jueves, 16 de octubre de 2014

03:00:00
NUEVA YORK, 16 de octubre de 2014.- El brote de ébola en Dallas no remite. Ayer se conoció un nuevo contagio del virus, el segundo que se produce en territorio de EE.UU. y en unas circunstancias muy similares al primer caso. Una nueva enfermera, identificada como Amber Vinson por fuentes familiares a Reuters y «Dallas Morning News», dio positivo el martes después de presentar síntomas.

La segunda enfermera de Dallas que se contagió de ébola tras atender a Thomas Eric Duncan, el primer paciente en ser diagnosticado con ébola en Estados Unidos, llegó a una unidad de aislamiento en un hospital especializado en Atlanta. (DPA)

Vinson, de 29 años, estaba dentro del equipo que trató al primer paciente de ébola en EE.UU., el liberiano Thomas Duncan, que falleció la semana pasada en el hospital Texas Health Presbyterian de Dallas. Otra de las enfermeras de ese mismo equipo, Nina Pham, dio positivo el fin de semana y está siendo tratada en el mismo centro médico.

Lo que ha alarmado a la opinión pública de EE.UU. es que Vinson viajó en avión pocas horas antes de acudir al hospital con síntomas. Fue un vuelo el lunes por la tarde entre Cleveland y Dallas, cuando el contagio de Pham ocupaba las portadas y los informativos en EE.UU.

«No tenía que haber viajado en un avión comercial», dijo ayer Thomas Frieden, el director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés). Sin embargo, el máximo responsable del control del brote del ébola aseguró que el riesgo de haber contagiado al resto de pasajeros es «extremadamente bajo», ya que no presentaba vómitos ni diarrea. Sí tenía algo de fiebre, admitió Frieden, 37,5 grados, y por esa razón no debía haber entrado en el avión.

El episodio es el último ejemplo en las fisuras de la gestión del brote de Dallas. La descripción más feroz la ofreció Deborah Burger, copresidenta de National Nurses United, el sindicato mayoritario de enfermeras de EE.UU.

Denuncias de improvisación

Burger leyó una carta en la que algunas enfermeras no identificadas del Texas Health Presbyterian –cuyo personal no forma parte del sindicato– denunciaban el caos y la improvisación en el tratamiento de Thomas Duncan. Según su relato, en su segunda visita al hospital –después de que en la primera le mandaran a casa a pesar de los síntomas y de decir que había estado en Liberia– Duncan estuvo varias horas no aislado, sino en una zona con «hasta otros siete pacientes».

Las trabajadoras denuncian que «no había protocolo», que tuvieron que improvisar cómo tratar los fluidos de Duncan con guantes que no estaban sellados en las muñecas, con batas ligeras que no cubrían sus cuellos y sin calzas quirúrgicas. Además, los responsables del hospital permitieron que las enfermeras que atendieron a Duncan «continuaran luego con sus tareas habituales de atender a pacientes».

La situación empeorará

«Creemos que lo que podríamos haber hecho mejor es la supervisión en la implementación de los protocolos», reconoció a la CNN la secretaria de Salud y Servicios Humanos de EE.UU., Sylvia Burwell. La funcionaria anunció más tarde que Vinson será trasladada para su tratamiento al hospital de la universidad Emory, uno de los cuatro centros dotados con unidades de biocontención en EE.UU. y donde ya se ha tratado a tres pacientes repatriados de África con ébola. Incluso Frieden ha reconocido que la crisis podría haberse gestionado mejor si Duncan hubiese sido enviado a uno de estos hospitales desde el principio.

Las autoridades no confían en que este sea el final del brote. «Nos estamos preparando para más casos, es una posibilidad muy real», dijo ayer el juez del condado de Dallas, Clay Jenkins. El alcalde de la ciudad, Mike Rawlings, reconoció las dificultades que tienen por delante: «Puede que la cosa vaya a peor antes de que mejore, pero mejorará». (Javier Ansorena / ABC)