sábado, 2 de noviembre de 2013

16:30:00
MÉXICO, 2 de noviembre.- Merlín tiene hoy aproximadamente tres años de edad. Actualmente vive en un hogar donde decidieron adoptarlo y recibe los cuidados necesarios; sin embargo, su historia tiene un pasado trágico: trataron de usarlo para actos de brujería.

Foto: JMRM / Archivo


Cuando fue rescatado no estaba herido pero sí tenía signos de maltrato, ya que colgaban de su pequeño cuerpo peludo listones color morado, de donde pendían fotografías de personas y estaba bañado en gasolina.

La persona que lo encontró lo llevó a un hospital veterinario, donde pidió que le aplicaran la eutanasia porque no podía hacerse cargo de él; lo recibieron envuelto en un suéter en condiciones deplorables. Ahí permaneció un tiempo, lo asearon y lo alimentaron hasta que se recuperó.

Merlín es un gato negro que, como muchos otros felinos de ese mismo color, son más vulnerables a ser utilizados para ritos o ceremonias oscuras en las fechas previas al Día de Muertos.

La advertencia de no darlos en adopción estos días es bien sabida por algunos refugios, que limitan en estas fechas la entrega de los felinos a quienes buscan llevar uno de ellos a su hogar.

“AVISO: Porque siempre los cuidamos… pero estos días mucho más. Tomar un mayor número de medidas precautorias nunca es poco con tal de cuidar su integridad, por lo que a partir de hoy y hasta nuevo aviso Gatos Pingos, A.C., suspende las adopciones de gatos blancos y negros, así como también la difusión de éstos. Por su comprensión, gracias”, notificó el 21 de octubre en redes sociales este grupo de rescatistas.

De acuerdo con Nelly Navarro, experta en festividades de la cultura anglosajona, a los gatos de color negro se les atribuye desde hace siglos la capacidad de “abrir puertas” y permitir la entrada a entidades negativas. También comenta que a lo largo de la historia, los gatos han estado rodeados de mitos que van en función del lugar y la época, otorgándoles habilidades y características que van desde la curación hasta la adivinación o, incluso, la capacidad de provocar daño a una persona.

“[Aquí en el país] es un hecho que está pasando. [Los rituales con gatos] se han venido haciendo desde hace mucho tiempo atrás. Que la gente se entere de esto con mayor frecuencia se puede atribuir a los medios de comunicación y a todo este desarrollo es la política de protección a los animales”, explicó.

En el Archivo General de la Nación hay un documento de la época virreinal que muestra por qué este tipo de creencias han estado tan arraigadas en la cultura occidental. Un acta de la Inquisición relata sobre un ritual realizado con la cabeza de un gato negro. Según el documento, fechado en 1628, Francisco López llegó a la ciudad de México donde fue comprado como esclavo por Jácome Besalle, quien lo mantuvo encerrado por un año en Texcoco.

Durante ese tiempo conoció a unos mulatos que le dijeron que para salir del encierro debía arrancarle la cabeza a un gato negro y ponerla en un agujero para llamar al diablo y solicitarle la libertad. Sin embargo, el temor no le permitió concluir el rito y fue descubierto por su amo, quien lo acusó ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, donde se redactó este documento, identificado en el AGN con el expediente 073 (Inquisición Caja 5633).

Aunque han transcurrido casi cuatro siglos desde que ocurrió este hecho, el maltrato hacia estos felinos continúa de diversas formas, manteniendo el estigma que han cargado a través del tiempo sin haber un sustento real sobre su conexión con la oscuridad.

El mercado de Sonora, en la ciudad de México, es uno de los sitios donde se ha dado rienda suelta —con la complacencia de autoridades delegacionales— al tráfico de animales con fines rituales. EL UNIVERSAL hizo un recorrido por este sitio y constató la venta clandestina de gatos. Aunque esto ocurre todos los días del año, los días previos al Día de Muertos el precio de los mininos, principalmente los negros y los blancos, se incrementa.

A principio de año, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) modificó el Código Penal local y tipificó como delito el maltrato animal, contemplando penas de dos a cuatros años de prisión y de 200 a 400 días de multa a quien intencionalmente mate a cualquier especie animal, y en caso de que usen métodos que provoquen un grave sufrimiento previo a su muerte, las sanciones se incrementan a una mitad.

Merlín no es como Óscar, pero sí tuvo la habilidad de escapar y salvarse, gracias a la intervención de organizaciones dedicadas a promover la protección y la adopción de gatos callejeros. (Francisco Nieto para El Universal)

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