sábado, 15 de marzo de 2014

16:25:00
MÉRIDA, Yucatán, 10 de febrero.- A continuación reproducimos la carta de un ex trabajador de Grupo Megamedia -empresa integrada por socios anónimos que es dueña de varios medios publicitarios y noticiosos- quien alega haber sido "invitado" a renunciar injusta y arbitrariamente. El mensaje fue enviado a numerosas personas a mediados del año 2011:


Logo de "Grupo Megamedia"

A toda la Redacción del Diario de Yucatán

Hoy hace un mes que me desligué de Megamedia en circunstancias inesperadas para mi. Unas cuantas horas después de mi salida de la empresa me enteré que cada uno de ustedes recibió un correo informando, desde un punto de vista unilateral y manipulado, de los motivos por los que se pidió mi renuncia.

Con el ánimo de tratar de poner las cosas y a cada quien en su lugar me atrevo a enviarles mi versión de los hechos. Como debe corresponder en una sociedad informada, con la versión que ya tienen y la que aquí les expongo, podrán formarse su propio criterio.

1. A principios de febrero pasado le informé a Beto González que mi familia tenía deseos de regresar a Cancún, pues no logró adaptarse a Mérida. Para entonces ya se hablaban de los planes de tener nuevamente una edición del Diario para Quintana Roo y Campeche. Decido entonces plantearle a Beto que, si se concretaban los planes, me gustaría regresar a mi estado como responsable de ese proyecto. El me dice que los únicos planes que tiene la empresa para mi son los de que me siga desarrollando en Mérida y que, en caso de aceptarse mi regreso a Cancún, sería bajo condiciones laborales diferentes. Quedamos que más adelante platicaríamos del asunto, conforme se fueran tomando las decisiones al interior de mi familia.

2. A principios de marzo, a días de que saliera la edición de Quintana Roo, hablo con Olegario Moguel sobre el mismo tema. Le informo lo que había platicado con Beto. Olegario me dice textualmente: “¡Viéndolo fríamente, no está mal que regreses. Así me resuelves un problema que ni Beto y menos Ariel (Sosa) me han resuelto sobre quién se hará cargo del proyecto de Quintana Roo!” y me pregunta: “Es más ¿puedes irte de una vez? Le manifiesto que preferiría esperar a que terminara el ciclo escolar y acepta. También me dice que al tratarse de un asunto familiar, y al ser Megamedia una empresa preocupada por las familias, me apoyarían con mi regreso, como se ha hecho en otros casos. Me aclara que las condiciones económicas serían diferentes. Yo le digo que estoy dispuesto a hacer un sacrificio.

3. A mediados de mayo informo a Beto y a Olegario que era un hecho el regreso de mi familia a Cancún y que, por tanto, yo también tendría que regresar. Quedan en analizar las condiciones.

4. A principios de junio Beto me pregunta si es un hecho mi regreso a Cancún. Me manifiesta que necesita saberlo para hacer los movimientos de estructura de personal y costos en la Redacción. Le digo que sí. Me pregunta entonces que cuándo renunciaría. Me extrañé porque, por lo menos eso había entendido, no se había hablado de renuncia, sino de un traslado.

5. En la familia reanalizamos el asunto y llegamos a la conclusión de que si se trataba de una renuncia, no era una vía que nos conviniera. Así se lo hago saber a Beto a mediados de junio. El me dice que ya era tarde, porque los movimientos de estructura ya estaban hechos y para fines financieros el Primer Cuaderno ya costaba más barato al ya no estar considerado en él. “Estamos esperando a que renuncies”, me dice. Le respondo que no, que no renunciaré. Entonces me dice que se lo planteará a Olegario. Días después le pregunto sobre lo mismo y me dice que el tema ya estaba en manos del director de Información. Hablo con Olegario y me dice que es un tema que se tendría que analizar. Que las corridas financieras sin mi ya estaban hechas y que mi permanencia daba al traste con los números. Me dice que se hará un “análisis político y financiero” sobre mi permanencia. “Puede ser que el análisis financiero diga que no es viable, pero a lo mejor el análisis político se impone”, me dijo. Cantinflas hubiera sido más claro. Siguieron dos semanas de incertidumbre: ni Beto, ni Olegario hablaban del asunto y lo peor, esquivaban hasta mi saludo.

