viernes, 29 de mayo de 2015

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MADRID, España, 29 de mayo.- Comer menos sin llegar a la desnutrición prolonga la vida. Se ha demostrado en gusanos, moscas, ratones y también en «macacos rhesus», uno de los animales de experimentación más parecidos al hombre. El último ensayo probó que reduciendo en un 30 por ciento la ingesta diaria de calorías se reducía la mortalidad y las enfermedades relacionadas con el envejecimiento, como la diabetes y los problemas cardiovasculares.

La fórmula funciona, pero es aburrida y difícil de cumplir para la mayoría de la población. Además también tiene sus efectos secundarios: descenso de la libido, pérdida de masa ósea y fertilidad. En la revista «Cell», la Universidad de Sidney propone una alternativa que permitiría seguir comiendo con una dieta antienvejecimiento equilibrada. El «menú» de esta dieta incluye pocas proteínas y más hidratos de carbono saludables. Los beneficios son similares a los que se obtienen al reducir en un 40% la ingesta calórica, al menos en ratones.

Los investigadores del Centro Charles Perkins de la Universidad de Sidney compararon tres dietas diferentes que duraron ocho semanas, variando la proporción de proteínas y carbohidratos bajo condiciones donde la comida o era restringida o estaba siempre disponible para que los ratones comieran cuando y lo que desearan. De las tres, la dieta que consiguió efectos similares a dejar de comer fue la que consistente en menos proteínas y más alta en hidratos de carbono. Con este régimen de comidas mejoraron su sensibilidad a la insulina –relacionada con la diabetes tipo 2–, redujeron la glucosa y los niveles de colesterol, a pesar de seguir comiendo.

La explicación que ofrecen los investigadores australianos es que con esta estrategia el metabolismo de los ratones estuvo más activo que con una dieta baja calorías, y por eso no ganaron peso. Aunque reconocen que aún se necesitan más investigaciones para determinar si este tipo de alimentación afectaría a largo plazo a la salud y a la supervivencia. Así como determinar el tipo y la calidad de proteínas y de hidratos de carbono más eficaces para este propósito. «El próximo paso sería determinar exactamente cómo los aminoácidos, los ladrillos de las proteínas, contribuyen a la esperanza de vida», apunta Samantha Solon-Biet, del centro Charles Perkins.

De momento, nuestra investigación demuestra que incluir proteínas de forma modesta y gran cantidad de hidratos en la dieta será bueno para nuestra salud mientras envejecemos». (N.Ramírez de Castro)