jueves, 17 de abril de 2014

23:11:00
MÉXICO, 17 de abril.- En México, dos de cada mil habitantes son portadores de la enfermedad de Parkinson, un padecimiento neurodegenerativo que provoca la muerte de neuronas en la sustancia negra del cerebro y puede causar rigidez en las extremidades, temblores, alteraciones en la postura, encorvamiento, dificultades para caminar e incluso inmovilidad, explicó en entrevista con motivo del Día Mundial del Parkinson, Alfonso Arellano, neurocirujano del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.


Hoy en día, el Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa en el país - la primera es el Alzheimer - con un registro de más de 500 mil personas con severas pérdidas de las células de la media luna del cerebro, conocida como masa o sustancia negra, las cuales tienen la función de enviar fibras a los tejidos ubicados en ambos hemisferios del cerebro para una vez colocados allí, liberar neurotransmisores (dopamina) esenciales para controlar el movimiento y la coordinación motora. 

Esta sustancia negra se ubica en la región donde se unen el cerebro y la médula espinal, y recibe su nombre por que algunas neuronas ubicadas en esa parte del cerebro producen un pigmento llamado melanina, cuya función principal en esta zona es ayudar a que tenga una coloración oscura.

Cuando la sustancia negra mantiene su color oscuro, el cerebro mantiene sus niveles adecuados de dopamina, un aminoácido con capacidad para transportar información de una neurona a otra y a otras zonas del cerebro. Si se presenta una deficiencia de esta sustancia, la masa negra pierde su coloración y los niveles de dopamina disminuyen de manera sustancial, reduciéndose la capacidad de movimiento y control, entre otras.

Algunos de los síntomas de esta enfermedad son la pérdida del balanceo normal de los brazos al caminar, trastornos del equilibrio, seborrea en la cara y cuero cabelludo, exceso de salivación, inexpresividad facial, alteraciones de la voz y depresión. 

No solo en adultos mayores

Si bien la mayoría de los casos se presentan en personas mayores de 60 años, en algunas ocasiones ocurre en menores de 40 años e incluso de 21. El tipo de Parkinson registrado en menores de 40 es conocido como de inicio temprano y se caracteriza por presentar una evolución más lenta y menor riesgo de deterioro mental. Sin embargo, es posible que merme las capacidades del individuo para llevar a cabo su actividad profesional o laboral.

En el caso del Parkinson que da a menores de 21 años se le conoce como juvenil y comparte los mismos síntomas del padecimiento en general aunque es la variante menos común.

Sobre los orígenes de la enfermedad en los jóvenes, Arellano comentó que son inciertos debido a que algunos estudios han registrado como posible causal la presencia de la parkina, una proteína de la cual se desconoce su función de manera precisa, pero que en últimos años se asociado su presencia a la muerte de las células. La respuesta no ha podido ser contundente, pues en otros casos, se ha visto que su ausencia también provoca una pérdida de funciones para ayudar a degradar algunas proteínas tóxicas.

Por el momento, comentó el neurocirujano, la única manera de controlar el padecimiento, sin importar su tipo, es por medio del tratamiento médico. 

El tratamiento

Una vez detectada la presencia del Parkinson, el primer tratamiento a utilizar son los agonistas dopaminérgicos, fármacos que sustituyen a la dopamina para interactuar con los receptores dopaminérgicos y evitar problemas motores y no motores propios del padecimiento.

Sin embargo, explicó el neurocirujano, al paso del tiempo, estos fármacos dejan de ser suficientes y se requiere de un cambio de esquema a levodopa, un precursor de la dopamina que al ingresar al organismo se convierte en ésta y llega a la parte del cerebro donde se requiere su interacción con los receptores para hacer las transmisiones necesarias y garantizar al cuerpo un funcionamiento motor adecuado.

En un principio, el beneficio es por siete u ocho horas. Un problema de este medicamento, indicó el especialista, es que a los ocho o nueve años de tratamiento es posible que el bienestar otorgado por el fármaco sólo sea de dos o tres horas, lo cual provoca que su ingesta deba de ser constante.

La estimulación cerebral profunda

Ante esta situación, queda la opción de la operación para la instalación de electrodos cerebrales que se conectan a un marcapasos y cuya función es enviar un impulso eléctrico a ciertos núcleos del cerebro de tal manera que modifican los circuitos cerebrales alterados por el Parkinson, obteniendo una mejoría sustancial.