6. El 1 de julio me llaman a Recursos Humanos. En una mesa ya me esperaban Ricardo Juaristi, Olegario, Beto y Luis Celaya. Una reunión muy costosa para Megamedia por los sueldos que devengan sobre todo los tres primeros. ¿Eran necesarios tantos para darme la noticia? Si querían dar imagen de fortaleza institucional, lo que dejaron ver fue su enorme debilidad como personas. En esa reunión de casi media hora Beto González me reseña lo que ustedes ya saben, mis supuestas faltas al Código de Ética. Al respecto les expongo lo siguiente:

A). A los pocos meses de llegar a Mérida, a raíz de los comentarios de lectores en Internet, surgió una preocupación por diversificar las voces que se hacían escuchar a través de los diversos canales de difusión de Megamedia. Las que habían, según se reconocía, eran panistas o por lo menos identificados con el panismo. Entonces, se deseaba tener a uno que otro priista. Beto me pide contactar al diputado Ramírez Marín. A Pablo Cicero le encarga a Dulce María Sauri. Busco el contacto con Ramírez Marín a través de un amigo suyo en la redacción, me invita a desayunar, con ese amigo suyo siempre presente… Platicamos de muchas cosas, sale a relucir que soy nuevo en Yucatán, me pregunta dónde vivo, le digo dónde, me pregunta que si tengo alberca, le digo que no. Le comento que mis hijos estarían felices con una en la casa, pero le platico que mi esposa no está de acuerdo, porque tres de sus sobrinos murieron ahogados… A los pocos días a través del mismo intermediario me llega su ofrecimiento: te apoyo con la maquinaria para hacer la alberca. Le mando un agradecimiento y le recuerdo la aversión de mi esposa a ese tipo de instalaciones.

B). Pasa el tiempo y ya como presidente de la Cámara de Diputados distribuye iPads entre los legisladores federales. A manera de broma, le digo a su contacto en la Redacción: “dile que lleguen los iPads”. Fue el único comentario que hice entre carcajadas de quienes lo escucharon y creí que se entendió como tal, como broma.

C). También se me acusó de utilizar mi cargo en Megamedia para sacar provecho personal, al hacer gestiones con el entonces alcalde César Bojórquez para que pavimentara la calle de mi casa. Para empezar, los vecinos de la zona habían hecho la gestión desde meses atrás y, en todo caso, no fue para un provecho particular o exclusivo mío, sino comunitario. A mi regreso a Cancún el pavimento se quedó donde lo tendieron, es decir, beneficio personal no fue. Además, antes de hacer la petición le pedí permiso a Beto González. Le pregunté que si podía hacerlo y que si pudiera haber algún problema que me lo dijera. Me respondió que ninguno, que podía hacerlo, por lo que planteé la petición en una de las tantas visitas que hizo el Diario César Bojórquez como alcalde.

Así como Beto me pidió contactar al diputado Ramírez Marín, también me “sugiere” hacer lo mismo con la alcaldesa Angélica Araujo, aprovechando que la funcionaria me envió un regalo de cumpleaños que recibí previa autorización del director editorial y luego de verificar que estaba dentro de los criterios establecidos en el Código de Ética.

“Recíbelo y le llamas para agradecerle. Sirve que así volvemos a tender puentes”, me indicó. La alcaldesa, desinteresada, nunca respondió mis correos y menos tomó mis llamadas. De esto hay testigos en la Redacción.

Amigos:

Allí tienen todo el contexto de mi caso. Como les dije en un principio, lleguen a sus propias conclusiones. En los casi 21 años de servicio mi expediente estuvo limpio, sin nada de que avergonzarme, hasta ahora que se sacaron de la manga una “estrategia” barata que describe de pies a cabeza a quienes hoy tienen la responsabilidad de coordinar los esfuerzos, en este caso, del Diario.

Si acepté firmar mi renuncia no fue, como seguramente pudieran afirmar quienes operaron mi salida de la empresa, porque con ella reconociera una pregunta culpabilidad. Lo hice, primero porque se vencían fechas fatales para mi, para tomar vacaciones e inscribir a mis hijos en escuelas de Cancún y, segundo, la relación se había quebrado y de ninguna manera se podía restablecer, no con quienes hoy de manera soberbia toman las decisiones de acuerdo con las más diversas teorías que tratan de justificar con los más contradictorios argumentos.

Además, entablar una demanda laboral me hubiera obligado a permanecer más tiempo en Mérida y contratar un abogado que, finalmente, se habría llevado una buena parte de lo que obtuviera. Lo hice también para demostrar buena voluntad hacia una institución a la que le debo mi desarrollo profesional y de la que siempre viviré agradecido y defenderé.

