sábado, 25 de mayo de 2013

14:35:00
BARCELONA, España, 24 de mayo.- Arrancó el Primavera Sound 2013 y en sus primeras horas de vida el festival vibró y se balanceó, se revolcó en charcos de distorsión y tiritó con el frío que se colaba por los huesos en los escenarios más próximos al mar. Incluso se dio el primer baño de masas con riadas de gente deambulando de aquí para allá, de escenario en escenario y acorde tras acorde, pero tuvo que venir Phoenix para que el festival, todos a una, se arrancase a bailar con el bullicioso jolgorio de los franceses.




Daba gusto ver un espacio tan gigantesco como el que ocupa el escenario Heineken, nuevo enclave principal de la cita, convertido en un superpoblado mar de brazos en alto y caderas en proceso de dislocación. Y es que los Thomas Marr, convertidos en nuevas superestrellas del indie, se ajustaron perfectamente a su condición de cabezas de cartel y empezaron imparables, encadenando «Entertainment», «Long Distance Call» y «Lizstomania» y abriendo de par en par un barra libre de pop gomoso, funk sintetizado y ritmos adictivos estrujados por un batería con pinta de descendiente directo de Conan el Bárbaro.

Llegaron y vencieron, sí, aunque tras veinte minutos impecables empezaron a ensimismarse y perder el hilo de lo que se las prometía como una gran noche. Menos mal que «Don’t», «Fences» y «1901» enderezaron de nuevo el rumbo y el público, feliz, pudo seguir celebrando el entusiasmo de una banda que antes de despedirse acabó haciendo tándem con J Mascis (Dinosaur Jr) sobre el escenario.


Un cameo que venía a cerrar el círculo que habían abierto horas antes los propios Dinosaur Jr. desatando en el escenario Primavera una tormenta eléctrica. Rayos, centellas, «Freak Scene» y el «Just Like Heaven» de The Cure para darle un buen meneo al festival y abrir una brecha furiosa y ruidista en la que más tarde ahondarían Fucked Up –o como dejar en pañales a cualquier grupo de rock sirviendo hardcore a machetazos-, el ex Hüsker Dü Bob Mould, regalando en el escenario ATP una magistral lección de veteranía y de manejo de la distorsión como afilada arma de precisión, e incluso unos ariscos Death Grips disparando metralla rítmica sin piedad y firmando la actuación más salvaje, oscura y descarnada de la noche.

Mucho más amable y apacible fue el regreso de The Postal Service, exitosa colaboración entre Ben Gibbard (Death Cab For Cutie) y Jimmy Tamborello (Dntel) plasmada en el encantador «Give Up» que se vio anoche reeditada en formato deluxe. Esto es: escenario principal en horario de máxima audiencia, público a paletadas y un formato de superproducción para reproducir en directo una de las cumbres del pop electrónico intimista y microscópico. Una curiosa paradoja que, sin embargo, no restó impacto ni belleza a piezas como «We Will Become Silohuettes» –a dúo con Jenny Lewis-, «The District Sleeps Alone Tonight» y, faltaría más, una «Such Great Heights» que desató la euforia general. Un bonito masaje a la nostalgia algo emborronado por los constantes brincos de un Gibbard demasiado agitado.

Para cuando The Postal Service habían salido a escena, ya había quedado claro una vez más que el Primavera Sound es, cada vez más, un festival inabarcable en el que cada elección convierte el arte del descarte en un ejercicio de cirugía emocional. ¿Tame Impala o Manel? ¿The Postal Service o Deerhunter? Y así podríamos seguir hasta haber completado dos o tres vueltas a un recinto que incorpora este año una gigantesca rueda de la fortuna y ofrece la posibilidad de circular entre los dos escenarios principales en coche. Una maniobra publicitaria cortesía de uno de los patrocinadores que, tras un par de excursiones entre los escenarios Heineken y Primavera, empieza a convertirse en una idea inmejorable.

El caso es que, sin coche y piernas mediante, en la siguiente parada esperaban Grizzly Bear, primos hermanos cada vez más lejanos de unos Animal Collective que se encargaron de cerrar la noche y que abarrotaron la explanada del Fòrum con sus melodías oníricas y ensoñadas. A caballo entre ese folk moteado de una experimentación cada vez más disimulada y el pop de trazo tenso de «Two Weeks», los de Brooklyn encandilaron, aunque viéndoles desenredar la madeja de «Shields» y «Veckatimest» daba la sensación que hubiesen encajado mejor a una hora más temprana.

Puntos calientes

Antes de eso, la actuación de los catalanes Manel y el estreno de su tercer disco, «Atletes baixin de l’escenari», ya se había convertido en uno de los puntos calientes del arranque del Primavera Sound. Primera actuación, estreno de disco y, como era de esperar, ni rastro de ukeleles. Adiós al folk-pop y puertas abiertas a un sonido más crudo y terso del que se beneficiaron especialmente nuevas composiciones como «Vés, Bruixot!», «Teresa Rampell» y «A veure què fem» y la espléndida «Mort d'un heroi romàntic».

Tensión eléctrica, melancolía quebradiza y guitarras dominando la escena. Tampoco es que se hayan transformado de golpe en Sonic Youth, pero seguro que a los nostálgicos de «Els millors professors europeus» les costó reconocer a los Manel del pasado en esta otra banda más corpulenta y seria que pasó casi de puntillas por todo su cancionero anterior –solo cayeron «Boomerang», «Al mar» y «Benvolgut», todas en versión musculosa– para centrarse en su nuevo trabajo. Una manera inmejorable de descorchar un festival que poco antes había empezado a tomar velocidad de crucero con el punk nervioso de Savages, el apacible pop algodonado de Poolside, complemento perfecto para las vistas de escenario Ray-Ban, y el hechizo de Neko Case.(ABC)