben índices de popularidad de un dígito, intentaron hacerse notar. O´Malley se manejó con simpatía y discreción, pero Webb y Chafee demostraron porqué están lejos en la carrera.(Paula Lugones / clarin.com / CNN)