El breve tiempo transcurrido desde mi separación de la empresa confirmaron mis sospechas de que iba a ser tratado como un trofeo de caza, que sería exhibido como “lección”, como muestra de lo que pudiera ocurrirle a quien cometiera alguna irregularidad a la luz del Código de Ética, cuya aplicación se hace a discrecionalidad. Es un Código de Ética que se aplica con las vísceras, que es tan suave o tan rígido dependiendo del ajusticiado.

Si se aplicara con la misma severidad en todos los casos, ninguno de quienes hoy son los ejecutores estaría en los puestos que hoy regentean a costa de Megamedia, que ha sido magnánimo con ellos, a pesar de su visión corta, a pesar de su pequeñez, a pesar de que solo se han dedicado a administrar la inercia del Ferrari que recibieron y que conducen con la velocidad de un paquidermo. Observaciones directas en ese sentido que le hice a Beto seguramente tuvieron que ver también con su decisión con respecto a mi permanencia en la empresa, porque adentro de Megamedia se vive la misma intolerancia que se critica hacia fuera. No se aceptan ideas diferentes. En mi caso, aprendí a que tenía que triangular con terceras personas mis propuestas, para que fueran tomadas en cuenta.

Más allá de cualquier argumento en mi contra, está el estilo de un gobierno interno chapeado, barnizado solamente con la tradición y el espíritu de Megamedia, pero que en el fondo está divorciado de éstos. Que la intolerancia, la cerrazón, el rechazo a la crítica, a la autocrítica es la divisa de quienes hoy toman las decisiones.

Caminan por la redacción con aires de perdonavidas que sólo la soberbia da, como si fueran íconos de la honestidad. Creen que sus andanzas aquí y allá están guardados en un baúl con siete candados. Su soberbia contrasta con la humildad de los dueños. Se olvidan de los favores que pidieron gestionar aprovechando su posición de jefes: boletos para el fútbol, descuentos en hoteles, gestiones ante instancias gubernamentales para agilizar trámites de interés para Megamedia, etc.

Hablan de periodismo valiente, cuando nunca vivieron en carne propia los riesgos, las peripecias, las necesidades de un reportero. Se atreven a dar clases de periodismo, cuando no han cubierto una conferencia de prensa en su vida y son incapaces de enviar por lo menos los boletines de los eventos a los que acuden en representación de la empresa. “Chequen qué hay en las agencias”, suelen decir. Son candil de la calle y oscuridad en su alma. Se erigen como jueces sin tener autoridad moral para ello. Piden que la gente rompa paradigmas, que cambie su mentalidad, que haga las cosas con la visión de los nuevos tiempos, pero ellos hacen todo como lo aprendieron hace 20 años. No aterrizan la teoría que aprenden en los cursos, no saben cómo. Los resultados de Megamedia, de la que ellos son responsables, es por los ejecutivos que no saben competir. No solo no saben competir hacia fuera, sino que no saben competir hacia adentro. Ustedes lo pueden corroborar: todos aquellos que pudieron representar competencia profesional para ellos, fueron bloqueados, marginados, incluso desterrados a otros departamentos.

Seguramente buscarán por todos los medios saber quién me informó de la forma como trataron mi caso ante todos ustedes. La información me la proporcionó Inconformidad, esa que han creado por su forma de actuar. Las filtraciones no son producto de la infidelidad de la gente hacia la empresa, es una rebeldía a las formas de aquellos ejecutivos que no han sido capaces de generar un liderazgo confiable, congruente.

Usan a los más desprotegidos para, como en mi caso, fundamentar falsas acusaciones. Quienes en esta ocasión sirvieron de fuente, que aportaron “información” que les pidieron por escrito, deben poner sus barbas a remojar, porque en cuanto la coyuntura política cambie, en cuanto sus amigos dejen de representar una promesa para los intereses de Megamedia, su suerte cambiará. De hecho, permanentemente han estado en el flechero. Las coyunturas han sido su salvación.

Internamente Megamedia sufre de un gran mal: la desconfianza que se respira en todos los rincones. Nadie confía en nadie y eso explica muchas cosas.

“No sabes quién te traicionará, pero seguro que uno lo hará. Por eso no confíes en nadie”, me comentó alguien de la Redacción en alguna ocasión. No le creí. Yo confié, confié en todos. Al final alguien me traicionó.

Con los atentos saludos de su amigo y compañero

Julio César Silva Cetina