En algunos casos ha permitido a personas volver a realizar sus actividades laborales y cotidianas sin ningún problema, e incluso, algunas personas que ya utilizaban sillas de ruedas, dejaron de hacerlo.

Además, en el caso de los pacientes jóvenes se logra mejorar su vida sexual a pesar de posibles alteraciones, sino es que “regularizar”, y en general, solucionar problemas como los trastornos del sueño, muy comunes en las personas con Parkinson.

Esta técnica recibe el nombre de estimulación cerebral profunda y consiste específicamente en la implantación de un dispositivo médico, similar a un marcapasos, cuya función es administrar la estimulación eléctrica en áreas específicas del cerebro para bloquear las señales provocadoras de los síntomas motores incontrolables del Parkinson.

La estimulación eléctrica puede ajustarse por algún especialista de forma no invasiva para aumentar al máximo los beneficios de la terapia. Como resultado, muchas personas logran tener un mayor control sobre los movimientos involuntarios de su cuerpo.

Este sistema tiene tres componentes: un electrodo, una extensión y un neuroestimulador. El electrodo es la parte que se implanta en el cerebro y está compuesto por cuatro cables delgados aislados colocados en espiral hasta la punta del electrodo.

El siguiente componente es la extensión que se coloca bajo la piel para permitir la conexión entre los electrodos y el neuroestimulador. Estos cables pasan por la cabeza, el cuello y el tórax superior.

Debajo de la clavícula o el abdomen, se implnata el neuroestimulador, un dispositivo pequeño, similar a un marcapasos cardíaco, cuya tarea es generar los impulsos eléctricos necesarios para estimular al cerebro. Esta parte del circuito es la que contiene la batería y el desarrollo de nuevas tecnologías por parte de desarrolladores como Medtronic permiten que la fuente de energía se reemplace sin necesidad de cambia al marcapasos.

Sobre la terapia, Arellano consideró necesario advertir que no cura el Parkinson, pero si mejora de manera sustancial la presencia de síntomas de la enfermedad.

Los candidatos

Estos electrodos sólo pueden colocarse en aquellas personas evaluadas por neuropsiquiatras, neuropsicólogos y neurocirujanos, explicó el médico, a fin de tener un diagnóstico integral, ya que, comentó, no todas personas con esta enfermedad neurodegenerativa son candidatas a la operación.

El neurocirujano indicó que es necesario tomar en cuenta que el Parkinson tarda en manifestarse cinco años, y por tanto, no es recomendable hacer una intervención quirúrgica antes de ese período de tiempo. Además, comentó, debe existir en la persona un estado cognitivo (memoria y capacidad de abstracción) adecuado que no muestre datos de deterioro, lo cual es posible en uno de cada cinco casos, y un bienestar emocional.

Añadió que de preferencia, los pacientes tuvieron que haber mostrado buenos resultados con el uso de la levodopa; deben ser menores de 70 años, y no presentar diabetes, hipertensión o ataques cardíacos, aunque cada caso se puede revisar por separado.

Para el especialista, si bien es cierto que la instalación de estos electrodos no cura la enfermedad, si mejora la calidad de vida de la persona, ya que ayuda a reducir el temblor del cuerpo, a caminar, reduce la lentitud y disminuyen las dosis de levodopa en más de un 50 por ciento.

Sobre esto último, Arellano explicó que la persona requiere de tomar medicamentos ya que el Parkinson presenta síntomas motores y no motores, en el caso de éstos, se requiere de la levodopa para controlarlos. La realidad, afirmó, es que en algunos casos, el paciente ha dejado de tomar la levodopa debido a la excelente respuesta de los electrodos.

Asimismo, los riesgos durante la operación son mínimos, estudios a nivel global han mostrado que sólo en tres por ciento de los casos se ha reportado una hemorragia cerebral, y de éstos, sólo uno por ciento fue grave. En el caso de las infecciones, el registro ha sido de entre un tres y cuatro por ciento.

La duración de la batería del marcapasos es de entre 9 y 10 años con posibilidad de reemplazo. Si bien, aclaró el médico, se podría pensar que el costo inicial de la terapia es notable, el costo beneficio es mayor a si se toman puros medicamentos durante el mismo período de tiempo, ya que, recordó, conforme avanza la enfermedad, se requiere un mayor consumo de fármacos, y en el caso de quienes están sujetos a la terapia de estimulación cerebral profunda, el consumo es cada vez menor.

Actualmente, esta terapia está disponible en algunos sistemas públicos de salud. (Leonardo Bastida Aguilar para NotieSe)