viernes, 18 de octubre de 2013

23:33:00
Alfredo Jalife es un digno representante del fundamentalismo de Al Qaeda en México. Su odio patológico es un cáncer que afecta las relaciones que México podría tener con países expertos en petróleo que mucho podrían aportar a la tecnología, la ciencia y el contacto entre las culturas más antiguas del planeta, como han sido la persa y la maya que casualmente son algunas de las regiones con mayor producción de energéticos en el planeta.

Jalife Rahme es un odiador profesional, un antisemita tan ciego que no puede distinguir a judíos de izquierda y de derecha, a intelectuales de fanáticos. Su encono y su furia son tan perversos que representan un obstáculo para cualquier posibilidad de diálogo constructivo. No tiene idea de para qué sirve el periodismo, ni de la responsabilidad que implican las redes sociales.

Hace varios años tuve diferencias con Jalife por la forma tan ruin en la que se expresaba de una muerta, la intelectual Ikram Antaki, a quien entrevisté para la serie México en su Memoria. No era una mujer fácil. La encontré en su casa del Ajusco terriblemente aprensiva. Probablemente ya sabía de alguna enfermedad y casi nos golpea cuando al incorporarse el camarógrafo golpeó una lámpara.

Si Ikram tenía o no el grado de doctora, no es tan importante. Mucho aportó a la cultura cosmopolita que ha distinguido a México desde el primer tercio del siglo pasado cuando México empezó a recibir a libaneses, judíos, españoles republicanos y a muchos más que huían de la guerra en sus países de origen, como es seguramente el caso de Jalife Rahme o de sus ancestros.

En el Movimiento Regeneración Nacional, Jalife tuvo expresiones denigrantes contra Claudia Sheinbaum y su debate más sereno contra Jorge Castañeda concluyó en que sus hijos y nietos debían ser reducidos a jabón.

Entrevistarlo en mi carácter de corresponsal en México de la cadena internacional Hispan Tv, resultaba para mi éticamente inaceptable. Fue un golpe al orgullo de Jalife, quien buscó desquitarse.

Uno de mis más grandes orgullos ha sido la amistad con el exembajador Fauzi Jousif. Siempre que lo acompañaba me daba el trato de hermano. Ha dado la casualidad de que por el lado materno soy descendiente de una judía siria que no era en absoluto religiosa y que conocía más de la cultura árabe que de la de Abraham.

Mi padre fue un universitario mexicano, periodista masón, que me enseñó el respeto por los seres humanos, independientemente de su color de piel o religión. Ahora recuerdo que una de las personas que más aprecio y me aprecia es Wilner Metelus, un haitiano defensor de los afro-descendientes que me recordó que los héroes mexicanos que más aprecio son Vicente Guerrero y José María Morelos, ambos afro-descendientes que encarnaron los más altos niveles de la Independencia.

Por eso la amistad con Fauzi Yousif refrendó la convicción de la importancia de la Coordinadora de Solidaridad con Palestina en México, que demostraba que también había judío-descendientes contrarios a las perversiones en que ha caído el sionismo que ha pasado de la izquierda a la extrema derecha.

Pero resulta que Alfredo Jalife ha realizado una campaña de difamación y calumnias en mi contra. Se ha aliado con otro fundamentalista y a pesar de que algunos de mis reportes para Hispan Tv han alcanzado cientos de miles de descargas y se han convertido en los más vistos entre más de 50 corresponsales en el planeta, ha sembrado la sombra de la duda y me ha calumniado sin pruebas.

                                                                                                                 Ramsés García Ancira Saba

                                                                                                                     ramsesancira@hotmail.com

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