jueves, 25 de septiembre de 2014

23:05:00
EL CAIRO, Egipto, 25 de septiembre.- Samira Saleh al Nuami era una conocida abogada de derechos humanos de Mosul. Litigaba en los tribunales en nombre de los más débiles y nunca hubo amenaza que la hiciera enmudecer. La semana pasada militantes del Estado Islámico asaltaron su hogar y la arrestaron. Padeció torturas durante los días siguientes y su vida se marchitó en una céntrica plaza de la segunda ciudad de Irak, donde fue ejecutada por un pelotón de enmascarados, ha confirmado este jueves la ONU.

Samira Saleh al Nuami era una prominente abogada de derechos humanos que había tachado en Facebook de "bárbara" la destruccion de mezquitas en la ciudad.

Su martirio comenzó el pasado 15 de septiembre. Samira publicó los comentarios en Facebook que dictarían su condena a muerte. En la red social tildó de "bárbara" la destrucción de mezquitas y santuarios cometida en Mosul por el IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés) desde que se hiciera con el control de la ciudad en junio. Dos días después, combatientes yihadistas allanaron su domicilio y la raptaron.


Durante las cinco jornadas de torturas que sucedieron a su secuestro, sus verdugos intentaron que se retractara de lo que había publicado. Al negarse, una corte islámica la declaró culpable de "apostasía". El pasado lunes fue ejecutada a sangre fría en una plaza pública de Mosul, enfrente de un edificio gubernamental en el barrio de Dawasa, ha precisado la oficina de la ONU en Irak a partir del testimonio de sus familiares, vecinos y colaboradores.

Los cabecillas del IS que gobiernan la ciudad impidieron además a sus parientes organizar el funeral. Según el testimonio de sus familiares, su cadáver presentaba señales de tortura. "Esta horrible ejecución pública -de una mujer valiente cuyas únicas armas eran las palabras que usaba para defender los derechos humanos de otros- pone al descubierto la falta de ideología del IS y sus afiliados", ha declarado desde Ginebra este jueves el alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU Zeid Raad al Husein.

La tragedia de Samira no es la única que asuela Mosul, donde la fundamentalista interpretación del islam impuesta por el IS ha sepultado a las mujeres bajo las telas de un niqab (la prenda que cubre todo el cuerpo excepto los ojos); las ha recluido en sus hogares; y las ha obligado a moverse acompañadas siempre de un tutor varón. La misión de la ONU en Irak ha recibido numerosas denuncias de ejecuciones de mujeres en Mosul y otras zonas controladas por los extremistas tras ser sometidas a juicios superficiales. "Las féminas educadas y profesionales parecen estar en peligro", subraya la ONU.

En los últimos meses varias políticas han sido ejecutadas por el IS en la provincia de Nínive, cuya capital es Mosul. El 22 de julio una candidata en las últimas elecciones generales fue asesinada. Un día más tarde una aspirante en los comicios provinciales fue liquidada y su marido secuestrado y otra compañera fue secuestrada. Desde entonces no se ha sabido nada de ella.

Vecinos de Mosul han relatado a EL MUNDO que las patrullas vigilan el cumplimiento de las normas. Las mujeres que no acatan las reglas son golpeadas y sus parientes varones castigados. Los yihadistas han secuestrado además a cientos de mujeres y niños de la minoría yazidí, que han sido forzadas a convertirse al islam, vendidas como esclavas o casadas con "muyahidines" (guerreros santos).

Desde que cayera en sus manos, los yihadistas han alterado la geografía de Mosul a sangre y fuego: miles de cristianos y chiíes han sido expulsados; las niñas mayores de 12 años han sido vetadas de las escuelas; la pólvora ha borrado estatuas y santuarios; y los cigarrillos, el alcohol y el narguile (pipa de agua) han sido erradicados. Se han convertido en corrientes las lapidaciones de hombres y mujeres por adulterio o las decapitaciones de personas acusadas de brujería. Según la ONU, la información reunida sobre los crímenes del IS detalla "actos de crueldad a una escala inimaginable".

El rigor del IS ha estrechado de tal modo la existencia de sus habitantes que ha terminado sembrando las primeras semillas de la ira. "Se respira mucho nerviosismo e indignación. Al principio la población dio la bienvenida al IS pero los terroristas atacaron a los cristianos y han impuesto la ley del más fuerte. Ahora solo los corruptos y los ignorantes les apoyan", relató hace unas semanas en una conversación telefónica con EL MUNDO Mohamed, un vecino de Mosul reticente a proporcionar su nombre por miedo a las represalias. (Francisco Carrión / El Mundo)