miércoles, 18 de septiembre de 2013

21:20:00
BERLÍN, 18 de septiembre.- Alemania llora hoy la muerte de su más prestigioso, polémico y temible crítico literario, Marcel Reich-Ranicki, cuyo criterio ha sido determinante y ha dirigido de hecho la literatura alemana del siglo XX.

Ningún otro crítico ha marcado tanto la escena literaria de Alemania como él y no existe ningún fenómeno comparable a su influencia en toda Europa. A sus 93 años, el Papa de la literatura alemana seguía fumando Malboro Mentol y seguía consagrando autores o hundiendo libros en el país europeo de mayor tradición editorial.

Reich-Ranicki, procedente de una familia polaco-alemana, creció como judío en Berlín y sobrevivió al gueto de Varsovia. En 1958 regresó a Alemania y en marzo de 2013 hizo público, desde su residencia de Fráncfort, que padecía un cáncer. (DPA)

La vida de Reich-Ranicki, que tanto le aburría repasar, encaja en el argumento de la gran novela de la historia centroeuropea. Nació en Włocławek, Polonia. Fue el tercer hijo de una madre alemana y un padre polaco y quedó en medio de los frentes de la II Guerra Mundial. Le fue prohibido iniciar estudios universitarios debido a su origen judío, así que sus conocimientos básicos de las letras proceden del bachillerato que estudió en Berlín hasta que, en 1938, fue detenido y expulsado a Polonia.


Es uno de los pocos judíos que consiguió huir del gueto de Varsovia y permaneció escondido, huyendo de los nazis, durante más de un año. En 1958 se estableció de vuelta en Alemania y todas sus ocupaciones profesionales terminaron confluyendo en su pasión por la literatura.

A partir de 1960, trabajó durante 13 años para el semanario 'Die Zeit', editado en Hamburgo. Luego asumió la jefatura de la redacción de literatura del diario 'Frankfurter Allgemeine Zeitung'. Su estilo incisivo y su franqueza en la crítica hicieron que pronto fuera conocido por un amplio público y reconocido como una autoridad en la escena literaria alemana. Sus juicios, emitidos en 'Das Literarische Quartet' (El Cuarteto literario), programa televisivo semanal que dirigió hasta 2001 y durante 14 años, sentenciaban el futuro de escritores y publicaciones con criterio incorruptible. Una sola referencia positiva al libro de Javier Marías, 'Corazón tan blanco', por ejemplo, lo convirtió durante décadas en un autor top-ventas en el enorme mercado alemán.

"La primera obligación del crítico es la sinceridad", repitió en mil ocasiones, y esa sinceridad le llevó a inevitables enfrentamientos con autores que los lectores alemanes han seguido con pasión. Ese fue el caso, por ejemplo, con Joachim Fest, el que fuera su amigo y compañero de armas durante muchos años en el Frankfurter Allgemeine Zeitung y al que se enfrentó por desavenencias en la evaluación del periodo nazi y opiniones encontradas sobre la figura de Albert Speer, el arquitecto y ministro de armamento de Hitler. Tiempo después se reconciliaron: "puedo llegar a ser malvado, pero soy incapaz de odiar a Fest", dijo Ranicki.

Por su compromiso con la docencia, fue distinguido con doctorados honoríficos y, en 1997, creó el Premio Ingeborg Bachmann. Él mismo ha sido distinguido con los más importantes premios literarios alemanes, como el Goethe y el Premio Thomas Mann. En 'El canon. La literatura alemana' presentó una selección de obras de varios siglos que en su opinión merecen particular atención y que ha llevado a muchos a considerarlo la encarnación de la cultura alemana. En su obra 'Mi vida', escribió: "Si tuviera que resumir con dos nombres lo que entiendo por 'alemanidad' en nuestro siglo, respondería sin dudar: desde mi punto de vista, Alemania se resume en Adolf Hitler y Thomas Mann". (El Mundo)

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